o pinta nada bien", explica a el mundo.es una fuente allegada al primer
ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en cuyos oídos sigue retumbando
el eco de las palabras del presidente norteamericano Barack Obama en El
Cairo. Y no precisamente el pasaje en el que el nuevo Mesías de Oriente
Próximo habla de "la inquebrantable relación entre Israel y EEUU" sino en la
exigencia del fin de la construcción de colonias en Cisjordania y la solución
de dos Estados."No pinta nada bien" es un eufemismo para expresar
unas cada vez más difíciles relaciones entre la Administración Obama
y el Gobierno israelí. En su primera intervención tras el discurso de El
Cairo, Netanyahu se ha apresurado a rebajar una tensión que ya no
se puede ocultar: "Queremos la paz con los palestinos y los países árabes
dentro del entendimiento con Estados Unidos y la comunidad internacional. Mi
objetivo es conseguir una paz estable que garantice la seguridad de los
habitantes de Israel".
La semana próxima pronunciará un discurso "importante" donde
expondrá su "política de paz y seguridad".
Netanyahu se ha despertado asustado al leer los diarios israelíes donde
filtraban supuestas declaraciones suyas. Ha desmentido lo que, según el
periódico Yediot Ajaronot, afirmó en privado: "La presión de EEUU no
conseguirá sus objetivos. Su exigencia de cesar la construcción en
las colonias ya existentes no es justa y por eso no la frenaremos. No nos
imaginamos que las diferencias fueran tan profundas. Pensábamos que la
discusión se centraría en como frenar al irán nuclear".
Y añade: "La exigencia de Obama de frenar la construcción de forma
inmediata no es legítima. No tengo intención de aceptarlo y por eso seguiremos
construyendo, algo que cuenta con el apoyo de la mayoría de Israel".
En este sentido, peca de inexactitud. Según una encuesta de Mina Tzemaj, el
56% de los israelíes cree que Netanyahu debe cumplir las exigencias de Obama,
el 52% le pide que congele la construcción en las colonias y 55% está a favor
de la solución de dos Estados. El 53% considera que la política de
Obama "no es buena para Israel".
Ante las claras amenazas de los colonos, Netanyahu afirma que "la presión
de Obama puede encender el terreno y provocar el efecto contrario". También
recuerda el entendimiento al que llegaron sus predecesores (Ariel Sharon y
Ehud Olmert) con el presidente norteamericano George W. Bush, según el cual
"no se construirán nuevas colonias pero se podrá construir en los grandes
bloques de asentamientos". La secretaria de Estado norteamericana,
Hillary Clinton, declaró ayer que "no hay ningún documento que refleje estos
acuerdos".
Problemas de credibilidad
En la selva israelí, Netanyahu es un viejo zorro con problemas de
credibilidad y pasmosa facilidad de repetir errores. Un zorro
que se siente acorrolado por un animal recien llegado, con más poder, carisma
e influencia. Su desgracia es que ese animal es su opuesto ideológico y es el
presidente del principal aliado de Israel.
Netanyahu apunta a un culpable, el jefe del gabinete de Obama,
Rahm Emanuel. Hijo de israelí y conocedor de la dificil política en Israel, no
perdona la actitud de Netanyahu hacia Bill Clinton cuando era jefe de Gobierno
(96-99). "Le ha calentado la cabeza contra él", dicen el entorno de Netanyahu
sobre Emanuel que tiene excelentes relaciones con políticos y periodistas de
la izquierda israelí.
Aunque el duro hueso de roer es el enviado especial de
Obama en la región, George Mitchell. Antes de volver esta semana a Israel,
Mitchell afirmó ante un dirigente judío en Nueva York: "Respecto a las
colonias, los israelíes nos han estado engañando todos estos años. Se acabó".
Un alto funcionario de seguridad de Estados Unidos afirmó en otra
conversación privada: "Si Netanyahu no entiende que Washington ha cambiado,
cometerá un grave error".
Netanyahu se refugia en su búnker político, a salvo de los dardos casi
diarios que le lanza la Administración Obama. La rabia en su entorno es tan
grande que acusan a "Hussein Obama" de "ser muy duro con Israel y permisivo
con los palestinos y países árabes". Tras el discurso de El Cairo, una fuente
del Gobierno aseguraba que "Obama es un líder histórico pero muy inocente. Con
buenas intenciones pero se decepcionará porque los países árabes no cumplirán
su parte".
El dilema de Netanyahu es dramático. Si acepta las
exigencia de Obama, su coalición basada en el apoyo de la derecha más
nacionalista y los colonos, caerá obligándole a arrastrarse ante la líder de
la oposición, Tzipi Livni para formar un Gobierno de unidad. Si pasa de Obama,
sobrevivirá pero aislará a Israel en el mundo, poniendo en peligro la vital
alianza con Estados Unidos. Y cuando más le necesita ya sea por la crisis
económica mundial como para evitar que Irán tenga armas nucleares.
Ante este torrente de malas noticias, Netanyahu se consuela con las
palabras de Obama a un diario israelí. "Netanyahu es muy inteligente. Puede
aprobar concesiones que a un líder de la izquierda le costaría mucho".
Netanyahu deberá demostrar ser lo suficientemente listo para
subirse al tren de Obama. De lo contrario, puede ser aplastado.