(IAR
Noticias)
27-Mayo-09
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Foto publicada en el diario
Infobae, tendiente a estigmatizar al movimiento piquetero no oficialista
como "antisermita" y "terrorista". |
Con los compañeros que hoy están presos acusados de
“antisemitas” por protestar contra la invasión a Gaza hemos desarrollado una
escuela de formación política piquetera.
A la memoria de Simón Radowitzky y Raymundo Gleyzer
Por Néstor Kohan -
La Haine
Los
hechos
Se sabe. Salió publicado en la tapa de Clarín y en varios canales de
televisión. En Argentina hubo un acto pequeñísimo --algunos pocos cientos de
personas que no llegaban al medio millar-- en conmemoración del estado de
Israel organizado por la embajada de ese país junto con el gobierno porteño de
la derecha neoliberal clásica vinculada al empresario Mauricio Macri. Un
pequeñísimo grupo de manifestantes --que no llegaba a dos decenas-- intentaron
disentir con el sionismo repartiendo volantes en el acto y se armó una
trifulca. Represión policial. Los manifestantes críticos del sionismo
golpeados y presos. Una brutal campaña mediática para ilegalizar a la
izquierda piquetera. La acusación central: “antisemitismo”. Persecución,
allanamientos, encarcelamientos, judicialización. Intento de eliminar planes
sociales, cuestionamientos a todo el movimiento piquetero no oficialista.
Bajo presión de la embajada del estado de Israel y de la embajada de los
Estados Unidos en Argentina, el gobierno de Cristina Kirchner y los jueces
allanan un local piquetero en la provincia de Buenos Aires, encarcelan a otros
diez militantes además de los que ya estaban presos por el acto. Histeria
mediática que acusa a toda la izquierda no institucional--principalmente de
origen marxista-- de... “antisemita”.
¿Quién escribe y quién opina?
Algunos antisemitas disimulan y esconden sus prejuicios con el ajetreado y
manoseado “tengo un amigo judío”. Yo no tengo un amigo judío. Simplemente
parte de mi familia fue torturada y masacrada por los genocidas nazis
(genocidio que no tuvo nada de “holocausto”.
No fue “un castigo de Dios”, sino una empresa política bien mundana y
terrenal, planeada y ejecutada en forma burocrática a partir de un proyecto de
reordenamiento y contrarrevolución capitalista, de factura europeo occidental
pero cuyas pretensiones imperialistas apuntaban a todo el planeta). Y si mi
familia no hubiera sufrido ese genocidio en carne propia igual tendría derecho
a opinar.
Nuestro vínculo con los presos
Conocemos a muchos de ellos y ellas. Con algunos hemos compartido
militancia, formación política y estudio durante años y años, décadas. En
barrios de la periferia de la provincia de Buenos aires, Argentina. También en
escuelas de formación política del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil.
Igualmente en actividades conjuntas junto a los pueblos originarios e
indígenas de Bolivia. Nos conocemos bien, principalmente con los compañeros
del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR).
Ellos asistieron a nuestra Cátedra Che Guevara durante años. En la
Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, primero, en el Hotel Bauen,
después.
Precisamente en el local que fue allanado por la policía, conocido en el
barrio de Florencio Varela (uno de los más humildes de la provincia de Buenos
Aires) como el cabildo de Castelli, con estos compañeros que hoy están en
prisión acusados de “antisemitas” hemos desarrollado una escuela de formación
política piquetera y barrial. Lo hicimos en forma totalmente gratuita,
absolutamente voluntaria, sin cobrar jamás un solo peso.
Con la gente de los barrios leíamos y estudiábamos a Antonio Gramsci y al
Che Guevara. ¡Gravísimo! ¡Terrible! También discutíamos sobre historia
argentina. Mirábamos con la gente de los barrios, amas de casa, obreros
ocupados, obreros desocupados, muchachos y chicas humildes, de la clase
trabajadora, películas. Por ejemplo vimos y discutimos “Los traidores” de
Raymundo Gleyzer (¿Quiénes hoy encarcelan a estos compañeros se habrán sentido
aludidos por esa película?). Incluso alguna vez con estos compañeros hicimos
un taller de filosofía en los barrios donde, junto con trabajadores y
trabajadoras, amas de casa y muchos jóvenes analizamos el capítulo séptimo del
libro Cosmos del investigador, profesor y astrónomo de la NASA (institución
norteamericana..., señor embajador de los Estados Unidos... Sí,
norteamericana... ¡horror!), Carl Sagan: “El espinazo de la noche”.
