(IAR
Noticias)
03-Marzo-09
Previo a la crisis, el Citi era el banco más grande de EE.UU. y aun del
mundo, escoltado -al vaivén de la cambiante valoración bursátil de estos dos
últimos años- por el británico HSBC, el estadounidense Of America o el chino
Industrial & Commercial Bank (ICBC).
Por Néstor Restivo -
Clarín
E n su país fue un gigante desde que nació como Citi Bank en 1812, presidido por
el coronel Samuel Osgood, compañero de George Washington en la Revolución, y más
todavía desde hace 11 años, cuando su grupo de control, Citicorp, se fusionó con
el holding Travelers para dar nacimiento al nuevo Citigroup.
Según datos del propio banco, maneja 200 millones de cuentas de clientes en todo
el mundo y tiene presencia en más de 100 países, entre ellos Argentina. Su
cuartel central siempre estuvo en Nueva York, por eso es tan newyorker que hasta
su slogan evoca a la Gran Manzana: el banco que "nunca duerme". Pero quizá la
falta de sueño le jugó en contra, pues estos años se vio envuelto en varios
problemas financieros y legales. Y la crisis global en curso agravó las cosas.
El domingo, Clarín reprodujo una imagen contundente sobre la desvalorización de
grandes bancos por esta crisis -de la que todos ellos fueron responsables
connotados- y la del Citi era impactante. En dos años su valor cayó de US$ 255 a
19 mil millones, piso que esta semana siguió hundiéndose (La imagen de las
burbujas reventadas la realizó otro banco, el JP.Morgan-Chase, que hace el
índice EMBI más famoso como de "riesgo-país", cuyos empleados son los que están
en riesgo de veras: el jueves 12.000 quedaron en la calle).
Como otros grandes bancos, el Citi se comprometió con operaciones desreguladas
en bonos hipotecarios y el pinchazo del boom especulador en bienes raíces le
provocó pérdidas colosales: en sus libros hay incobrables por US$ 300 mil
millones, casi el valor de toda la economía argentina. Ahora entra en él el
Estado para sostener la estantería y responder ante los clientes que buscan
recuperar su dinero.
En los '90, su punto oscuro fue el lavado de dinero y la liviandad del banco
para supervisar a algunos de sus grandes inversores. El propio Senado de EE.UU.
realizó una célebre investigación que derivó en el cambio de directorio. Quedó
al frente Charles Prince, a quien al final de 2007, en la primera etapa de la
crisis de las hipotecas, sucedió Vikram Pandit.
En el directorio, hasta que el Estado asuma la mayoría, siguen siendo
principales accionistas el príncipe saudita Al-Waleed bin Talal y el gobierno de
Singapur.
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