espués de la burbuja puntocom, sin embargo, los mercados ya no parecían un
oráculo eficiente. Hoy en día, la enorme volatilidad de las acciones complica
aún más los pronósticos. En los años 90, el Promedio Industrial Dow Jones subió
o cayó 2% o más en más de 91 jornadas bursátiles. Sólo el año pasado, hubo 80
oscilaciones de este nivel.
No obstante, en medio de la peor crisis económica en por lo menos una
generación, una recuperación de las bolsas sería un señal especialmente
positiva.
Más que un indicador de las expectativas de los inversionistas, las bolsas
son un termómetro de la confianza. En una época en que la desconfianza es uno de
los principales problemas que afectan la economía y cuando, tanto individuos
como empresas, están tan inseguros sobre su futuro que reducen sus gastos, un
mercado bursátil en alza sería una señal importante de un cambio en la marea.
Además, un impulso en las bolsas puede, a su vez, ayudar a elevar la confianza
general.
La visión tradicional de las acciones como un indicador del camino que tomará
la economía se basa en la idea de que los inversionistas son implacables a la
hora de medir la rentabilidad de las empresas. "En la medida en que la
rentabilidad de una empresa hable de la economía, las bolsas pueden servir como
un indicador", dice el economista Frederic Mishkin, de la Escuela de Negocios de
la Universidad de Columbia.
Durante casi todos los 11 ciclos de desaceleración que EE.UU. atravesó desde
la Segunda Guerra Mundial, el Dow alcanzó récords bajos para luego empezar a
subir seis meses antes de que la economía diera señales de recuperación (la gran
excepción fue la recesión de 2001, cuando un mercado bursátil destrozado por
escándalos sólo alcanzó su nivel más bajo un año después que la economía
empezara a recuperarse). Los inversionistas suelen correr hacia las acciones
antes de una recuperación económica porque cuando las bolsas suben al fin de una
recesión, las ganancias son significativas.
Naturalmente, muchos inversionistas ahora están simplemente ansiosos. Después
de alcanzar un récord en octubre de 2007, el Dow cayó ayer a 6.763,29, su nivel
más bajo desde abril de 1997. El valor de las acciones ya no parece reflejar la
rentabilidad de largo plazo de las empresas, sino "la actitud de los
inversionistas sobre el riesgo y la incertidumbre, que en estos momentos alcanza
niveles altos", señaló la semana pasada el presidente de la Reserva Federal de
EE.UU., Ben Bernanke, al Congreso.
Gran parte de esa incertidumbre tiene que ver con los bancos. Los
inversionistas aún no saben a ciencia cierta qué bancos fracasarán o pasarán a
manos del gobierno o de sus acreedores, y cualquiera de esas alternativas será
devastadora para los accionistas. Como resultado, los títulos de los bancos ya
no reflejan las expectativas de los inversionistas respecto a futuras ganancias,
sino sus apuestas sobre si determinado banco sobrevivirá o no. Por esa razón,
las acciones del sector bancario han fluctuado agresivamente, a medida que los
inversionistas batallan para adivinar qué hará el gobierno para ayudar a la
industria y si esas medidas funcionarán o no. Debido a que las firmas
financieras están en el corazón de la crisis de crédito, cuando se estremecen,
el resto de los mercados reacciona acorde.
Ya que las acciones del gobierno son centrales para la recuperación
económica, un apoyo del mercado bursátil podría ser una buena señal. Una
recuperación de las acciones también podría impulsar la confianza.
"Si ve que la bolsa sube, tendrá más fe en la recuperación", dice Ethan
Harris, economista de Barclays Capital.
Por otro lado, si se registran más caídas, la economía puede correr un riesgo
mayor. El colapso bursátil que empezó en octubre de 1929 y el subsiguiente
descenso en el gasto del consumidor, ahondó la Gran Depresión, sugiere Christina
Romer, jefa del Consejo de Asesores Económicos del Presidente Barack Obama.
Incluso para las familias que no tienen dinero en acciones, las bolsas
importan. En un ensayo de 1999, Maria Ward Otto, economista de la Fed, encontró
que cambios en los precios de las acciones afectaron la confianza de hogares
encuestados por la Universidad de Michigan. Su conclusión: la gente usa el
mercado bursátil como un indicador de qué pasará con sus sueldos.