¡Gravísimo! ¡Peligro! ¿Clases de filosofía en los barrios? ¿En medio de la
calle de barro? ¿En medio de los chicos corriendo y con los perros ladrando
alrededor? ¡Inconcebible! ¡Gravísimo! La filosofía es para los niños de la
elite, no para la gente humilde y los trabajadores de los barrios.
¡Terroristas!¡Inadaptados! ¡Autoritarios! ¿Cómo se les ocurre socializar el
saber? ¡Subversivos! ¡Deberíamos volver a hablar en latín y que la cultura sea
para pocos! ¡Loquitos sueltos!
La demonización mediática es tremenda. Presentan a estos compañeros como si
fueran oscuros y monstruosos “terroristas” de las películas más baratas de
Hollywood. Los conocemos bien. Si no fuera trágico... nos daría risa. Es más,
ya nos reiremos juntos cuando estos compañeros salgan de la cárcel...
¿El estado de Israel defiende al pueblo judío?
¿Los acusan de “antisemitas”? ¿Israel protege al pueblo judío? ¿La embajada
de Israel y la embajada yanqui en Argentina son los «papás» del pueblo judío?
El estado de Israel habla hoy en nombre de las víctimas del genocidio nazi,
de los sobrevivientes y de sus familias. Para legitimarse, se autopostula
“protector” de los judíos y representante de los familiares y las víctimas del
nazismo.
Pensemos un poco. Hagamos memoria.
Si Israel nos protegiera, no entiendo porque el estado de Israel fue un
aliado estrecho y fiel de Videla y Massera, dictadores simpatizantes de Adolf
Hitler (como todas las Fuerzas Armadas argentinas, según lo demuestra el
documental «Panteón militar» del historiador y periodista Osvaldo Bayer). El
general Videla era un católico ultramontano, que preconizaba la guerra
contrainsurgente como si fuera una guerra santa contra los ateos marxistas.
Todos los manuales de la escuela secundaria de aquella época así lo prueban.
El almirante Massera, a su vez, era integrante de la logia neonazi P2. ¿Por
qué el estado de Israel tenía una alianza tan estrecha con esta dictadura
militar?
En su época el Movimiento Judío por los Derechos Humanos (MJDH) había
calculado que de los 30.000 desaparecidos y desaparecidas en Argentina,
aproximadamente entre 1.500 y 2.000 eran de origen judío. Una proporción
bastante mayor (en realidad corresponde a 16 veces más) si se la compara con
la relación cuantitativa de la comunidad judía con el conjunto de la población
total de nuestro país. No fue casual.
Eso se explica al menos por dos razones. En primer lugar, por la activa
militancia del judaísmo progresista y de izquierda en las organizaciones
revolucionarias argentinas (incluyendo las político-militares PRT-ERP, FAR,
Montoneros y otras similares). En segundo lugar, por el carácter brutalmente
antisemita de los militares argentinos. Hay numerosísimos testimonios, por
ejemplo en el Nunca más (un libro que no tiene posiciones de “ultraizquierda”
precisamente... ya que el prólogo de Ernesto Sábato fortaleció la tristemente
célebre “teoría de los dos demonios”) sobre el ensañamiento especial de los
torturadores militares con los prisioneros y secuestrados de origen judío, las
torturas “especiales”, las marchas nazis que les hacían escuchar en las
cámaras de tortura, etc.,etc. El general Camps, jefe policial que se
responsabilizó de la desaparición y asesinato de 5.000 prisioneros, era un
confeso antisemita. Su odio a los judíos lo expresaba cada vez que podía. No
era el único, sólo uno de los más conocidos y cínicos.
¿Qué hizo el estado de Israel para proteger no ya a los 30.000
desaparecidos y desaparecidas en general, sino especialmente a los 1.500 ó
2.000 desaparecidos judíos?
Según reconoce Pinjas Avivi, el entonces cónsul de la embajada del estado
de Israel en Argentina (entre 1978 y 1981), cuando acompaña al periodista
Jacobo Timerman (uno de los pocos, quizás el único, que logró salvarse) al
aeropuerto de Ezeiza le pide... no que denuncie a la dictadura y las tremendas
torturas que sufrió... ¡sino todo lo contrario...! “Le pedí que no atacara al
gobierno militar porque corría peligro nuestro trabajo” (Página 12, 8/9/2001).
