La
vista confirmó una de mis sospechas más angustiosas: se trate de la
supervisión gubernamental de las manipulaciones del mercado, de largas
investigaciones sobre sinvergüenzas con lazos en la política, o de que los
mejores y más brillantes sirvan los intereses del pueblo americano en el
santo altar de nuestra tambaleante democracia, en el fondo “es todo una gran
mentira”, citando al propio señor Madoff describiendo su modelo de negocio.
Mientras Allan Goldstein, un tranquilo señor de 76 años y del norte del
estado de Nueva York, se sentaba pacientemente en una de las últimas filas
esperando su turno para hablar, con tiempo de sobra para reflexionar sobre
el posible embargo de su casa después de perder los ahorros de toda su vida
a causa del fraude de Madoff, el diputado Spencer Bachus (R-AI) departía
sobre si esta era o no una audiencia formal, ya que los miembros del comité
no habían sido oficialmente nombrados (me vino a la cabeza Marisa Tomei en
la película “My Cousin Vinny” y pensé: “tu vida entera yace en el suelo rota
en pequeños pedazos. ¿Te va a importar una mierda qué tipo de audiencia se
esté celebrando teniendo allí sentado al hijo de puta que te robó hasta el
último céntimo?”).
Este
vacuo interludio quedaría después eclipsado durante la audiencia cuando hubo
un interminable ir y venir porqué algunos de los miembros del comité
requerían aclarar las diferencias entre un Inspector General de la SEC (Securities
Exchange Commission, el órgano regulador de la bolsa de valores
estadounidense) y la división responsable de velar por el cumplimiento de la
normativa en la propia SEC.
Sumándose a la naturaleza surrealista de la audiencia estaba el hecho de que
el señor Madoff, el mayor criminal financiero de todos los tiempos en
términos de dinero robado y personas afectadas, no se sentaba en una celda
enrejada sino en su ático de lujo, posiblemente observando la audiencia
mientras sorbía Dom Pérignon servido en una copa de Limoges. El señor Madoff
de hecho tuvo una cita esa tarde para asistir ante el juez y fijar la
fianza, en la que los fiscales denunciaron que estaba enviando por correo a
su familia sus piezas más caras de joyería.
Al
finalizar la primera hora de audiencia, estaba claro como el agua que
nuestro Congreso no es rival para los tiburones de Wall Street. Y al
terminar la quinta hora, cualquier ciudadano que ame a su país debería ser
perdonado por querer unas pocas de las mismas pastillas que el señor
Goldstein había dicho que necesitaba tomar su mujer ante la perspectiva de
perder su casa y sus ahorros y tenerse que ir a vivir con sus hijos.
La
primera ronda de testimonios incluyó a H. David Kotz, el Inspector General
de la SEC. El señor Kotz tiene esa cara jovial, optimista y como recién
lavada habitual en alguien que no ha estado expuesto a Wall Street durante
mucho tiempo. Él ha estado en la SEC los últimos 13 meses. Antes estuvo
destinado como Inspector General en el Peace Coros (Agencia federal
estadounidense que destina voluntarios en misiones de cooperación en el
tercer mundo, similares a las que llevan a cabo muchas ONG. N. del T.). (sí,
en el Peace Corps). Y antes de eso trabajó en la U.S. Agency for
International Development (USAID) [La agencia para la cooperación y el
desarrollo de los EEUU; T.]. Es un abogado pero que sin embargo no parece
tener formación en el campo financiero como para desentrañar el lío que hay
en la SEC que ha permitido el mayor y más complejo fraude bursátil de la
historia.
Desde
las escasas butacas ocupadas, se le dirigieron varias preguntas al señor
Kotz para que explicase la bien publicitada estrategia que siguió el señor
Madoff para mantener esos altos y constantes rendimientos, llamada la "split-strike
conversion" [sin traducción al castellano, se conoce como “collar”; T.]. El
señor Kotz dijo que saber qué significaba aquello.
