on la derrota de Alemania, al costo de
decenas de millones de muertos y mutilados, principalmente de la Unión
Soviética, el mundo comprendió la necesidad de establecer un orden y una
autoridad para evitar que esos hechos se repitieran. Se creó la Organización de
Naciones Unidas, con su Consejo de Seguridad y se han instrumentado leyes
internacionales que deben ser respetadas.
¿Quién no ha oído hablar del Derecho
Internacional, del Derecho Internacional Humanitario o del Tribunal
Internacional de La Haya?
Sin embargo, ni las resoluciones de la
Asamblea General de la ONU son de obligatorio cumplimiento ni las de su
Consejo de Seguridad, cuando son aprobadas (a pesar del veto de los poderosos)
son cumplidas por los agresores.
Ejemplos no faltan. Los Estados Unidos han
invadido a decenas de países, masacrado a poblaciones enteras (como en Viet Nam
o en Iraq) utilizado armas prohibidas, por lo que debieran haber sido juzgados;
sin embargo, no ha pasado nada.
Le han mentido al mundo para justificar sus
crímenes; pero cuando las falsedades se descubren, nada sucede.
En 1967, Israel, estrecho aliado de Estados
Unidos y al que le suministró armas nucleares sin que nadie protestara, invadió
territorios árabes, entre ellos Palestina.
Desde entonces, Israel mantiene ocupados los
territorios palestinos de Cisjordania y Gaza, donde lleva a cabo una guerra de
exterminio contra la población.
Las resoluciones del Consejo de Seguridad son
ignoradas por los sionistas y no se aplica el Derecho Internacional. Nadie ha
sido llevado al Tribunal de La Haya ni por la masacre de varios millones de
vietnamitas, los que aún sufren las consecuencias de las radiaciones de las
armas prohibidas; ni por la de un millón de iraquíes y la destrucción de ese
país.
Tampoco por el holocausto de Palestina, donde
más de una vez han sido asesinados impunemente, y en la actualidad se bombardean
criminalmente las poblaciones indefensas, donde se contabilizan ya casi mil
muertos y varios miles de heridos, principalmente mujeres, niños y ancianos.
Como agravante, los soldados ocupantes no permiten a los civiles desplazarse
hacia otros territorios donde puedan protegerse de los bombardeos, obstaculizan
el tránsito de las ambulancias con heridos, muchos de los cuales han muerto por
esa causa, e impiden que llegue la ayuda humanitaria, para que mueran de hambre,
enfermedades y heridas. En fin, una verdadera guerra de exterminio.
Entonces, ¿para qué sirve la ONU, su Consejo
de Seguridad, el Tribunal de La Haya, el Derecho Internacional Humanitario y
todos los documentos aprobados, que se supone son de obligatorio cumplimiento?
El mundo no puede continuar por ese camino que
conduce al abismo. Es necesario democratizar la ONU y su Consejo de Seguridad,
y aplicar las leyes establecidas para castigar a los malhechores, quienes
amparados en su poderío nuclear se creen inmunes e infligen sufrimientos a
pueblos indefensos, cuyos derechos son violados, sin que pase nada.
La humanidad no puede vivir en un mundo
caótico sin ley ni orden.