El funcionario israelí reconoce que este tipo de actitud respondía a que: “no
queríamos dañar las relaciones diplomáticas entre Israel y la Argentina”. El
mismo funcionario reconoce que “hubo detenidos que rechazaron nuestra ayuda.
Ellos nos espetaron: «Ustedes son colonialistas, genocidas y conquistadores.
No queremos vuestra ayuda. Ustedes son peores que los generales»” (http://www.hagshama.org.il
[1/2/2000]). Iosi Sarid, uno de los diputados de Israel del Frente de
Izquierda Meretz reveló que en los archivos de la cancillería israelí y en el
ministerio de Defensa de Israel hay pruebas que niegan la versión acerca de la
supuesta “ignorancia” del estado israelí respecto a las masivas
desapariciones, secuestros y torturas de judíos en Argentina, “pruebas que se
trataron entonces de ocultar para no molestar a las «buenas relaciones», y
entre ellas la venta de armas” (18/11/2003, www.wzo.org.il).
La colaboración del estado de Israel --venta de armas, votos de la dictadura
a favor de Israel en Naciones Unidas, etc.-- con la dictadura militar, genocida
y antisemita del general Videla no fue una excepción. Lo mismo hizo con otros
regímenes fascistas o de extrema derecha como los de Augusto Pinochet (que
usaba el uniforme nazi) en Chile, Anastasio Somoza en Nicaragua o el régimen
neonazi del apartheid en Sudáfrica. Todos estrechos aliados, como Israel, de
la cabeza madre de la serpiente extremista, el estado norteamericano: USA.
¿Una casualidad?
¿El apoyo entusiasta a Somoza tenía que ver con “la defensa del judaísmo”?
Comandos israelíes hoy combaten a la insurgencia marxista de las FARC-EP o
asesoran a los narco-militares de Uribe en las selvas y montañas de
Colombia... ¿para “defender a los judíos”? ¿Cuáles son los judíos que viven en
las montañas o selvas de Colombia? ¡Queremos conocerlos para compartir algunas
comidas o mirar juntos algunas películas de Woody Allen!
Cuando el famoso intelectual estadounidense Noam Chomsky (de origen judío,
quien vivió varios años en Israel y se marchó sumamente decepcionado y
amargado) afirma que las FARC-EP de Colombia no son terroristas y que, en
cambio, la política oficial del estado de Israel es de extrema derecha, no
sólo en medio Oriente sino en todo el mundo... ¿será acaso un “terrorista
antisemita”?
Lejos de la tradición humanista de Sigmund Freud, Albert Einstein y Karl
Marx que supiera defender el entrañable escritor judío Isaac Deutscher, hoy
Israel hace culto de la limpieza étnica y la discriminación, construye un muro
de intolerancia (por el que nadie se “ofende” como ocurriera hipócritamente
con el muro de Berlín...), legaliza la monstruosidad de la tortura (llamándola
con el mismo eufemismo del que hacen gala los “demócratas” norteamericanos..
“interrogatorios fuertes”) y practica sobre los demás lo mismo que alguna vez
sufrió en carne propia el pueblo judío. Como bien alertó en su época el
pensador judío Martín Buber: “Deberemos enfrentar la realidad que Israel no es
inocente ni redentora. Y que en toda su creación, y expansión, nosotros como
judíos hemos causado lo que hemos sufrido históricamente: una población de
refugiados en la diáspora”.
Como alguna vez escribió en su libro Ser judío el filósofo judío y marxista
argentino León Rozitchner: “¿Qué extraña inversión se produjo en las entrañas
de ese pueblo humillado, perseguido, asesinado, como para humillar, perseguir
y asesinar a quienes reclaman lo mismo que los judíos antes habían reclamado
para sí mismos? ¿Qué extraña victoria póstuma del nazismo, qué extraña
destrucción inseminó la barbarie nazi en el espíritu judío? ¡Qué extraña
capacidad vuelve a despertar en este apoderamiento de los territorios ajenos,
donde la seguridad que se reclama lo es sobre el fondo de la destrucción y
dominación del otro por la fuerza y el terror? Se ve entonces que cuando el
estado de Israel enviaba sus armas a los regímenes de América Latina y de
África, ya allí era visible la nueva y estúpida coherencia de los que se
identifican con su propios perseguidores. Los judíos latinoamericanos no lo
olvidamos. No olvidemos tampoco Chatila y Sabra”.
