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(IAR
Noticias)
11-Abril-09
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Una jornada maratónica. El vice presidente García
Linera (centro) preside la sesión parlamentaria del jueves 9 de abril. (Foto
AFP) |
Desde su arribo al poder hace tres años -con un inédito 54% de los votos- la
gestión de Evo Morales fue desafiada por la poderosa burguesía agroindustrial
del oriente boliviano. Y, como lo señaló el vicepresidente Álvaro García Linera,
el "empate catastrófico" se fue resolviendo mediante una complicada y agobiante
suma de elecciones y referendos.
Por
Pablo Stefanoni - Clarín
2
de julio de 2006: con el 51% del oficialista MAS logró controlar la Asamblea
Constituyente. No obstante, la cláusula que obligaba a redactar la nueva Carta
Magna por dos tercios dejó a la convención al borde del naufragio. En la misma
consulta se plebiscitó la transición del
actual régimen unitario a otro autonomista "a la española". Evo llamó al
voto negativo, que se impuso por 57% a nivel nacional; pero en la llamada Media
Luna el Sí obtuvo la mayoría y consolidó una agenda que
hoy es aceptada incluso por el
oficialismo.
Referendos autonomistas: entre mayo y junio de
2008, cuatro de los nueve
departamentos bolivianos (Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando) votaron su autonomía
en consultas sin base legal, pero que no pudieron ser impedidas por el Estado
central. El Sí obtuvo elevados porcentajes de aceptación que llegaron a superar
el 80%.
Referéndum revocatorio: propuesto originalmente por el propio Evo Morales para
salir de la crisis política, la propuesta fue resucitada en el Parlamento por
una parte de la oposición y rechazada por los departamentos autonomistas. Casi
nadie se animó a hacer campaña por el No y confirmar que quieren "tumbar al
indio", como denunció Morales. Conclusión: el resultado fue una doble victoria
para el jefe de Estado. El 67% de apoyo cosechado en agosto pasado acabó con las
especulaciones acerca de la pérdida de apoyo de su proyecto, dividió a la
oposición y consolidó la idea de invencibilidad de Evo "haga lo que haga".
Referéndum constitucional: cuando la nueva Constitución -de matriz estatista y
"descolonizadora- parecía más cerca de la muerte que de la vida, otra vez fue la
oposición parlamentaria la que dio oxígeno al Ejecutivo. Con la idea de limitar
sus aristas más radicales, la derecha congresal negoció un texto más moderado,
pero -otra vez- intolerable para la dirigencia cruceña. Lo que un año atrás
parecía imposible ocurrió: un 62% de los bolivianos le dijo sí a la nueva Carta
en enero. Y ahora vienen las dificultades: lograr que un Congreso cuya Cámara
Alta es controlada por la oposición de a luz el armazón legal para aterrizar los
nuevos preceptos constitucionales.
Diciembre de 2009: en el marco de la nueva Constitución, los bolivianos volverán
a las urnas para elegir presidente y un
nuevo Parlamento Plurinacional. Con el derecho a una reelección incluido
en el texto, Morales buscará seguir en el poder hasta 2014. Y consolidar un
proyecto desafiado desde la oposición pero también desde su propia tropa, como
lo demuestra el último escándalo de corrupción en la petrolera estatal, que
erosionó hasta el límite su política estrella: la nacionalización de los
hidrocarburos.
Desde su arribo al poder hace tres años -con un inédito 54% de los votos- la
gestión de Evo Morales fue desafiada por la poderosa burguesía agroindustrial
del oriente boliviano. Y, como lo señaló el vicepresidente Álvaro García Linera,
el "empate catastrófico" se fue resolviendo mediante una complicada y agobiante
suma de elecciones y referendos.
Constituyente. Con el 51% del oficialista Movimiento al Socialismo (MAS) el
gobierno logró controlar la Asamblea Constituyente en julio de 2006. No
obstante, la cláusula que obligaba a redactar la nueva Carta Magna por dos
tercios dejó a la convención al borde del naufragio. En la misma consulta se plebiscitó la transición del actual régimen unitario a otro autonomista "a la
española". Evo llamó al voto negativo, que se impuso por 57% a nivel nacional;
pero en la llamada Media Luna el Sí obtuvo la mayoría y consolidó una agenda que
hoy es aceptada incluso por el oficialismo.
Referendos autonomistas. Entre mayo y junio de 2008, cuatro de los nueve
departamentos bolivianos (Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando) votaron su autonomía
en consultas sin base legal, pero que no pudieron ser impedidas por el Estado
central. Con una abstención variable según las regiones, el Sí del oficialismo
obtuvo elevados porcentajes de aceptación que llegaron a superar el 80%.
Referéndum revocatorio. Propuesto originalmente por el propio Evo Morales para
salir de la crisis política, la propuesta fue resucitada en el Parlamento por
una parte de la oposición y rechazada por los departamentos autonomistas. Casi
nadie se animó a hacer campaña por el No y confirmar que quieren "tumbar al
indio", como denunció Morales. Conclusión: el resultado fue una doble victoria
para el jefe de Estado. El 67% de apoyo cosechado en agosto pasado acabó con las
especulaciones acerca de la pérdida de apoyo de su proyecto, dividió a la
oposición y consolidó la idea de invencibilidad de Evo Morales "haga lo que
haga".
Referéndum constitucional. Cuando la nueva Constitución -de matriz estatista y
"descolonizadora"- parecía más cerca de la muerte que de la vida, otra vez fue
la oposición parlamentaria la que dio oxígeno al Ejecutivo. Con la idea de
limitar sus aristas más radicales, la derecha congresal negoció un texto más
moderado, pero -otra vez- intolerable para la dirigencia cruceña. Lo que un año
atrás parecía imposible ocurrió: un 62% de los bolivianos le dijo sí a la nueva
Carta en enero. Y ahora vienen las dificultades: lograr que un Congreso cuya
Cámara Alta está controlada por la oposición dé a luz el armazón legal para
aterrizar los nuevos preceptos constitucionales.
Diciembre de 2009. En el marco de la
nueva Constitución, los bolivianos volverán a las urnas para elegir presidente y
un nuevo Parlamento Plurinacional. Con el derecho a una reelección incluido en
el texto, el presidente Evo Morales buscará seguir en el poder hasta 2014. Y
consolidar un proyecto desafiado desde la oposición pero también desde su propia
tropa, como lo demuestra el último escándalo de corrupción en la petrolera
estatal, YPFB, que erosionó hasta el límite su política estrella: la
nacionalización de los hidrocarburos.
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