Debido a que el fraude de activos no es la especialidad del señor Kotz, así
como la gestión de emergencias no era la de Michael Brown en el FEMA, sería
difícil que el señor Kotz entendiera lo siguiente a tiempo para salvar a
Wall Street de morir ahogado en su propio ego:
Una
split-strike conversion significa sencillamente la compra de un paquete de
acciones que se correlacione tanto como sea posible con las que se
encuentran en el índice Standard and Poor's 100 (S&P 100); por ejemplo,
comprando algunos títulos de los grandes nombres en telecomunicaciones,
finanzas, energía, farmacéuticas… etc. Para intentar poner un “collar” a lo
que puedas llegar a perder, compras algunas opciones de venta OEX (S&P 100).
Para ganar algo más de dinero para complementar los dividendos de las
acciones, vendes primas sobre tus opciones de compra OEX. ¿Puede esto
generar el tipo de dividendos positivos y constantes que estaba obteniendo
Madoff? Muy difícil, porqué no estás totalmente protegido ante las pérdidas
y mucho menos si, como se reveló durante la audiencia, la cartera de
acciones y opciones se vendía al final de cada mes y los fondos se
destinaban a bonos del Tesoro (según los falsos informes que se les daba a
los clientes). De ser así, los costes de transacción se comerían todos los
beneficios, quedando unos rendimientos minúsculos e incluso negativos. Y
precisamente por ello es por lo que el señor Madoff no estaba en realidad
haciendo ninguna transacción con el dinero de sus clientes (la compra sobre
el papel de bonos del Tesoro cada fin de mes era para proporcionar una
coartada ante la reducción de acciones de la que se informaba a la SEC, por
si en algún momento se les ocurría llevar a cabo una investigación).
Mi
problema con la radiante expresión de Peace Corps del señor Kotz, es que
llega a esta compleja red de engaño y descrédito mal armado, y sin el
conocimiento que necesitará para llegar al fondo de los problemas de la SEC
que han permitido que esto ocurriese y para así poder dar con cualquier
potencial co-conspirador de Madoff. Puede que su frescura nos sorprenda,
pero yo tengo esta angustiante sensación de que voy a oír un “buen trabajo
Kotz” justo antes de que el próximo gran fraude financiero explote en las
mismas narices de la SEC.
Esta
es otra de las cuestiones críticas sobre la que no incidió ningún
congresista o miembro del comité. Cuando el señor Goldstein explicó como su
contable le recomendó a Madoff, nadie se levantó y dijo “esperen un momento,
usted es de Nueva York, ¿no?”. “Eh, ¿no es Nueva York uno de esos estados
que permite que los agentes de bolsa paguen comisiones a los contables para
que les proporcionen clientes?” (¿A qué clase de contable no le saltan las
alarmas cuando ve que la cartera de un cliente teóricamente prudente se
renueva totalmente 12 veces al año?). Nadie en la sala dijo algo como “tal
vez nuestro entero sistema de medidas y contrapesos se ha corrompido” (que
es precisamente lo que ha pasado. No somos más que una enorme y perfecta
nación de “si no me pagas no me muevo”, yendo a una velocidad alarmante
hacia lo que fue la antigua Roma).
No se
dijo tampoco ni pío sobre la gran cantidad de recursos humanos e
informáticos que se necesitan para generar falsas órdenes de compra-venta,
falsos informes sobre dividendos, falsos sumarios mensuales, 1.099 falsos
informes para miles de clientes.
Me
hubiese gustado que Jeff Quam-Wickham, un lector de CounterPunch, hubiese
estado en la sala de la audiencia para soltarles la frase que me envió por
correo hace poco: “nos están robando nuestras casas, tierras e inversiones…
¿dónde está pues la Homeland Security?" [Equivalente a un ministerio en el
Gobierno de los Estados Unidos, con la responsabilidad de proteger el
territorio estadounidense de ataques terroristas y responder a desastres
naturales. Se creó a partir de 22 agencias federales ya existentes en
respuesta a los atentados del 11 de septiembre de 2001. La autora juega con
las palabras home (hogar) y land (tierra);T.].
Pero
el mejor momento del día vino del congresista Gary Ackerman (D-NY) quien
resumió la destreza investigadora de la SEC como sigue: “son unos
chapuceros”.