¿Quién es el enemigo?
¿Nos permiten un consejo? A los muchachos del MOSSAD
y las Fuerzas Armadas de Israel, humildemente, les sugerimos que si lo que
buscan es adrenalina y venganza por los feroces asesinatos nazis del pasado
contra el pueblo judío... pues bien... entonces... ¿por qué no planificar y
prepararse para atacar en forma mortífera y demoledora a las grandes empresas
europeas y estadounidense que se enriquecieron con el genocidio nazi? Como
bien explica el formidable libro Negocios son negocios, para los empresarios que financiaron el ascenso de Hitler al poder del escritor judío Daniel Muchnik, el nazismo no fue una
“anomalía”.
Los jerarcas políticos, militares e ideológicos del nazismo son conocidos:
Hermann Göring, Joseph Goebbels, Ernst Röhm, Alfred Rosemberg, Ulrich F.J.von
Ribbentrop, Heinrich Himmler, Rudolf Hess, Gottfried Feder, Josef Mengele,
entre otros. Mucho menos lo son, en cambio, los empresarios
beneficiarios-cómplices, socios de intereses, aliados o colaboracionistas del
nazismo en Alemania.
La lista es larga y Muchnik la recorre minuciosamente. Entre otros incluye
a las empresas Siemens (eléctrica), a BMW y Volkswagen (automotrices), a Fritz
Thyssen (industrial siderúrgico que murió en 1951 en Buenos Aires), a Gustav
Krupp (dueño del gigante del acero alemán), a Ernst Heinkel (desde 1938
“führer económico-militar”) y a Emil Kirdorf (empresario del carbón). Estos
empresarios, recuerda amargamente Muchnik, aun habiendo utilizado mano de obra
esclava de los prisioneros judíos, comunistas o gitanos salieron airosos de
los juicios de Nuremberg... ¿Una mera casualidad?
¿Acaso hoy en día --vuelve a preguntarse Muchnik-- no siguen operando con
total impunidad empresas de origen nazi (derivadas de la IG Farben, que
fabricaba el raticida de las cámaras de gas) como la Bayer, la Hoesch o la
BASF, demandadas por sobrevivientes del genocidio nazi?
Muchnik aporta entonces una cantidad enorme de datos sobre la colaboración
sistemática, los negocios o incluso la simpatía ideológica que mantuvieron con
Hitler--aún durante la segunda guerra mundial-- empresas como la General Motors
(asociada con IG Farben), la General Electric, la Brown Boveri (filial de
Westing House), el británico Unilever, la Shell, la United Steel, el Chase
Manhattan Bank de Rockefeller, la Standard Oil, la TEXACO, la ITT (la del
golpe de estado de 1973 en Chile), el National City Bank, el grupo editorial
Bertelsman, dueño de RCA y accionista mayoritario de American On Line (el
principal proveedor de Internet de EEUU) y la Ford. ¡Todos ellos se llenaron
de dinero con el nazismo y hoy, en pleno siglo XXI, siguen abultando sus
cuentas bancarias y sus acciones con total impunidad!.
Ahí tendrían que atacar y dirigir su violencia mortal, muchachos de MOSSAD
y las Fuerzas Armadas de Israel, no a los refugiados palestinos, no a las
escuelas palestinas, no a los hospitales palestinos, no a las familias
palestinas... El enemigo tampoco son los piqueteros de Argentina, la
insurgencia de Colombia, los negros de Sudáfrica. El enemigo son las grandes
empresas que amasaron fortunas con el nazismo.
¿Se confundieron de enemigo, muchachos, o ustedes son amigos y cómplices de
ese enemigo? Lean ese libro, “desinformados” muchachos del MOSSAD...
¿Los revolucionarios son “terroristas antisemitas”?
La literatura sionista, la gran prensa del poder (monopólico), la embajada
de los Estados Unidos y la embajada de Israel han logrado construir un gran
sofisma. Todo revolucionario es... “un terrorista”. Si cuestiona la política
de estado de Israel o Estados Unidos es, además, un “terrorista antisemita”.
