(IAR
Noticias)
12-Enero-09
Son jóvenes exaltados por la matanza que están perpetrando los militares de
Israel en Gaza y se lanzan a las calles desesperados. Pero, entre ellos hay
lealtades contrapuestas que se expresan en los cantos y consignas y hasta en
alguna bandera que exhibe la fidelidad a Hamas, el grupo fundamentalista
violento que gobierna en Gaza.
Por Juan Carlos Algañaraz -
enviado especial en Ramallah, Clarín
D e todas las tragedias que han sufrido los palestinos en su atormentada
historia, quizás no hay otra más dolorosa que esta fractura que enfrenta a la
Autoridad Nacional, que tiene su sede aquí en Ramallah, una pequeña ciudad de
25.000 habitantes, 8 km. al norte de Jerusalén, y al movimiento Hamas, que ganó
en 2006 legítimamente las elecciones. Después, los leales a Al Fatah, el partido
creado por el legendario Yasser Arafat, fundador de la patria Palestina, se
enfrentaron incluso con armas con los de Hamas, quienes los acusaban de
corruptos y de esgrimir una actitud blanda ante Israel.
Hubo sangre entre los palestinos, muertos y heridos. Gaza acumula en sus 360 km.
cuadrados nada menos que 1.600.000 habitantes, 70% de los cuales malviven en
campos de refugiados. Es uno de los lugares más densamente poblados del mundo:
4.117 personas por km. cuadrado. Los dos territorios están separados por 45 km.,
que forman parte de Israel.
Cisjordania, tiene mejores condiciones de vida, 5.700 km2 de superficie y
2.600.000 habitantes. Pero, también hay aquí unos 225 asentamientos con casi
470.000 colonos israelíes que siguen extendiéndose.
Para los religiosos israelíes esta intromisión se justifica porque Cisjordania
es, para ellos, las bíblicas tierras de Judea y Samaria. También había
conflictivos asentamientos israelíes en Gaza pero el premier Ariel Sharon hizo
una retirada completa en 2005. Los palestinos insisten en que los israelíes se
fueron "pero se quedaron con las llaves", es decir, los 6 puestos de férreo
control que abren y cierran Gaza a discreción de Israel.
La mitad de los palestinos viven por debajo de la línea de pobreza: 45,7% en
Cisjordania y 79.4% en Gaza. La guerra que aplasta a Gaza ha multiplicado las
carencias y sufrimientos. Después de casi 15 días de una violencia
desproporcionada por parte de Israel, han muerto más de 800 palestinos, de ellos
254 niños y 60 mujeres.
Hace 40 años que este enviado de Clarín llegó a la zona, que visitó muchas
veces. Gaza, desde el primer momento, impresionaba por su extrema pobreza.
Familias enteras hacinadas en precarias viviendas, muy parecidas a nuestras
villas miseria, sin acceder a trabajos con cierta permanencia, comiendo gracias
a la ayuda de organizaciones humanitarias. Y con muchos hijos de corta edad que
son quizás lo más sorprendente del sombrío paisaje de Gaza.
Malvestidos, desnutridos, los chicos corretean por callejuelas llenas de
desperdicios, charcos de agua y toda clase de desechos. Había también una Gaza
más privilegiada con casas de material, calles bien trazadas, comercios. Según
la población más humilde y excluida, el movimiento hegemónico Al Fatah, el de
Arafat, mantenía un sistema de clientelismo y corrupción que le garantizaba el
control político.
La indignación creció y fue estimulando el fundamentalismo de Hamas, que combinó
la protesta con acciones caritativas que auxiliaban a los más pobres. Cuando
ganaron las elecciones, ni ellos mismos lo podían creer.
El viernes pasado, Clarín se encontraba en Ramallah junto al representante
diplomático argentino, el ministro Horacio Wamba, gracias a cuya generosidad el
periodista profundizó contactos y también la comprensión de la grave
coyuntura palestina en medio de la guerra. Fue una jornada cargada de incidentes
en Ramallah y otras ciudades palestinas porque Hamas llamó a una jornada de
lucha contra la invasión. En Jerusalén, los incidentes se multiplicaron en la
zona de los templos más sagrados del Islam, y hubo choques entre jóvenes y la
gendarmería israelí. En las primeras horas de la tarde, Wamba no ocultaba su
preocupación. "Hay manifestantes por toda la ciudad y muchos quieren llegar al
puesto de control israelí. Si hay violencia, los israelíes lo cerraran y quedará
encerrado", advirtió a Clarín. El ministro Julio Devoto se instaló en su auto y
salimos a lo que creímos era un trayecto corto y se convirtió en aventura.
Devoto daba vueltas tratando de esquivar las protestas pero pronto advertimos
que estábamos yendo hacía las zonas más concurridas. Gritos, palos, y en muchos
casos, choques verbales entre partidarios de Hamas y de Al Fatah. Devoto hace
poco más de un mes que llegó desde Buenos Aires pero no perdió el ánimo. Cada
vez el clima era más agitado y violento y pronto comenzaron a actuar policías
antidisturbios.
Comenzaron los disparos de bombas de gases. El ministro Devoto recibió una
llamada en la que un conocido le informaba que acababa de ver a un policía que
abrió fuego con su fusil ametralladora sobre las cabezas de un grupo violento
que quería a toda costa llegar hasta los israelíes. Hasta ahora, había piedras
en estos choques.
Pero, siempre se teme que haya algún grupo que quiera usar armas más
contundentes y desate una tragedia. Estamos muy cerca", me dijo Devoto, que no
cesaba de buscar entre vueltas algún camino directo no bloqueado por los
disturbios. Al final, junto al muro que se extiende por toda Cisjordania y
también divide a Ramallah, vimos al puesto de control y bloqueo israelí. No
había manera de acercarse porque varias camionetas y automóviles estaban
detenidos y no avanzaban. Al volante del auto, Devoto optó por salirse de la
calle, subir por una rotonda, evitar raspando unos clavos de acero para
reventar neumáticos y llegar casi a la entrada. Una gran piedra no nos dejaba
pasar. Al final superamos el obstáculo. No convenía avanzar a todo lo que da
porque los israelíes estaban detrás de la barricada y podrían reaccionar muy
mal. El ministro Julio Devoto, avanzó muy lentamente, sacó la credencial
diplomática, bajo la ventanilla y la movió a derecha e izquierda para llamar la
atención. Por fin, salió una soldado, morenita, muy joven, con un fusil que le
llegaba de los pies a la cabeza. Se acercó, leyó la credencial, nos lanzó una
sonrisa y cantó: Arrrgggentina". Y pasamos.
|