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Noticias)
05-Abril-09
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Berlín: Manifestantes alemanes asisten al "funeral" y al "entierro" del capitalismo.
(Foto AP) |
El grave problema radica en el dolarcentrismo al que se ha aferrado la dupla
anglosajona como su último círculo de defensa para mantener su hegemonía
global. Asistimos a la gran paradoja del dólar: una divisa prácticamente sin
valor, pero todavía muy funcional, cuando las otras divisas del BRIC y de
las regiones de las economías emergentes (Sudamérica, las potencias
petroleras del Golfo Pérsico y el sudeste asiático) no son competitivas ni
cuentan con divisas sustituibles hasta ahora.
Por Alfredo Jalife-Rahme - La Jornada, México
Desde la City, capital del país que inventó e implementó hasta sus últimas
consecuencias letales el neoliberalismo financiero global, Martin Wolf,
otrora fanático de la globalización y editor de economía de The Financial
Times, el periódico portavoz del depredador modelo desacreditado y
desacralizado, formula las exequias del paradigma que gobernó insensatamente
al mundo durante tres décadas (en realidad, fue desde 1991, fecha del
colapso de la URSS que dio pie al unilateralismo financiero global de la
dupla anglosajona).
Wolf (The Financial Times, 8/3/09), apologista inveterado del neoliberalismo
global (publicó un libro ¿Por qué funciona la globalización?, Yale
University Press, 2004) justamente cuando el modelo había derrapado, comenta
"las semillas de su propia destrucción" del neoliberalismo: "otro dios
ideológico ha sucumbido".
A nuestro juicio, el problema radica en ubicar correctamente la fecha de las
exequias del cadáver del modelo neoliberal, que pudieron haber sido en 1997
(quiebra de LTCM); en 2000 (ascenso al poder del bushismo unilateral); en
2001 (montaje hollywoodense del 11/9); marzo de 2004 (cuando British
Petroleum delató que los ejércitos de la dupla anglosajona no podían
controlar los pletóricos yacimientos de hidrocarburos de Irak), o el 15 de
septiembre de 2008 ("quiebra" de Lehman Brothers).
Qué más da: en el lapso de los recientes 12 años, el modelo neoliberal
global clínicamente estaba muerto, realidad lúgubre que se negaban a
admitir, pese a su putrefacción universal, los financieros forenses de la
City y Wall Street.
Wolf ejerce la función del anatomista patólogo que busca descubrir las
causales de la defunción del pestilente cadáver.
Se pudiera alegar que con un lapso entre un mínimo de seis años y un máximo
de 17, el capitalismo neoliberal sucumbió detrás del "socialismo
revolucionario", como le llama Wolf.
Qué no habremos visto durante un siglo con la muerte de cuatro ideologías,
para no decir teologías, totalitarias: el fascismo, el nazismo, el comunismo
y ahora el neoliberalismo global. Definitivamente los humanos (de)pendemos
de un hilo muy frágil para sobrevivir en medio de los totalitarismos
teológicos de la historia.
Wolf asienta que "los supuestos que gobernaron las políticas durante más de
tres décadas, súbitamente (sic) están caducas, como el socialismo
revolucionario" cuando "los gobiernos inyectan millones de millones de
dólares, euros y libras para intentar rescatar sus sistemas financieros". ¿Y
qué tal si regresa el "socialismo revolucionario"?
Con un retraso de casi tres décadas, Wolf se va a la yugular de Alan
Greenspan, el culpable favorito, que ha sido colocado en la picota universal
por haber propiciado y/o tolerado la mayor crisis financiera de la
humanidad: “alumno de Ayn Rand (nota: la teóloga esotérica del
individualismo misántropo) y principal banquero central de la época, quien
confesó en su testimonio ante el Congreso, el pasado octubre, encontrarse en
"estado de choque e incredulidad" debido al fracaso del autointerés (sic) de
las instituciones de crédito por proteger el capital de los accionistas”.
Repite lo archisabido sobre el inicio del modelo neoliberal global con el
ascenso al poder de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en
Estados Unidos (EU), en medio de "cambios" en China e India que se voltearon
más hacia el "mercado", lo que en su conjunto marcaba "la muerte de la
planeación central", que llegó a su paroxismo con la caída del comunismo
soviético "entre 1989 y 1991". Esto es muy discutible, ya que China e India,
más que desregularse al estilo sicótico anglosajón, se orientaron a
"economías reguladas de libre mercado" (al estilo del añejo "PRI
revolucionario", anterior al desviacionismo neoliberal que se inició con De
la Madrid Hurtado y que prosiguieron Salinas y Zedillo: los tres
criptopanistas).
Asevera que "el impacto de la crisis será particularmente severo en los
países emergentes" y acepta que en medio de "una inmensa (sic) crisis
financiera global y del desplome sincronizado en la actividad económica, el
mundo está cambiando de nuevo". Si, como aduce, "el sistema financiero es el
cerebro de la economía de mercado", entonces, el capitalismo anglosajón se
encuentra totalmente descerebrado.
Confiesa su deriva mental: "es imposible (¡supersic!) en este punto de
inflexión saber adónde vamos". No se percata de que el mundo va que vuela a
la desglobalización, a la regionalización nacionalista y al
neoproteccionismo patriótico, como sostuvimos en nuestros libros
premonitorios (El fin de una era. Turbulencias en la globalización,
Editorial del Zorzal, Buenos Aires, 2007, y Hacia la desglobalización,
Editorial Jorale, 2007) con antelación al estallido del tsunami financiero
global.
Arguye que "la combinación del colapso (sic) financiero con una inmensa
(sic) recesión, si no ocurre algo peor (léase: la gran depresión),
seguramente (sic) cambiará al mundo. La legitimidad (sic) del mercado será
debilitada. La credibilidad (sic) de EU será dañada. La autoridad de China
aumentará. La misma globalización puede irse a pique. Éstos son los tiempos
de la revuelta". ¡Ah, caray!
Contempla la probabilidad de la "desglobalización" y una mayor regulación, y
confiesa, muy a destiempo, que "la era de la liberalización contenía las
semillas de su propia destrucción" para emprender su análisis forense que
venimos asentando desde hace más de 10 años en el libro agotado El lado
oscuro de la globalización: post-globalización y balcanización, Editorial
Cadmo & Europa, 2000.
Wolf argumenta que "el mundo de las pasadas tres décadas de liberalización
financiera ha concluido", pero que, "a diferencia de la década de los
treinta, no existe una alternativa creíble a la economía de mercado". Aquí
discrepamos del fracasado teólogo del neoliberalismo global: en la
geopolítica se generó un empate técnico entre EU y Rusia, mientras en el
ámbito geoeconómico el BRIC (Brasil, Rusia, India y China) va en ascenso, en
detrimento del G-7.
El grave problema radica en el dolarcentrismo al que se ha aferrado la dupla
anglosajona como su último círculo de defensa para mantener su hegemonía
global. Asistimos a la gran paradoja del dólar: una divisa prácticamente sin
valor, pero todavía muy funcional, cuando las otras divisas del BRIC y de
las regiones de las economías emergentes (Sudamérica, las potencias
petroleras del Golfo Pérsico y el sudeste asiático) no son competitivas ni
cuentan con divisas sustituibles hasta ahora.
Más aún: en su reciente boletín, GEAB (número 33) de LEAP/Europe 2020,
expone persuasivamente la guerra de divisas que se escenifica en el marco de
la cumbre del G-20 de Londres, cuando el eje anglosajón le ha declarado la
guerra al euro.
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