Y el
testimonio más estremecedor vino de Stephen Harbeck, presidente y CEO de la
Securities Investor Protection Corporation (SIPC), la organización
constituida por el propio Congreso que cubre la bancarrota de agentes de
bolsa hasta un máximo de 500 mil dólares cuando no se trata de pérdidas
debidas a caídas del mercado. Harbeck informó a los congresistas de que
entre 830 y 850 millones de dólares en activos habían sido afectados por la
actividad de Madoff. Pero hay que tener en cuenta que la SIPC sólo dispone
de 1.600 millones de dólares en activos, junto con una línea de crédito de
1.000 millones del tesoro americano y otros 1.000 millones de crédito
comercial. Como la empresa de Madoff era un agente de bolsa, puede que acabe
con las reservas de la SIPC, forzándola a subir las tarifas a las compañías
de Wall Street que la financian; las mismas compañías que presionaron contra
la regulación que hubiese podido prevenir el fraude de Madoff; las mismas
compañías que presionaron para que se permitiese que los agentes de bolsa
pudieran pagar sobornos (primas y comisiones) a los contables. Ello sería
justicia divina de no ser porqué es el dinero de los contribuyentes el que
ahora está sosteniendo a esas empresas.
Otro
tema que no se aclaró durante la audiencia fue el reciente informe de Jason
Graziadei, reportero del periódico The Inquirer and Mirror en el condado de
Nantucket, acerca de que Frank Avellino parece que de hecho no ha cesado en
su actividad de recaudación ilegal de fondos. El señor Avellino y su colega
contable, Michael Bienes, fueron acusados por la SEC ya en 1992 por vender
activos no registrados que prometían rendimientos de entre el 13,5 y el 20%
por la friolera de 440 millones de dólares. Después pasaron el dinero a
Madoff para que lo gestionase (el nombre del señor Madoff no habría nunca
salido a la luz en este escándalo de no haber sido por un artículo en el
Wall Street Journal en 1992). Bajo órdenes de la SEC, Madoff no fue acusado
y ni siquiera nombrado, se notificó que el dinero se devolvió a los
clientes, Avellino y Bienes fueron multados con 50 mil dólares cada uno y su
empresa con 250 mil. Ambos, Avellino y Bienes, que tienen una empresa
llamada Mayfair Bookkeeping, son hoy filántropos ultra ricos que disfrutan
de múltiples mansiones y de un estilo de vida que es inquietantemente
parecido al de Bernard Madoff.
El
fiscal de Nantucket Michael Wilson ha abierto una causa contra Frank
Avellino alegando que Nevena Ivanova, inmigrante búlgara que trabajaba como
mujer de la limpieza del señor Avellino, le dio a él mismo 124 mil dólares
para que los invirtiese. Su declaración jurada afirma que Avellino invirtió
su dinero en la que luego ella descubrió que era una entidad ficticia,
llamada Kenn Jordan Associates. El 1 de diciembre de 2008, justo diez días
antes de que el señor Madoff fuese arrestado, Avellino dijo a Ivanova que
todo su dinero se había perdido.
El
señor Wilson ha logrado mantener bajo control la mansión de 10 millones de
que Avellino tiene en Nantucket, la cuál acababa de poner a la venta según
el informe del Inquirer and Mirror.
Con
una de sus muchas afables declaraciones que eran el modelo de la
auto-regulación, el señor Madoff testificó como sigue ante la SEC el 1 de
marzo de 2001: “… se ha dicho aquí antes, los rayos del sol, la luz del día,
son el mejor de los desinfectantes”.
Gracias al señor Madoff y el resto de apologistas de la auto-regulación,
ahora hay sólo tinieblas y el Congreso ha dejado poco más que una pequeña
ventana de oportunidad para sostener la confianza de los inversores antes de
que todo Wall Street se convierta en un “Madoffville”.
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(*)Pam Martens trabajó en Wall Street durante 21 años; no tiene activos de ningún
tipo, ni a corto ni largo plazo, de ninguna de las empresas mencionadas en
este artículo. Escribe sobre cuestiones de interés público desde New
Hampshire.