¿Cómo llamarían los dirigentes sionistas y los monopolios de (in)comunicación
a uno de los principales fundadores de las FAR (Fuerzas Armadas
Revolucionarias) de la Argentina de los años ‘70, el militante de origen judío
y comunista Marcos Osatinsky? Marcos Osatinsky no sólo era guevarista,
promovía una opción político-militar, era aliado de Cuba y defendía la causa
palestina. Estuvo prisionero por la dictadura militar en la cárcel de Rawson,
se fugó en tiempos de la “masacre de Trelew”, pasó por el Chile de Salvador
Allende y llegó a Cuba, donde además de hacer trabajo voluntario se fotografió
con Mario Robi Santucho y otros revolucionarios antiimperialistas de aquella
época. Este gran revolucionario de origen judío hoy está desaparecido. ¿Marcos
era un “terrorista antisemita”?
¿Cómo llamarían los dirigentes sionistas y los monopolios de (in)comunicación
al joven obrero judío libertario Simón Radowitzky que a comienzos de siglo
ajustició con un explosivo al feroz coronel de la policía Ramón Falcón, luego
de que este último masacrara a obreros indefensos en un acto por el primero de
mayo en una plaza porteña? Simón Radowitzky fue castigado con más de dos
décadas de torturas, vejámenes y reclusión en las peores cárceles del sur
argentino, tras cuya deportación a Montevideo marchó a combatir con las armas
en la mano en los batallones internacionalistas en la guerra civil española.
¿Simón era un “terrorista antisemita”?
¿Cómo llamarían los dirigentes sionistas y los monopolios de (in)comunicación
a Teresa Israel, joven abogada de guerrilleros y militantes populares? Esta
joven judía comunista abogada de presos políticos, una de las más audaces que
incursionó en el tenebroso cuartel militar de Campo de Mayo denunciando las
torturas a los detenidos, se metía en los años ’70 en los cuarteles para
intentar salvar la vida de los revolucionarios secuestrados y torturados por
los militares argentinos (aliados del estado de Israel). Hoy está
desaparecida. Muchos centros culturales y barriales llevan el nombre de
Teresa, joven judía revolucionaria. ¿Teresa era una “terrorista antisemita”?
Cómo llamarían los dirigentes sionistas y los monopolios de (in)comunicación
a Raymundo Gleyzer, joven militante judío, primero comunista y luego
combatiente del guevarista Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército
Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). En casa familiar de Raymundo se fundó el
teatro IFT, uno de los baluartes culturales del judaísmo progresista
argentino, hoy ubicado en el barrio de Once. Raymundo, brillante y apasionado,
dirigió el grupo Cine de la Base y fue el gran cineasta de la insurgencia
argentina, amiga de la causa palestina. ¿Raymundo era un “terrorista
antisemita”?
La lista de ejemplos sigue y es incontable. No sólo de Argentina sino de
toda América Latina y el mundo.
¿El joven dirigente uruguayo Jorge Zabalza, que comenzó militando en la
agrupación judía Hashomer Hatzair, visitó Israel, vivió en un kibbutz y luego
al regresar se convirtió en uno de los comandantes y uno de los nueve rehenes
históricos en Uruguay pertenecientes al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros,
organización amiga de la causa palestina? ¿El «tambero», como lo llaman en
Uruguay, es un “terrorista antisemita”?
¿Y Mauricio Rozencof, igualmente judío, otro de los fundadores de Tupamaros
en Uruguay? ¿Era un “terrorista antisemita”?
Y Enrique Oltusky, joven militante judío cubano, que se convirtió en
estrecho colaborador del comandante Ernesto Che Guevara (Oltusky, junto con su
amigo Orlando Borrego, fue el organizador de las Obras Completas del Che
conocidas por el título El Che en la revolución cubana. Los tres, Oltusky,
Borrego y Guevara, estudiaron juntos El Capital en Cuba). Como su jefe
Guevara, Oltusky era amigo de la causa palestina. ¿Era Enrique un “terrorista
antisemita”?
Y si nos vamos aún más para atrás... ¿El joven guerrillero socialista
Mordejai Anielevich, que mientras los grandes popes del sionismo negociaban
con los nazis, organizaba en el guetto de Varsovia el único camino para
enfrentar a los fachos, es decir, la lucha armada... ¿Era un “terrorista
antisemita”?
