scribo en momentos en que está en desarrollo la escalada genocida del Estado
sionista de Israel contra el pueblo de Gaza.
Esa bárbara operación de exterminio –apoyada por la mayoría de los israelíes
es incentivada por el sistema de poder de los EEUU con la complicidad de la
mayoría de los gobiernos de la Unión Europea- y acompañada de una ambiciosa y
ofensiva mediática de ámbito mundial que deforma la Historia y pretende
justificar el crimen con el argumento de que Israel ejerce el derecho a la
autodefensa para proteger a su población y sobrevivir como nación.
Estamos frente a una de aquellas tragedias en que las palabras son
insuficientes –como aconteció con las matanzas del III Reich alemán –
para calificar las proporciones del significado del crimen.
La desinformación, garantizada por el control hegemónico de los grandes
media, dificulta extraordinariamente el esclarecimiento de los pueblos porque la
víctima es presentada como agresor y éste como representantes de valores
inalienables de la democracia.
La primera y fundamental mentira es la que responsabiliza a Hamas por el
rompimiento de la tregua. Israel, al iniciar el bombardeo aéreo y naval seguido
de la invasión terrestre, estaría protegiendo a la población de sus ciudades y
aldeas afectadas por cohetes palestinos.
Se trata de una grosera mentira.
Existe una abundante documentación secreta del propio Ministerio de la
Defensa israelita que demuestra con claridad la premeditación del crimen por el
gobierno de Tel Aviv.
Encontramos una síntesis de hechos relacionados con esa premeditación en un
importante artículo del profesor canadiense Michel Chossudovsky de la
Universidad de Ottawa.
En ese texto (divulgado por http://globalresearch.ca,
http://www.lahaine.org/index.php?p=35248) el prestigioso economista y
escritor señala que la “operación plomo fundido” fue minuciosamente planeada con
seis meses de anticipación, cuando Israel iniciaba la negociación de un acuerdo
de cese al fuego con Hamas. El proyecto fue concebido en 2001.
El 4 de Noviembre próximo pasado, día de las elecciones presidenciales en los
EEUU, Israel además rompió la tregua bombardeando la Franja de Gaza, alegando la
necesidad de impedir la construcción de túneles por los palestinos.
Chossudovsky llama la atención hacia el hecho de que transcurridas 24 horas,
el 5 de Noviembre, el gobierno de Tel Aviv inicio el monstruoso bloqueo de Gaza,
cortando el abastecimiento a la Franja de alimentos, combustible y medicamentos.
Posteriormente el Ejército israelita realizo numerosas incursiones armadas en el
territorio de Gaza.
Hamas, en legítima defensa, respondió con el lanzamiento de cohetes de
fabricación casera.
No hay mentiras y calumnias que puedan apagar la evidencia: apenas 4
israelitas murieron a consecuencia del disparo de los cohetes de Hamas, pero la
agresión sionista es responsable, hasta hoy 6 de enero, de la muerte de más de
500 palestinos, superando ya 2.000 el número de heridos.
Gaza, un escenario de Apocalipsis
Las noticias que llegan de Gaza y las imágenes transmitida por la televisión
iluminan un escenario de apocalipsis: manzanas enteras arrasadas, mezquitas
bombardeadas en la hora de la oración, hospitales y universidades destruidos.
Niños y mujeres ensangrentados moviéndose entre las ruinas, cuerpos humanos
esfacelados. En Gaza no hay pan, barrios enteros están privados de la
electricidad y agua.
Pero la monstruosidad del genocidio merece el apoyo de Washington. El
Presidente Bush lo justifica en nombre de la democracia tal como él la siente.
Además impide que el Consejo de Seguridad apruebe una Resolución que imponga el
cese al fuego.
La actitud prevaleciente en los gobiernos de la Unión Europea es de
hipocresía y cinismo. Afirman desear un cese al fuego, algunos definen como
“excesiva la respuesta de Israel”, pero manifiestan comprensión por su reacción
defensiva contra “los terroristas de Hamas”.
Rusia y China condenan la escalada de violencia que afecta a Gaza, pero su
actitud carece de firmeza en el Consejo de Seguridad.
Los pueblos árabes salen masivamente a las calles para expresar su condena a
la masacre de Gaza.
Pero es diferente la posición asumida por los gobiernos de la mayoría de los
países árabes. Sus gobernantes se comportan como cómplices vergonzantes de Tel
Aviv. Sarkozy, la canciller Merkel, Berlusconi, Brown, Durão Barroso
intercambian sonrisas y amabilidades con Olmert y la ministra Livni. El
presidente Shimón Perez miente descaradamente en sus entrevistas.
Hipócrita y cobarde es también la postura asumida por el Presidente de la
Autoridad Nacional Palestina. Mahmud Abbas pide un cese al fuego, pero
responsabilizó inicialmente a sus compatriotas de Hamas por la escalada de
violencia.
En la cobertura de la agresión israelita por los medios de comunicación de
los EEUU y de la Unión Europea identifico un retrato chocante del periodismo
mercenario.
Los enviados especiales, con pocas excepciones, se limitan a transmitir las
declaraciones de los ministros y de los militares de Israel. Las imágenes de las
casas afectadas en las ciudades israelitas fronterizas ocupan en algunos
reportajes casi tanto espacio y tiempo como las del infierno en que Gaza fue
transformada por los bombardeos de Israel.
En los media portugueses de referencia la satanización de Hamas se torno
rutinaria. Editores, analistas, presentadores, enviados especiales compiten en
la repetición monocorde del “derecho de autodefensa de Israel” contra el
terrorismo.
De Washington a Paris pasó también a ser casi obligatorio adjudicar a Irán la
responsabilidad por la resistencia heroica de los milicianos de Hamas. La
extrema derecha estadounidense, sobretodo, no esconde su deseo de que la
barbarie que abraza Gaza sea el prologo de una tragedia mayor que envuelva a
Irán, origen de una de las mayores civilizaciones creadas por la humanidad.
El apocalipsis de Gaza transmite una lección estremecedora: la barbarie del
Estado sionista de Israel, apoyada por el imperialismo estadounidense y
contemplada comprensivamente por sus aliados de la Unión Europea, configura una
amenaza a la civilización.
En un contexto histórico muy diferente, las burguesías de Occidente traen a
la memoria la atmosfera europea en las vísperas de Munich. Afirman su fidelidad
a los valores de la democracia tal como la conciben, pero actúan como cómplices
de un Estado cuya política los niega y pisotea al promover matanzas como la de
Gaza.
La solidaridad de todos los hombres y mujeres progresistas con el heroico
pueblo de Palestina martirizada es más que nunca un deber.
En estos días los combatientes de Hamas, al luchar por el derecho de su
pueblo a ser libre e independiente, combaten, al final, por valores eternos.
El genocidio de Gaza es un desafío del sionismo neofascista a la Humanidad.