l Fondo Monetario Internacional era considerado como una institución
irrelevante hace apenas seis meses, una sala de emergencia sin pacientes.
Ahora, mientras la crisis global ataca a un país después de otro, no puede
atender a todos los pacientes. El FMI ha prestado unos US$50.000 millones para
detener la hemorragia en algunos países, pero los enfermos se acumulan en la
sala de espera.
La cumbre de líderes del Grupo de los 20 países industrializados y en
desarrollo —entres los que figuran Argentina, Brasil y México— se apresta a
elevar de categoría al FMI, al prometer una inyección de US$250.000 millones y
pedirle que emita "advertencias tempranas" sobre países en riesgo. "Todo el
mundo ve la necesidad de un FMI rejuvenecido", dice el ministro egipcio de
Finanzas Youssef Boutros-Ghali, quien lidera un grupo regulatorio que supervisa
al FMI.
La entidad, integrada por 185 miembros, estuvo por última vez en el centro de
la atención hace una década, cuando diseñó paquetes de miles de millones de
dólares para paliar los efectos de la crisis asiática. El Fondo insistió en
exigir severos cambios en la política económica doméstica a cambio de los
préstamos, provocando un profundo resentimiento y, en algunos casos, disturbios
sangrientos. De todos modos, las economías que recibieron los fondos se
recuperaron bastante rápido. La receta del FMI —reducir el gasto fiscal,
devaluar las monedas, sanear las instituciones financieras y abrir los mercados—
ayudó a muchos países a exportar más a EE.UU. y Europa.
La estrategia, no obstante, no funcionará hoy porque los países ricos están
reduciendo sus importaciones. En cambio, el FMI está exhortando a los países
ricos a aumentar el gasto fiscal para estimular el crecimiento, manteniendo al
mismo tiempo a flote a los países más débiles hasta que se extienda la
recuperación.
En un giro radical, el FMI ya no le está exigiendo a los países deudores que
reformen sus economías. "En la mayoría de los casos, lo que ahora le interesa al
FMI no es realizar cambios fundamentales de política" en los países
prestatarios, dice Marek Belka, ex primer ministro polaco que es ahora el
principal representante del FMI para Europa. "Es ayudar a los países [más
débiles] a cruzar el río".
La reinvención del FMI, que ocurrió en gran medida a puertas cerradas, empezó
durante la expansión global de mediados de la década, cuando Brasil, Argentina,
Rusia y otros países pagaron los préstamos del FMI antes de tiempo y pocos
países solicitaron nuevos créditos.
Los economistas de la institución empezaron a prepararse para lo que
consideraron la inevitable próxima crisis. A partir de 2007, los veteranos de la
crisis asiática se reunieron en pequeños grupos para producir estudios sobre
cómo crear un sistema de seguro de depósitos, cómo cerrar bancos y lidiar con
otros asuntos financieros.
La reinvención retomó impulso con la llegada del director gerente Dominique
Strauss-Kahn, a fines de 2007. El ex ministro francés de Finanzas de 59 años se
hizo cargo de una institución encaminada a registrar grandes pérdidas porque
pocos países estaban pidiendo préstamos y que tenía ordenes de los países
miembros de reducir sus gastos. En el segundo trimestre de 2008, Strauss-Kahn
realizó la ronda de despidos más importante desde la fundación del FMI en 1945.
En la cumbre económica de Davos, Suiza, en enero de 2008, Strauss-Kahn instó
a los países a aumentar el gasto para combatir una probable recesión. Se trataba
de algo tan alejado de la ortodoxia del FMI que Lawrence Summers, el actual
asesor económico del presidente Barack Obama, lo llamó "un evento levemente
histórico".
Los comentarios asustaron a algunos economistas de la entidad, que trataron
de persuadir a Strauss-Khan a no seguir adelante con la idea. El director
gerente no les hizo caso y a fines de 2008 dijo que los países que pudieran
permitírselo deberían gastar al menos 2% de su PIB —más de US$1 billón (millón
de millones) globalmente.
Los economistas del FMI reconocen que la cifra de 2% era tanto política como
económica: 1% parecía demasiado poco y 3% podría ahuyentar a los mercados.
"¿Cómo se convence a los gobiernos de que hagan algo?", preguntó un alto
funcionario del FMI. "Uno quiere asustarlos, pero no mucho".
En la Casa Blanca, la cifra dada a conocer por el FMI "reforzó" la convicción
acerca de la necesidad de lanzar un paquete de estímulo fiscal a gran escala,
dijo un alto funcionario del gobierno de Barack Obama. Alemania, Francia y otros
países se resistieron. En total, los países del G-20 han aprobado paquetes por
cerca de 1,8% de sus PIB combinados este año, estima el FMI.
Los funcionarios del FMI señalan que ya no quieren ser sindicados como los
grandes culpables. El Fondo, por ejemplo, empezó a ofrecer líneas de créditos
sin condiciones para economías que considera sólidas, pero que podrían entrar en
recesión, como Brasil, México y Corea del Sur. Cuando Corea del Sur rechazó la
oferta del Fondo, un funcionario del Ministerio de Finanzas, Lee Hyoung-ryoul,
lo explicó con claridad meridiana: "Los surcoreanos tiemblan y los mercados
financieros se vuelven muy sensibles cuando escuchan la palabra FMI".
El FMI también ha redoblado sus esfuerzos para atraer a China. Beijing
informó recientemente que le facilitará dinero al Fondo aunque no ha
especificado el monto. Eso requerirá una ronda de duras negociaciones para que
los países europeos más pequeños disminuyan su participación para aumentar la de
China. En la actualidad, la participación de China en el Fondo es equivalente a
la de Holanda y Bélgica combinados, aunque China es tres veces mayor que los dos
países europeos combinados.
¿Criticará el FMI el manejo chino de su moneda? "Es mejor no apuntar con el
dedo a los países"... señala Olivier Blanchard, economista jefe del FMI.
"Eso ha sido contraproducente".