La criminalización macartista de los revolucionarios --especialmente de
aquellos que tienen o asumen posiciones radicalizadas-- y la falacia de
homologarlos con el brutal y monstruoso antisemitismo de origen nazi no
reviste el menor análisis histórico. Únicamente a condición de borrar, no sólo
la heroica resistencia palestina sino incluso la propia historia de honor y
valentía del judaísmo revolucionario y socialista --impulsor de la lucha
armada-- se puede aceptar la propaganda oficial del MOSSAD, el estado de Israel
y la embajada de Estados Unidos.
¿La izquierda piquetera “antisemita”?
Todavía hoy sigue sin resolverse el atentado a la AMIA. Mientras la
dirigencia oficial del sionismo se abrazaba con los políticos del sistema y
aplaudía al presidente Carlos Saúl Menem, todo el mundo sabía que había una
“pata local” en el atentado. Atentado que no se hizo en los barrios donde
viven los judíos ricos, chetos y millonarios sino en el barrio de Once, uno de
los más populares de la ciudad de Buenos Aires (precisamente el mismo barrio
donde a principios del siglo XX tuvo lugar la “semana trágica”, cuando los
hijos y los “niños bien” de los empresarios y las bandas parapoliciales salían
a reprimir obreros insurrectos y a cazar “judíos-bolcheviques”, vejando
mujeres y niños y asesinando a mansalva en nombre de “la patria”). En la “pata
local”· del atentado a la AMIA, todo el mundo sospechaba que había puesto su
garra sucia y corrupta la policía de la provincia de Buenos Aires,
popularmente conocida como “la bonaerense”. También se sospechó que los
militares carapintadas --ex instructores en contrainsurgencia en las escuelas
yanquis del canal de Panamá-- habían colaborado.
Pero a nadie, absolutamente a nadie, ni siquiera a los más delirantes o
fantasiosos, se le ocurrió que el movimiento piquetero estuvo mezclado con el
atentado a la AMIA.
¿Por qué entonces ese odio y esa histeria que ahora vemos en todos los
monopolios de la incomunicación contra la izquierda piquetera?
Pedimos permiso para contar una anécdota. Resulta que hace unos años, una
de las organizaciones de víctimas del atentado a la AMIA, los compañeros de
APEMIA, organizaron un acto en la calle Corrientes y Pasteur, barrio de Once,
Capital Federal de Argentina. Hubo bastante concurrencia. Cuando un trabajador
morocho y muy humilde del Polo Obrero intentó subir al estrado a solidarizarse
con las familias de las víctimas, algunos sionistas que estaban en el público
comenzaron a insultarlo, abuchearlo e intentaron echarlo. Casi nos agarramos a
golpes.
¿Por qué ese odio de clase? ¿Al sionismo le interesa el pueblo judío o en
realidad defiende sus propios intereses, incluso contra los propios judíos? Si
de verdad le interesara el bienestar de los judíos NUNCA, repito, NUNCA
hubiera apoyado una dictadura antisemita como la de Videla y Massera.
¿El sionismo nos protege?
Pido permiso para contar otra anécdota personal, esta de la adolescencia.
Resulta que en la escuela secundaria militábamos en el centro de estudiantes.
Algunos de nuestros amigos eran judíos, otros católicos y un compañero era de
origen árabe, aunque de fe católica. Sin renegar de nuestro origen, nosotros
éramos (y somos) ateos. Sin embargo, aprovechando el “día del perdón” (no nos
ponían inasistencia), faltamos a clase, como gran parte de los adolescentes
intentando escapar de la disciplina escolar. Junto con los de apellido judío
también faltaron nuestros amigos de origen católico y el de origen árabe. ¿Qué
se encontró la barra de amigos al día siguiente al regresar a clase? En cada
uno de nuestros bancos de madera había pintada una inmensa cruz svástica
(nazi) de color rojo con cada uno de nuestros nombres. La primera reacción,
instintiva, fue irnos a los puños. Pero rápidamente, pensando políticamente,
como militantes del centro de estudiantes hicimos una denuncia pública de este
gravísimo hecho antisemita. Como dirigentes del centro de estudiantes
recorrimos muchísimos diarios. Nadie publicó nada. El único periódico que
publicó la denuncia fue Nueva Presencia, órgano periodístico que había sido en
tiempos dictatoriales baluarte cultural de la resistencia popular. Dirigido
por el periodista Herman Schiller (a Herman lo conocimos personalmente muchos
años después militando con las Madres de Plaza de Mayo), Nueva presencia le
dio lugar en sus páginas a la colorida familia de la izquierda argentina,
judía y no judía.
