a postura de EE.UU. contrasta con la de Francia, Alemania y otros países
europeos, que quieren que la cumbre del G-20, que se realizará en Londres el 2
de abril, se centre en la reforma regulatoria. Estos países creen que la falta
de regulación fue una causa primordial de la crisis financiera y están
especialmente interesados en endurecer las normas que gobiernan a los fondos de
cobertura y las firmas de capital privado. La semana pasada, el Fondo Monetario
Internacional (FMI) recomendó que los mayores fondos de cobertura y de capital
privado estén sujetos a una regulación equivalente a la de los bancos.
Todas las partes involucradas buscan impedir que un quiebre en la cumbre
derrumbe los mercados. Las diferencias podrían resolverse durante una reunión de
los ministros de Finanzas del G-20 que tendrá lugar el próximo fin de semana en
Londres o durante los encuentros que el presidente Barack Obama sostendrá en las
siguientes semanas con una serie de líderes globales y ministros de Finanzas.
EE.UU., que podría contar con el apoyo de otros países que han lanzando
grandes paquetes de estímulo, como China, sostiene que el gasto fiscal adicional
es necesario para reducir la magnitud y duración de la crisis. Además, señala
que el G-20 no está listo para implementar nuevas regulaciones, por lo que
concentrarse en esa área sería contraproducente.
El gobierno de Obama, por ejemplo, no ha completado su plan de revisión
regulatoria que, en última instancia, debe ser aprobado por el Congreso. Otros
miembros del G-20, que incluye las economías desarrolladas del Grupo de los 7
(G-7) y países en desarrollo como India, China, Brasil y Sudáfrica, también
necesitan meses para poner en marcha las nuevas regulaciones.
"Si tomamos en cuenta el estado de la economía global, es importante que
todos los países emprendan iniciativas osadas y ambiciosas en forma individual y
colectiva para restaurar el crecimiento", indicó un alto funcionario de la Casa
Blanca. Añadió que la aprobación del plan de estímulo de US$797.000 millones
demuestra que el gobierno de Obama "está haciendo su parte" e insinuó que EE.UU.
buscará que el G-20 realice gestos importantes en favor del libre comercio, en
especial para proteger a los países menos desarrollados.
El énfasis en el estímulo fiscal propuesto por EE.UU. resalta las diferencias
con Alemania, que en los últimos años ha hecho un gran esfuerzo para equilibrar
su presupuesto. En enero, Alemania aprobó un paquete de estímulo de 50.000
millones de euros (US$63.295 millones), pero la canciller Angela Merkel es
reticente a incurrir en una gran deuda pública para solucionar una crisis global
que, en su opinión, fue causada por la conducta irresponsable del sector privado
y de los gobiernos.
Alemania también quiere tratar de limitar el endeudamiento fiscal en la Unión
Europea (UE) y está preocupada de que los países con las finanzas más débiles de
la UE estén acumulando niveles insostenibles de deuda y que tendrán que ser
rescatados.
"La canciller opina que es muy importante que en la reunión del 2 de abril en
Londres, el tema de la regulación futura y supervisión de los mercados
financieros debiera jugar un papel primordial", dijo Thomas Steg, vocero de la
canciller. Agregó que el plan de estímulo fiscal alemán "es considerable" y que
"una expansión de estímulo fiscal de Alemania no está en los planes".
La tensión entre las posturas de EE.UU. y Europa quedó en evidencia durante
la conferencia de prensa ofrecida la semana pasada en Washington por Obama y el
primer ministro británico, Gordon Brown. Mientras Brown subrayó la necesidad de
que el G-20 "establezca los principios para el sistema bancario del futuro",
Obama enfatizó la necesidad de que los países del G-20 "estén estimulando sus
economías de una manera coordinada".
El FMI estima que en 2008 y 2009,
los planes de estímulo y otros aumentos del gasto generarán un crecimiento en
China, India y el G-7-- EE.UU., Gran Bretaña,
Canadá, Italia, Alemania, Japón y
Francia-- superior en dos puntos porcentuales
al que se habría registrado sin los paquetes de estímulo.
Por su parte, el Banco Mundial divulgó ayer las últimas cifras acerca de la
gravedad de la crisis global. El Producto Interno Bruto global caerá este año
por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, estimó la entidad. El comercio
mundial se contraerá a su mayor ritmo desde la Gran Depresión de los años 30.
Los países en desarrollo, que encaran una reducción en el crecimiento, el
comercio, las remesas y la inversión extranjera, podrían tener que hacer frente
a una brecha de financiamiento de entre US$270.000 millones y US$700.000
millones, dependiendo de la severidad de la crisis, estimó el Banco Mundial.