oldados israelíes y milicianos de Jezbolá han estado
combatiendo durante años a lo largo de esta frontera. Pero todas las noches
ocurre una guerra paralela entre el equipo antidrogas del inspector Gal Ben Ish
y contrabandistas que han tornado este agitada zona en el mayor conducto para la
heroína dirigida al mercado israelí.
La policía israelí considera que ese comercio, que genera centenares de
millones de dólares al año, es controlado en gran parte por Jezbolá, y lo llama
"narco-terrorismo".
En la operación nocturna capturada por la cámara térmica, los hombres de Ben
Ish confiscaron 55 kilogramos de heroína, 10 de hashish, 650.000 dólares en
efectivo y capturaron a ambos correos. Con la esperanza de repetir el éxito y
convencido de que este contrabando es algo más que una simple operación de
maleantes, el equipo antidrogas regresa a esta colina en medio de la noche
galilea.
"Nosotros sabemos que no se trata actos de delincuencia común, siempre está
presente el aspecto de la defensa nacional. Nosotros estamos ayudando a la
seguridad del país", dijo Ben Ish, cuyo gorro de lana negra cubre una cabeza
rapada. El inspector habló mientras sus hombres colocaban baterías en sus
anteojos de visión nocturna antes de la operación, con los cuatro fusiles M-16
pintados de verde descansando sobre un vetusto sofá.
La policía israelí dice que Jezbolá, que es el poder dominante en ciudades y
aldeas en el sur libanés, recibe una buena parte de los ingresos del
narcotráfico y usa el dinero para financiar operaciones y reclutar agentes
dentro de Israel, uno de ellos un coronel del ejército ahora en prisión por
vender secretos a cambio de dinero y drogas.
Hay un constante intercambio de información entre milicianos y
contrabandistas, dice la policía. Los sitios ocultos a lo largo de la frontera
en los que Jezbolá capturó a soldados israelíes dos veces en el último decenio
fueron usados previamente como puntos de tránsito de drogas.
Para recalcar la idea de que los adictos y traficantes israelíes están
ayudando a Jezbolá en su guerra contra Israel, el gobierno difundió el año
pasado un anuncio en el que la figura del líder del grupo, el clérigo Hassan
Nasralá, emerge de un bong (pipa de agua usada comúnmente para fumar marihuana).
Las fuerzas de seguridad del gobierno libanés, en las que Jezbolá tiene poder
de veto, dicen que están tratando de combatir el contrabando de drogas. Un
portavoz de Jezbolá en Beirut se negó a comentar sobre las acusaciones de que el
grupo está involucrado en el narcotráfico.
En el sitio de la emboscada nocturna, dos policías esperaron entre arbustos
cerca de la barda fronteriza, cubriéndose con redes de camuflaje y colocándose
máscaras sobre los rostros. Otros dos policías con fusiles y cascos de
motocicleta esperaban cerca con un vehículo todo-terreno mientras que Makias, un
policía de 20 años de experiencia, estaba en un punto de vigilancia en una
colina hacia el sur.
Cada mes los policías promedian centenares de horas de aburrimiento y una
redada significativa.
"Uno desarrolla sentidos como un animal", dijo Amir, un veterano de 10 años.
"Uno está enrollado como un muelle, y cuando pasa algo, cuando aparece un
contrabandista, fluye la adrenalina".
Como la mayoría de los agentes de la unidad, Amir declinó dar su apellido
para evitar ser identificado por los contrabandistas.
Entre cuatro y cinco toneladas heroína ingresaron a Israel en el 2008, casi
todo desde Líbano, de acuerdo con un estimado de la agencia antidrogas del
gobierno. La mayoría se origina en Afganistán,
con una pequeña porción producida en Turquía, Irak y en los
campos de opio del Valle de la Bekaa, en Líbano, que ha tenido un alza reciente
luego de varios años de declinación.
En el mismo período de tiempo, los hombres de Ben Ish capturaron un total de
155 kilogramos, junto con cantidades menores de otras drogas y casi un millón de
dólares en efectivo, un récord para la unidad pero apenas una fracción de la
droga contrabandeada.
En el lado israelí, el tráfico es controlado por familias árabe-israelíes con
estrechos lazos con los contrabandistas libaneses. Los correos son árabes
israelíes. Las transacciones son arregladas por teléfono o correo electrónico, o
en notas incluidas en cargamentos previos.
La coexistencia de mafiosos judíos y árabes comienza en los puntos de
distribución urbana en Israel, donde vendedores y usuarios de ambas etnias
recogen las drogas.
Un kilogramo de heroína pura se vende a 25.000 dólares en la frontera, dice
la policía, pero al menos a cuatro veces ese precio en la calle. A esa tasa,
cinco toneladas valen a 125 millones en la frontera y 500 millones en la calle.
Esa razón es más que suficiente para muchos para arriesgar a los soldados
israelíes junto a la frontera y los policías antinarcóticos que acechan en la
maleza. Y esos no son los únicos peligros. Previamente este año, agentes
antidrogas encontraron a un correo con cuatro kilos de heroína en su mochila,
muerto por congelación en la montaña.
El lucrativo tráfico se ha filtrado en las filas de las fuerzas israelíes
organizadas para combatirlo, incluyendo la policía. En la última década, dos
agentes antidrogas fueron declarados culpables de pasar información a los
traficantes y condenados a prisión.
Dos rastreadores militares, miembros de una tropa árabe crucial para
patrullar la frontera, están también en la cárcel por colaborar con
narcotraficantes libaneses. Uno de ellos, el teniente coronel Omar el-Heib, fue
sentenciado a 15 años de prisión en el 2006 por entregar a Jezbolá mapas e
información sobre posiciones de tanques, despliegue de tropas y el paradero de
altos comandantes israelíes a cambio de drogas y miles de dólares.
El-Heib, un oficial beduino gravemente herido hace un decenio por una bomba
colocada por Jezbolá, era alguien que jamás hubiera despertado sospechas. Fue
capturado luego que la policía encontrase teléfonos celulares en los cadáveres
de milicianos que cruzaron la frontera en el 2002 y mataron a seis israelíes, y
determinaron que las tarjetas SIM las había suministrado él.
Jezbolá dijo en aquel entonces que no estaba "obligado a confirmar o negar"
esas acusaciones y nunca a admitido participación en el tráfico de drogas.
Un funcionario libanés de seguridad declinó decir si Jezbolá estaba
involucrado. Pero dijo que muchos de los contrabandistas de drogas eran
musulmanes chiítas operando en aldeas fronterizas en las que Jezbolá tiene la
autoridad.
Luego de la guerra israelo-libanesa del 2006, fuerzas militares libanesas y
un contingente de la ONU se desplegaron en la región fronteriza. Un alto
funcionario policial libanés dijo que las autoridades recientemente hicieron al
menos 10 arrestos y han confiscado drogas en ruta a Israel.
El ejército israelí ha tenido contactos con el contingente de la ONU, aunque
esos lazos al parecer apenas son usados para cooperar contra los
contrabandistas. El estado de guerra entre Israel y Líbano impide que sus
fuerzas de seguridad cooperen, y se sabe que los israelíes han tomado el asunto
en sus manos. En la operación en septiembre, los agentes cortaron huecos en la
cerca para arrestar al correo libanés y retirar los paquetes de dinero.