urioso, pero hasta el rostro del presidente venezolano Hugo Chávez
–que expulsó hace días al embajador israelí en protesta por la
devastadora ofensiva de Tel Aviv- se divisa en más ocasiones que el retrato del
jefe de la Autoridad Nacional Palestina, Abu Mazen.
En realidad la foto de este último es una significativa ausencia tanto en
Chatila, como en Sabra o Burj al Burujne. En estas jornadas de guerra personajes
apocados como Abu Mazen parecen gozar de escaso predicamento entre la población
palestina.
Los milicianos que protegen el cuartel general del Frente Popular para la
Liberación de Palestina Comando General (FPLP-CG) en Burj Al Burujne se
encuentran perfectamente uniformados. Lejos del estilo
acomodaticio de Abu Mazen, su principal jefe en el Líbano, Ramez Mustafa,
prefiere exhibir una dialéctica incendiaria.
En su despacho, junto a una fotografía del asesinado líder de Hizbulá Imad
Mugniye, Mustafa no duda en reconocer que la situación en los campos palestinos
ubicados en el territorio libanés "es como una olla a presión". "Las masacres
israelíes van a afectar a toda la región no sólo al Líbano. Los cohetes del
jueves son sólo el primer ejemplo de lo que puede venir", afirma.
Ramez alude al lanzamiento el jueves de tres proyectiles contra Israel. Una
acción que ha incrementado al máximo la tensión en la zona fronteriza
entre ambos países y que fuentes de la seguridad libanesa citadas por
el diario The Daily Star han achacado precisamente al FPLP-CG liderado por Ahmed
Jibril, uno de los movimientos más radicales del conglomerado palestino.
"No voy a entrar a discutir quien fue el responsable, ni a desmentir ni a
confirmar si fuimos nosotros. El responsable es Israel por sus crímenes. Somos
parte de la resistencia y nuestro objetivo es detener las matanzas en Gaza, pero
no iniciaremos una batalla sin una completa coordinación con el resto de los
grupos en Gaza y en el Líbano", precisa Ramez.
Integrado por varios miles de militantes y aprovisionado con un nutrido
arsenal que incluye hasta vehículos blindados y bases militares
subterráneas, la facción de Jibril se ha convertido en uno de los
elementos más imprevisibles de la presente crisis en Oriente Próximo, capaz por
sí sólo de arrastrar al Líbano a una confrontación armada con Israel.
El propio Jibril ha exigido desde Siria, donde reside, que se 'abran' nuevos
frentes de batalla en solidaridad con Gaza en un desplante verbal previo al
incidente del jueves.
Sin embargo, el FPLP-CG es tan sólo un sospecho más de la
autoría de un ataque que los analistas locales también vinculan a grupos
salafistas de la nebulosa de Al Qaeda.
Aunque los dirigentes de Hizbulá han dejado claro que no tienen la intención
de iniciar un nuevo conflicto con Israel pese al sangriento balance de vidas
palestinas, columnistas como Sateh Noureddin reconocen que en el complejo
escenario libanés "hay muchos partidos que pueden iniciar una confrontación".
Las mismas agrupaciones armadas palestinas existentes en el Líbano mantienen
de momento una posición contenida pero reconocen estar a la espera de lo que
suceda en Gaza. "Ya luchamos en la guerra del 2006 pero no lo haremos ahora si
no existe una decisión común de todos los grupos. Somos parte de la
estructura militar de Hizbulá y por ahora la orden es que la guerra se
mantenga limitada a Gaza", explicó el máximo jefe de Ansar Allah, un movimiento
salafista aliado del grupo que lidera Hasan Nasrala.
"Estamos preparados para abrir un nuevo frente pero no sólo en el Líbano sino
en Cisjordania, en Siria o en Jordania, pero de momento Hamás no nos necesita",
le secunda el citado Ramez.
Hasta el principal jefe militar de Fatah, el partido de Abu Mazen, en el
Líbano, Munir Maqda admite que sus milicianos serían "los primeros en lanzarse
como voluntarios a la batalla pero no podemos tomar esa decisión en solitario
sino en coordinación con todas las fuerzas libanesas. No podemos arrastrar al
Líbano a una guerra que no quiere".
En cualquier caso y como escribía Sateh Noureddine el ataque contra la villa
israelí de Nahariya "es el primer aviso serio de que este
frente se puede abrir en cualquier momento a partir de ahora".
Los expertos han señalado que pese al hecho de que Hizbulá se ha desvinculado
de tal acción, lo cierto es que los misiles fueron lanzados desde una región
controlada por el grupo chií.
"En el sur (del Líbano) no pasa nada sin que Hizbulá este al corriente",
declaró Oussama Safa, director del Centro Libanés para los Estudios Políticos.
"Estoy convencido de que Hizbulá no tiene nada que ver (en el incidente) pero
lo que ha pasado sirve a sus intereses porque se trata de
enviar un mensaje (a Israel). Puede que (simplemente) cerraran los ojos", opinió
Nicolás Nassif, analista del diario Al Akhbar, cercano a la oposición comandada
por los chiíes.
Esta hipótesis es una teoría compartida por Tel Aviv, según reconoció el día
6 el jefe de la inteligencia militar israelí, el general Amos Yadlin, quien
alertó al ejecutivo de su país que "Hizbulá puede lanzar un ataque de bajo
perfil por mediación de una organización palestina". Yadlin estimó que tal
acción "sería limitada y no incendiaría la frontera".
La guerrilla chií continúa aferrada a su postura de apoyar sólo con
movilizaciones y andanadas verbales a los palestinos, pero sus cabecillas han
advertido que se encuentran preparados para responder "a
cualquier tontería (de Israel), pero no vamos a ser arrastrados a donde no
queremos o a lo que no decidimos por nuestra cuenta", como significó el sábado
Mohammed Raad, jefe del bloque parlamentario de Hezbola.
En este sentido, el citado matutino Al Akhbar indicó que milicias suníes del
grupo Jamaa Islamiya, aliadas del movimiento que lidera Nasrala, se han
desplazado ya a la región fronteriza del sur del Líbano "en previsión de un
eventual escalada israelí".
"Hizbulá no puede permanecer parado de manera indefinida. Si muestra que no
es capaz de hacer nada en la frontera israelí está socavando su capacidad de
disuasión (frente a Israel)", sentenció Michael Young, editorialista del Daily
Star.