(IAR
Noticias)
24-Septiembre-09
El depuesto
presidente de Honduras, Manuel Zelaya, dijo el martes que regresó
a su país para dialogar y resolver la crisis que desencadenó el
golpe de Estado en su contra, pero el gobierno de facto le contestó
con bombas, balas y una violencia nunca vista, sostuvo.
Por Juan Ramón Durán - IPS
E n la madrugada de este martes, fuerzas combinadas
de ejército y la policía desalojaron violentamente a unos 20.000
seguidores de Zelaya que desde el mediodía del lunes se apostaron
frente a la sede de la embajada de Brasil, donde éste permanece
refugiado, según dijo su esposa Xiomara Castro.
El presidente de facto, Roberto Micheletti, sostuvo que solo había
unas 2.500 personas movilizadas y que no hubo un solo muerto, pero
sí más de 200 detenidos y 12 heridos, ninguno de gravedad.
Al confirmarse el retorno de Zelaya a Tegucigalpa, el gobierno
decretó el toque de queda en todo del país desde la hora local 06:00
hasta las 18.00, el cierre de los cuatro aeropuertos y de las
aduanas con El Salvador, Nicaragua y Guatemala. También se suspendió
el servicio de telefonía fija y móvil.
Zelaya ingresó clandestinamente a Honduras el lunes a bordo de un
avión de un acaudalado empresario hondureño que el domingo salió de
Nicaragua hacia El Salvador. Allí el político dialogó con dirigentes
del gobernante Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y
luego partió hacia Tegucigalpa para refugiarse en la embajada de
Brasil, indicaron fuentes cercanas al ex gobernante.
El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, confirmó la presencia
de Zelaya en el aeropuerto de Comalapa la noche del domingo, pero no
reveló detalles. El hondureño, por su parte, indicó que había
viajado más de 15 horas a través de las montañas para llegar a
Tegucigalpa.
Con apoyo de sectores políticos conservadores, empresarios, el
parlamento y la justicia, Zelaya fue depuesto y capturado en su casa
en la madrugada del 28 de junio por militares que lo trasladaron en
pijama a un avión que lo llevó a Costa Rica.
Este martes, la cancillería hondureña solicitó al gobierno de Brasil
que defina si Zelaya tiene estatus de asilado o lo entregue a las
autoridades pues, sostuvo, se trata de un prófugo de la justicia y
está acusado de delitos comunes como abuso de autoridad e irregular
manejo de fondos públicos.
La Corte Suprema de Justicia tiene a estudio una serie de acciones
contra el depuesto gobernante.
Aunque Micheletti descartó un allanamiento de la embajada
--protegida por el principio de inviolabilidad de las sedes
diplomáticas-- trascendió que un equipo de abogados del gobierno
estudia las implicaciones de una acción de esta naturaleza.
En declaraciones a la prensa, Zelaya dijo que a su propuesta de paz
y diálogo Micheletti respondió con bombas lacrimógenas, disparos,
una antena que producía un ruido insoportable y potentes chorros de
un carro lanza-agua.
Zelaya confirmó que tras el desalojo de los manifestantes, las
autoridades cortaron los suministros de agua, electricidad y
telefonía de la embajada, además de impedir el ingreso de alimentos
y de socorristas para atender a personas con quebrantos de salud.
En la sede diplomática permanecen unas 300 personas en condiciones
muy difíciles, impedidas de salir por el toque de queda y la
inseguridad en las calles, si bien por ahora cuentan con energía
eléctrica gracias a un generador a gasóleo.
El gobierno de Brasil se manifestó muy preocupado por la situación y
advirtió que no toleraría ninguna agresión a su embajada. Poco
después solicitó una reunión de emergencia al Consejo de Seguridad
de la Organización de las Naciones Unidas para tratar la crisis de
Honduras.
En una carta enviada a los miembros del Consejo, Brasil dijo que
está preocupado por "la seguridad del presidente Zelaya y por la
seguridad y la integridad física de las instalaciones de la embajada
y su personal" y solicitó estar presente en la reunión de ese cuerpo
que no integra.
En el operativo de los uniformados fueron muy dañados una decena de
automóviles de lujo de residentes cercanos a la embajada, mientras
comandos especiales ingresaban a casas contiguas con el presunto fin
de atemorizar a Zelaya, a su familia y seguidores.
Grúas del ejército retiraron de la zona unos 10 automóviles de
miembros de la resistencia al golpe de Estado, incluyendo dos que
transportaban equipos de sonido para animar las marchas que
comenzaron el mismo domingo en que Zelaya fue depuesto del cargo.
La policía y el ejército bloquearon las calles próximas a la
embajada y, durante unas cuatro horas, persiguieron a manifestantes
que intentaban reagruparse y marchar sobre los cordones de
seguridad.
En barrios y colonias pobres y de clase media de Tegucigalpa hubo
intentos de bloquear las calles, evitados por la policía.
Mientras algunas fuentes estimaron que la presencia de Zelaya en
Tegucigalpa abre la posibilidad de una pronta salida a la crisis
política, círculos políticos y empresariales estiman que el hecho
terminó su carrera política y generó más apoyo para el gobierno de
Micheletti y para el proceso hacia las elecciones generales del 29
de noviembre.
Porfirio Lobo, candidato presidencial del opositor y derechista
Partido Nacional (PN), declaró que, según la propuesta formulada por
el presidente costarricense Óscar Arias para superar esta situación,
las partes en conflicto son Zelaya y Micheletti. "Si los dos están
en Tegucigalpa, pues deben iniciar a la brevedad un diálogo para
resolver la crisis que vive el país", dijo a Lobo a IPS por vía
telefónica.
El plan de Arias contempla el retorno de Zelaya a la Presidencia, un
gobierno de integración nacional, amnistía por los delitos políticos
y fortalecimiento y supervisión internacional del proceso electoral
para escoger a un nuevo gobierno que debería instalarse el 27 de
enero de 2010.
Según dijo Lobo a IPS, el bloque de su partido en el parlamento
apoyó el 28 de junio la investidura del entonces presidente de Poder
Legislativo, Roberto Micheletti, en lugar de Zelaya, pero
condicionando ese apoyo al diálogo y la reconciliación de la
sociedad hondureña.
Éste es el momento en que Zelaya y Micheletti deben deponer sus
intereses personales y dialogar para una pronta salida a la crisis,
insistió Lobo, y despejar el camino del proceso electoral, amenazado
por un boicot del Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe de
Estado.
Mientras, la organización internacional de derechos humanos Human
Rights Watch (HRW) dijo en un comunicado que había recibido
"denuncias creíbles de que la policía" hizo "un uso abusivo de la
fuerza, recurrió a bastones, gases lacrimógenos y balas de goma para
dispersar a los miles de seguidores de Zelaya".
"Ante las denuncias que hemos recibido y el deficiente desempeño de
las fuerzas de seguridad desde el golpe de Estado, creemos que las
condiciones podrían deteriorarse drásticamente durante los próximos
días", dijo el director de HRW para las Américas, José Miguel
Vivanco.
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