Inmediatamente después de la denuncia vinieron a la escuela dirigentes
sionistas. No recuerdo ahora si eran de la OSA o de la DAIA. Pero era un
dirigente entonces de peso y renombre. Vino a averiguar y a pedir
explicaciones por el hecho antisemita. El rector de la escuela, facho
disfrazado de liberal, jurista legitimador de los golpes de estado y
columnista del diario de extrema derecha La Prensa, nos llamó a los
estudiantes agredidos y también al agresor (quien vino junto con su padre) que
había pintado las cruces nazis. En medio de la discusión, el rector le dice al
dirigente sionista, señalándome con el brazo extendido: “Porque este
estudiante es marxista y milita en el fascismo rojo”. Automáticamente al
dirigente sionista se le cruzaron los ojos. Se olvidó al instante del joven
neonazi, de las cruces svásticas, de la agresión antisemita y empezó a
insultarme. Yo no entendía nada. ¿No venía a defendernos de los nazis?
¿Nosotros no éramos los atacados? ¡No! Para el dirigente sionista, que no era
un muchacho ignorante sino un alto dirigente del sionismo argentino, era más
peligroso un estudiante marxista judío que un nazi que pintaba svásticas...
¡¡¡Increíble!!! En aquella época yo era muy chico. No entendí nada. La
situación me parecía un absurdo y absolutamente ridícula. De agredido y
denunciante yo había terminado siendo acusado... ¡Nada menos que por otro
judío! Años después lo comprendí muy bien...
¿Los palestinos nos odian?
¿Los palestinos nos odian? No es cierto. Gravísimo error confundir judaísmo
con sionismo. Confusión que resulta falsa a todas luces, si se la esgrime en
defensa del estado de Israel como si se lo hace en contra de Israel. La
resistencia palestina --al menos en sus vertientes y organizaciones más
lúcidas, las que provienen de un tronco antiimperialista laico y socialista--
lucha contra la política de estado de Israel, no contra todos los judíos en
general.
Si se me permite, quisiera contar una tercera anécdota para ilustrar este
pensamiento.
Cuando se inauguró la Escuela Nacional «Florestan Fernandes», cerca de San
Pablo, a iniciativa del Movimiento sin Tierra (MST) de Brasil, allí nos
encontramos militantes de muchas partes del mundo, todos unidos por las mismas
banderas y los mismos ideales, los más nobles que ha conocido la humanidad
hasta el momento. Había, entre muchísima otra gente, judíos no israelíes.
También había marxistas israelíes. Igualmente estaban presentes madres
palestinas. Estas últimas vestidas con sus pañuelos y túnicas tradicionales.
Todavía recuerdo con una emoción indescriptible el inmenso abrazo
internacionalista y fraterno que estas madres nos dieron a todos y todas por
igual, incluyendo a los judíos no israelíes y a los marxistas de Israel,
sabiendo perfectamente quien era cada uno. No me lo contó nadie. No lo leí en
ningún libro. No lo vi en ninguna película. Ese abrazo entrañable, afectuoso y
fraternal de palestinas y judíos, palestinos y judías, simbolizó para nosotros
un adelanto de cómo se podría vivir y convivir si este mundo cruel y mezquino,
no lo gobernaran el imperialismo y las burguesías, con todo su abanico de
primitivismo político, odio racial, opresión nacional y fanatismo religioso
sino los pueblos organizados sobre un proyecto socialista de alcance mundial.
No es un sueño delirante, es algo posible y al alcance de la mano, con la
condición de sacarnos de encima a los dueños del poder burgués, del mercado,
del capital y de la guerra fraticida.
Por todo esto, les pedimos a los señores defensores del sionismo que hagan
toda la propaganda que quieran y se les antoje, pero...
¡Basta ya! ¡No la hagan en nuestro nombre!
¡No usen la memoria de nuestros abuelos y bisabuelos torturados,
perseguidos, y masacrados por el nazismo para fines mezquinos, egoístas e
indefendibles!
¡Viva la causa de los hermanos y hermanas palestinas!
¡Viva el socialismo!
¡Libertad a todos los presos y presas políticas!
23 de mayo de 2009
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