(IAR
Noticias)
14-Agosto-09
|
 |
|
Indígenas colombianos |
El principal líder
indígena colombiano recela de que las bases militares de su país que
serán usadas por militares estadounidenses retrotraigan a la época
del control de Estados Unidos sobre América Latina, y una dirigente
nativa teme que se repitan abusos sexuales de soldados extranjeros a
jóvenes aborígenes.
Por Gustavo Capdevila - IPS
El acuerdo entre Bogotá y Washington para el uso
estadounidense de siete bases militares en territorio colombiano,
que sacude a las diplomacias de América Latina, fue ignorado en las
discusiones sobre el comportamiento de Colombia ante la
discriminación racial que se desarrollan esta semana en Ginebra.
En la sesión del Comité de las Naciones Unidas sobre la Eliminación
de la Discriminación Racial, se plantearon los efectos de la
militarización en Colombia, un país que lleva casi medio siglo de
guerra interna, pero es verdad que se formó un vacío ante las
polémicas bases, dijo Karmen Ramírez Boscán, dirigente de la
Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC).
"Esta cuestión se debate con mucha profundidad a nivel nacional y
por supuesto debería haberse tratado aquí, en este órgano de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU)", dijo Ramírez Boscán, de
la etnia wayuu.
El hecho de que no se esté hablando de ello se debe a que todos
sabemos que "se viene una situación bastante delicada", indicó.
El acuerdo entre los dos países prevé el acceso a territorio
colombiano para militares estadounidenses que operarán estaciones
pequeñas, conocidas como centros operativos de avanzada (FOL, por
sus siglas en inglés) o centros de seguridad cooperativa (CSL). Para
la mujer colombiana, y en particular la mujer indígena, esto
presagia un cambio en su actual situación y una dificultad mayor.
"Pienso que directa o indirectamente esto genera violencia y por
supuesto afecta de manera más inmediata a las mujeres de Colombia",
dedujo Ramírez Boscán.
La dirigente indígena rememoró algunos casos que han sido estudiados
con relación a jóvenes madres solteras "de padres que han estado en
bases militares de Colombia. Fueron embarazadas por soldados
extranjeros, no por colombianos", respondió Ramírez Boscán a una
pregunta de IPS.
En resumen, "creo que definitivamente la presencia de militares
estadounidenses generará un cambio en el entorno local, donde estén
emplazadas las bases", ratificó.
El experto Wilbert van der Zeijden, del Transnational Institute,
había dicho a IPS en abril que "las bases militares son habitadas
sobre todo por hombres jóvenes, aburridos y frustrados. Lejos del
hogar, familia, amigos, novias o esposas, buscan distracciones en la
ciudad" más cercana.
"El resultado ha sido un notable aumento de delitos, incluyendo
violaciones, tráfico de drogas, robos y abusos violentos", señaló
Van der Zeijden.
Para el consejero mayor de la ONIC, Luis Evelis Andrade, bajo el
pretexto del narcotráfico y del combate al terrorismo se quiere
volver a la época en que Estados Unidos tenía control total sobre
los territorios de América Latina.
Algunas de las siete bases se encuentran en territorios donde se
asientan pueblos indígenas o descendientes de africanos. Pero otras
no, precisó Andrade.
"El Estado colombiano y su gobierno van a contramano de lo que yo
diría es el sentimiento y el imaginario colectivo respecto de lo que
significan las bases militares extranjeras en cualquier país, sobre
todo en América Latina", reflexionó.
"No se pueden aceptar las bases comandadas, operadas, administradas
por los norteamericanos (estadounidenses), ni tampoco las bases
operadas por militares colombianos con asesoría y presencia de
militares norteamericanos", precisó. Ni lo uno ni lo otro, "para
nosotros como pueblos indígenas", es aceptable.
La cooperación para luchar contra el narcotráfico no puede
significar la intromisión y la entrega de la soberanía de manera
velada a otro país, apuntó Andrade, que desde su posición de
consejero mayor ejerce la presidencia de la autoridad nacional de
los pueblos indígenas asentados en tierras de Colombia.
Las bases contarán con inmunidad judicial para el personal militar
estadounidense e instalaciones para que operen los aviones C-17, los
de mayor capacidad de transporte de pertrechos y de tropas, con una
autonomía de vuelo que les permitiría cubrir la mitad del continente
americano y, con el adecuado reaprovisionamiento, la totalidad de
América, excepto el austral Cabo de Hornos.
Andrade observó que el gobierno colombiano plantea que esto
solamente tiene implicaciones dentro del territorio nacional. Pero
todos los expertos, como también otros gobiernos, tienen muy claro
que estas aeronaves y la tecnología que se va a utilizar sobrepasan
las fronteras y que se puede convertir en una estrategia de
espionaje sobre los territorios de otros países, dijo.
"Si por un lado ya estamos cansados del conflicto armado interno,
creemos que no se deben implementar estas bases, pues consideramos
que van a afectar las relaciones con otros países de frontera",
agregó.
Por ejemplo, los obstáculos para las relaciones entre Colombia y
Ecuador y entre Colombia y Venezuela tienen implicaciones en asuntos
como la atención de salud y la seguridad alimentaria de más de 20
pueblos indígenas que viven en las fronteras colombo-venezolana y
colombo-ecuatoriana.
Eso ocurre por todo el manejo del conflicto colombiano, que desborda
los límites nacionales, opinó Andrade. Y la cuestión de las bases
militares ya genera problemas para los indígenas y "diría que para
todos los sectores pobres que viven en la frontera
colombo-venezolana, como lo ha dicho el mismo presidente de
Venezuela, Hugo Chávez", afirmó.
El gobierno de Chávez congeló las relaciones con Colombia a raíz del
acuerdo sobre las bases militares. Los dos países tienen estrechos
vínculos económicos.
El dirigente indígena criticó que cuando se habla de los efectos de
la nueva tirantez entre Bogotá y Caracas sólo se aluda a la crisis
de los sectores económicos dominantes, como los fabricantes de
automóviles, los industriales textiles y los exportadores de carne,
por ejemplo.
"Pero nadie habla de la problemática de las comunidades que viven en
las fronteras, que generalmente, como en el caso colombo-venezolano,
reciben la mayor parte de su alimentación o de su abastecimiento en
víveres, en vestido y aun en salud, desde Venezuela", aseveró
Andrade.
Ramírez Boscán recordó que, según el Estado colombiano, la
instalación de las bases es "prácticamente un mal necesario" para
combatir a la guerrilla y el narcotráfico. Pero "pensamos que es
toda una estrategia para poder controlar desde una zona geográfica
muy importante todo lo que está pasando en América Latina, en países
como Ecuador, Venezuela", dijo.
La dirigente indígena valorizó que en la cumbre de la Unión de
Naciones Suramericanas (Unasur), realizada el lunes en Quito, se
resolviera celebrar una reunión el 27 de agosto en Bariloche, sur de
Argentina, para examinar la reacción de América Latina ante la
concesión de Colombia a Estados Unidos.
"Es importante que se haya llamado a cuentas al Estado colombiano
por parte de otros Estados, porque realmente no sabemos cuáles son
las intenciones del gobierno", insistió.
En Colombia ha habido mucho rechazo a las bases por parte de las
organizaciones de derechos humanos e indígenas, y en general de la
sociedad civil, indicó. "La respuesta del gobierno ha sido de
indiferencia frente a las manifestaciones de repulsa", aseveró
Ramírez Boscán.
|