a voz más autorizada es la del relator de Naciones
Unidas para los territorios palestinos, el académico judío norteamericano
Richard Falk, quien el miércoles acusó a Israel de cometer crímenes contra
la Humanidad en la franja mediterránea. No es el único en valorar la ofensiva
en esos términos. Para los expertos, acciones como la matanza del lunes en una
escuela de la UNRWA o el bombardeo de la casa de Nizar Rayan, un alto cargo de
Hamas, en el que perdieron la vida sus cuatro esposas y sus 11 hijos de
entre 1 y 12 años, constituyen crímenes de guerra.Eso obligará a todos los Estados que han ratificado convenios como las
Convenciones de Ginebra o el Estatuto de Roma a investigar los supuestos
delitos y, si se prueba que se han cometido, perseguir a sus culpables, algo
que aún no ha sucedido, en el caso de Israel, en ningún lugar del mundo.
En los últimos años y gracias al trabajo del Centro Palestino para los
Derechos Humanos (CPDH), se han presentado querellas en España, Gran
Bretaña, Nueva Zelanda, Holanda y Suiza contra
presuntos criminales de guerra israelíes, entre ellos ex ministros de Defensa
y altos cargos del Ejército.
Para el CPDH, se trata de una estrategia a largo plazo destinada a juzgar a
los responsables de las violaciones de la Ley Internacional Humanitaria en los
territorios palestinos y acabar con la impunidad israelí. El objetivo es
obtener órdenes de captura internacionales que permita arrestar a los
inculpados fuera de su país, siempre que los tribunales israelíes no castiguen
los hechos.
En el caso de la actual ofensiva, es pronto para redactar denuncias. Dada
la cantidad de indicios de que se están cometiendo crímenes de guerra, es
necesario cesar las hostilidades para lanzar una investigación de cada
episodio, explica Daniel Machover, abogado del bufete londinense de
Hickman and Rose.
Hickman and Rose promovió en 2005 una denuncia contra el general retirado
israelí Doron Almog. Almog era el responsable militar del sur de Israel
en 2002, cuando orden la destrucción de 59 viviendas palestinas en Rafah, al
sur de Gaza, en represalia por la muerte de un soldado. Además las pruebas le
incriminan en los asesinatos de al menos dos civiles, entre ellos una mujer
embarazada de nueve meses, y en el ataque que mató al líder de Hamas Salah
Shehadeh y otras 14 personas, entre ellas su mujer, su hija y numerosos niños.
Sucedió en 2002, cuando Israel lanzó una bomba de una tonelada sobre su
casa, situada en el barrio residencial Al Daraj de Jabalia. El proyectil
demolió ocho casas y mató a siete miembros de una familia, además de causar
heridas a 150 personas. Una ONG israelí denunció el caso ante los tribunales,
que no se han pronunciado al respecto. Pero en Londres sí hubo una reacción.
A petición de los abogados de Hickman and Rose, un juez dictó una orden de
detención contra Almog, que se disponía a visitar Gran Bretaña. El 10 de
septiembre de 2005, la policía se preparó para el arresto en el aeropuerto,
pero según la prensa israelí, Tel Aviv le avisó del riesgo de ser
detenido mediante la radio del avión. Almog nunca salió del aparato de El Al,
la compañía aérea israelí, que dos horas después le condujo a Tel Aviv.
Presuntos criminales de guerra israelíes
una niña palestina llora durante el funeral de un familiar. (Foto: AP)
En la lista de presuntos criminales de guerra israelíes figuran otros
muchos altos cargos, y la única querella presentada en España recoge varios de
ellos: Dan Halutz, ex jefe del Estado Mayor, el ex ministro de Defensa
Benjamin Ben Eliezer, Michel Herzog, ex secretario militar del
ministro de Defensa, Moshe Yaalon, ex jefe del Estado Mayor entre 2002
y 2005 o Avraham Ditcher, ex director del Servicio General de Seguridad
israelí.
Los nombres figuran en la querella por crímenes de guerra presentada el 24
de junio por los abogados Gonzalo Boye, Antonio Segura, Ral Mallo y Juan
Moreno por encargo de seis palestinos. "Mientras no avance la investigación,
la querella se ha dirigido contra quienes tenemos pruebas rotundas de su
implicación en las matanzas, pero no descartamos que si el procedimiento
sigue adelante, se deba imputar a otras personas: los militares no son
autónomos en Israel y, por tanto, existen responsables políticos de dichos
actos", afirma Boye.
La denuncia fue tramitada por el Juzgado de Instrucción n.º 4 de la
Audiencia Nacional, dirigido por el juez Fernando García Andreu, quien
decidió, antes de admitirla, reclamar a Israel información sobre si los hechos
ya han sido juzgados. Después de cinco meses Israel sigue guardando
silencio. "Pensamos que la respuesta que estamos esperando no es otra que
los bombardeos", se lamenta Boye, quien atisba detrás de esta demora una
intencionalidad política. "Creemos que, de momento, están primando, al menos
por parte de la Fiscalía, criterios más bien políticos que jurídicos, porque
sólo cuando se ha presentado una querella contra Israel se requiere el
cumplimiento de tal requisito".
No todos los países firmantes de las leyes internacionales han incorporado
éstas en sus legislaciones nacionales -como sí ha hecho España- complicando la
presentación de querellas. Es el caso de Gran Bretaña, que hace varios años
tramitó una denuncia contra el entonces ministro de Defensa israel Shaul
Mofaz por crímenes de guerra.
La presión de Tel Aviv logró que se cerrara el proceso legal. También
ocurrió en Holanda, donde fue inculpado por torturas Ami Ayalon, quien fuera
director del Shin Bet (la Inteligencia nacional israelí). Y en Nueva Zelanda,
donde Moshe Yaalon logró evitar una orden de detención en noviembre de 2006.
Pero los abogados especializados en Derechos Humanos prometen seguir
trabajando duro, y CPDH anuncia que va a insistir hasta acabar con la
impunidad.