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MEDIO ORIENTE |
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Israel: Augurios de boicot rebotan desde la
cancha de tenis |
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(IAR
Noticias)
26-Febrero-09
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Andy Ram y su pareja de juego Jonatán Erlich |
Deporte y política no juegan en canchas separadas. Al menos
eso es lo que piensa el primer ministro saliente de Israel, Ehud Olmert. Y
muchos de los que rechazan las políticas del estado judío en todo el mundo
podrían actuar en consecuencia.
Por Jerrold Kessel y Pierre Klochendler - IPS
Las primeras palabras que pronunció Olmert al abrir la sesión
del gabinete esta semana fueron: "Quedé estupefacto al enterarme de que (el
tenista) Andy Ram quiere jugar en Dubai. Alguien debería aconsejarle que muestre
patriotismo y solidaridad. Debió boicotear el torneo."
El gobernante se refería a la decisión de Emiratos Árabes Unidos de impedir "por
razones de seguridad" la participación de la tenista Shahar Peer en el torneo
femenino de Dubai, que se realizó la semana pasada.
Ram, experto en dobles, se dispone a jugar esta semana en el torneo masculino
que comenzó el lunes. Al parecer, el gobierno de Emiratos le concedió la visa de
ingreso a causa del escándalo que se desató en la Asociación de Tenis
Profesional por el veto a Peer.
A Israel le complació que la Asociación de Tenis Femenino (WTA, por sus siglas
en inglés) multara a los organizadores del torneo en Dubai con 300.000 dólares,
y que periodistas deportivos y hasta rivales de Shahar Peer cuestionaran la
decisión de Emiratos.
Dubai se promueve como potencia deportiva emergente. El torneo de tenis del
emirato es uno de los principales del mundo. Sus organizadores insistieron en
que el veto a Peer no constituía discriminación contra ella por ser israelí,
pues lo atribuyeron a la posibilidad de que a los "fanáticos pueda no agradarle
su presencia".
Atletas israelíes sufrieron las consecuencias de la guerra en Gaza. Un fanático
turco interrumpió violentamente un partido de basketball en Ankara entre un
equipo local y otro de Israel.
La alcaldía de la ciudad sueca de Malmo anunció que en los partidos de tenis
entre los equipos de Israel y Suecia por la próxima Copa Davis "no habrá
espectadores por razones de seguridad".
En su arrebato, Olmert dejaba en evidencia una sensación generalizada en Israel:
las "preocupaciones de seguridad" de los organizadores de un torneo deportivo
parecen apenas la punta del iceberg, en un contexto de rechazo internacional al
ataque contra Gaza y mientras espera para asumir un gobierno de extrema derecha,
opuesto a la creación de un estado palestino.
Ni el predicamento de los atletas israelíes ni los dilemas que la política de
Israel despierta en las instituciones a cargo de las competencias de cualquier
disciplina se disolverán repentinamente en beneficio del "amor por el deporte".
Olmert tal vez esté viendo cómo se acerca una pelota muy alejada del campo de
juego. El primer ministro de Nueva Zelanda, John Key, anunció que el gobierno
podría prohibir a la selección de cricket jugar en Zimbabwe en julio, tanto por
"razones políticas" como por "los riesgos de seguridad y de salud" para los
deportistas.
"Francamente, no apoyamos al régimen del presidente Robert Mugabe", declaró Key.
¿Qué sucedería si algún país, e incluso aliados tradicionales de Israel, ven con
desagrado al próximo "régimen" y consideran que sus políticas son insostenibles?
Una campaña de boicot a Israel gana terreno en Gran Bretaña y otros países
europeos. Sus impulsores llaman a rechazar cualquier cosa que proceda del estado
judío, sean flores o visitas de académicos. Su intención es convertir a los
israelíes en parias internacionales para promover un cambio en sus políticas
hacia los palestinos.
El boicot deportivo más efectivo fue el que contribuyó a la caída del apartheid,
el régimen de segregación racial institucionalizada en perjuicio de la mayoría
negra que imperó en Sudáfrica hasta 1994.
Esa campaña se justificaba en el carácter racista de la selección de los
deportistas que representaban al país y en la intención de no dar legitimidad al
régimen.
En contraste, quienes rechazan el boicot a Shahar Peer insisten en que la
tenista es una profesional que se representa a sí misma y que su nacionalidad es
un detalle.
Pero el deporte no es tan crucial para la vida cotidiana de los israelíes como
lo era para la Sudáfrica blanca. Y tampoco hay en este país discriminación
abierta contra los deportistas árabes.
Hasta ahora, Israel se las ha arreglado para desalentar cualquier propuesta de
boicot gracias a su política ambigua hacia los palestinos (mantiene ocupados sus
territorios mientras acepta su derecho a un estado propio) y a los propósitos
también ambiguos de quienes proponen esas acciones (deslegitimar las acciones
israelíes o al propio estado judío).
La recién concluida campaña electoral israelí giró alrededor de la consigna del
partido antiárabe Israel Beiteinu: "Sin lealtad no hay ciudadanía."
La frase apunta contra la minoría árabe israelí. Si este principio se pone en
práctica, podrían registrarse casos de verdadera discriminación contra
deportistas árabes.
A su vez, si un gobierno encabezado por el líder del conservador partido Likud,
Benjamín Netanyahu, persiste en negarse a la creación de un estado palestino y
cae en prácticas como las del apartheid sudafricano, recrudecerían los llamados
a un boicot, sea en materia de deportes o de cualquier naturaleza.
Los críticos del inminente gobierno derechista creen, cada vez más, que la
responsabilidad será del propio Israel. Las políticas de Netanyahu podrían dar
impulso a cualquier boicot, y no sólo en la cancha de los deportes.
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