(IAR
Noticias)
19-Abril-09
Tres meses después
de finalizada la guerra de Gaza, parece más lejana que nunca la
solución al enfrentamiento entre el Movimiento de Resistencia
Islámica (Hamás), que controla ese territorio palestino, e Israel.
Por Helena Cobban - IPS
L a situación de los 1,5 millones de habitantes de
Gaza todavía es muy difícil, pues Israel sigue prohibiendo el
ingreso al territorio de muchos productos básicos para vivir con
decencia, como artículos de construcción necesarios para reparar o
reconstruir miles de viviendas y otras instalaciones destruidas por
los bombardeos.
La ofensiva israelí, entre el 27 de diciembre y el 17 de enero,
cambió muchos aspectos de la compleja dinámica política entre el
Estado judío y Palestina, y también dentro de sus poblaciones.
Sólo por el hecho de sobrevivir, Hamás se ha fortalecido
políticamente, tanto en los territorios palestinos como en Medio
Oriente en general.
En cambio el centroderechista partido Kadima, del entonces primer
ministro Ehud Olmert, fue derrotado en las elecciones israelíes del
10 de febrero por una corriente política aun más militarista, cuyo
ascenso se nutrió, en buena medida, de la fiebre bélica agravada con
la guerra que el propio Olmert promovió.
Mientras, la ferocidad de Israel en la guerra dañó
significativamente su imagen internacional. En Estados Unidos,
cantidades sin precedentes de organizaciones de la sociedad civil
--entre ellas, entidades judías-- expresaron abiertas críticas,
incluso desde los primeros días de la guerra.
Todos estos acontecimientos fueron evidentes durante la última
visita a la región del enviado especial de Estados Unidos para Medio
Oriente, George Mitchell, que comenzó el miércoles. Es la tercera
desde su nombramiento, el 21 de enero.
Algunos de los hechos posteriores a la guerra en Gaza parecen
dificultar sus esfuerzos de paz. Pero otros, especialmente el nuevo
distanciamiento entre el gobierno de Israel y algunos de sus ex
partidarios fuertes en el mundo, abren nuevas posibilidades para su
misión.
De hecho, en algunas de las primeras apariciones de Mitchell en su
último viaje, se mostró a sí mismo más dispuesto que cualquier
funcionario estadounidense en muchos años a asumir públicamente una
posición --en su caso el apoyo a un Estado palestino
independiente--, muy diferente de la promovida por el actual
gobierno israelí.
Cuando Olmert lanzó la guerra en Gaza aspiraba a destruir a Hamás o
a infligirle tanto daño que se doblegaría.
Pese al gran daño que el ejército israelí causó a la población de
Gaza, no logró ninguno de esos objetivos. La estructura del comando
de Hamás en Gaza, endurecido por la batalla, quedó intacta.
De todos modos, los máximos líderes Hamás están radicados desde hace
muchos años fuera de los territorios ocupados. Por eso, la idea de
quebrar o "domesticar" a toda la organización asestando un golpe a
sus unidades en Gaza siempre estuvo pobremente planeada.
En vez de quebrarse, Hamás vio elevarse su popularidad durante la
guerra en toda la Cisjordania ocupada y entre los cinco millones de
palestinos que viven en el exilio.
En Gaza, de algún modo, se redujo, sin dudas a causa del castigo que
las fuerzas israelíes infligieron a sus habitantes. Pero Gaza tiene
aproximadamente la mitad del tamaño de Cisjordania. En general,
Hamás se fortaleció.
Mientras, se redujo la popularidad del más moderado Fatah,
movimiento que en los últimos años se alineó más que nunca con las
políticas de Estados Unidos.
De hecho, el colapso de las estructuras internas de toma de
decisiones de Fatah ahora es tan severo que hay una posibilidad real
de que puedan desintegrarse. Aunque el colapso tiene lugar desde
hace algún tiempo, la guerra en Gaza ciertamente lo aceleró.
Ya desde 1969, Fatah también ha sido el componente más fuerte de la
Organización para la Liberación de Palestina (OLP), entidad
secularista que ha avalado todos los esfuerzos de paz palestinos con
Israel hasta la fecha.
Por lo tanto, el declive de Fatah también amenaza la supervivencia
de la OLP, a menos que las "conversaciones de unidad" entre
facciones palestinas en El Cairo concluyan con una fórmula de
incorporación de Hamás a la organización por primera vez en la
historia.
En medio de estos hechos políticos, los 1,5 millones de habitantes
de Gaza todavía intentan hacer frente a las condiciones de vida y
los medios de sustento devastados por la reciente guerra. Durante la
ofensiva, murieron más de 1.300 palestinos, la mayoría de ellos
civiles. Entre los muertos israelíes hubo 10 soldados y tres
civiles.
En los tres años anteriores a la guerra, hubo intercambios
intermitentes de fuego entre Israel e insurgentes palestinos,
principalmente de Hamás, que operaban desde Gaza.
Además, Israel mantuvo un estrecho sitio en torno a Gaza,
contraviniendo claramente su responsabilidad como "potencia
ocupante" para salvaguardar el bienestar de la población autóctona
de la franja.
Al final de la guerra, tanto Israel (el 17 de enero) como Hamás (el
18) anunciaron ceses del fuego paralelos y no acordados. En ausencia
de un convenio más formal, negociado, los ceses del fuego existentes
han sido frágiles y transcurrieron en medio de varios ataques
mutuos.
Pero, además, Israel ha intensificado considerablemente el sitio de
Gaza, en momentos en que sus habitantes tienen necesidades
extraordinarias de acceder a los materiales para reconstruir los
5.000 hogares y otras estructuras destruidas durante la guerra, como
instalaciones de agua y saneamiento, fábricas, depósitos, e incluso
el concejo (legislativo local).
John Prideaux-Brune, director de Oxfam para Cisjordania y Gaza,
describió la política de Israel hacia la franja como "des-desarrollo
intencional".
"Israel arrasó Gaza durante la guerra. Se pueden ver aldeas enteras
aplastadas, vacas y otros animales muertos. Ellos parecen haber
entrado y eliminado todo lo que pudiera haberse usado para el
desarrollo económico, como granjas y fábricas", dijo a IPS.
Según fuentes israelíes, durante la guerra las fuerzas armadas
ingresaron 100 aplanadoras, especialmente para acometer esta
destrucción.
"Parece un cosa terriblemente estúpida para que haga Israel. Donde
los estados han tenido éxito en eliminar el terrorismo, lo han hecho
mediante negociaciones y estímulo al desarrollo económico", señaló
Prideaux-Brune.
También dijo esperar que los gobiernos occidentales actúen
rápidamente para persuadir a Israel de levantar el sitio. Eso
permitirá a los habitantes de Gaza regresar al sendero del
desarrollo económico y dejar de vivir de la limosna.
Muchas organizaciones humanitarias que durante muchos años brindaron
asistencia "de emergencia" a Gaza y a Cisjordania, como Oxfam, se
están volviendo más manifiestas en que lo único que realmente puede
estabilizar la situación de los palestinos es ponerle fin a la
ocupación israelí.
Prideaux-Brune dijo que los palestinos de Gaza actualmente sufren
una "crisis de dignidad" deliberadamente infligida.
"Mientras Israel controle todo en las vidas de estas personas, ellas
seguirán siendo vulnerables. El alivio de emergencia no es sustituto
de una paz exitosa, y ésa es la única manera de llegar a un
desarrollo económico real", aseguró.
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