bsorbido en los poco más de dos meses que lleva en el cargo por los
demoledores efectos domésticos de la crisis económica internacional estallada
en Wall Street y el pantano de dos guerras coloniales, el presidente
estadunidense, que aunque es inteligente conoce poco el mundo, depende mucho
en política exterior de sus colaboradores. Al sur de su frontera algunas
posturas provocan dudas sobre la real voluntad de cambio de su administración.
Son inquietantes los brulotes de Hillary Clinton contra Hugo Chávez y las
actividades injerencistas de diplomáticos yanquis contra los gobiernos de Evo
Morales y Rafael Correa, tres mandatarios muy respetados y populares en la
región. También la insolente arremetida antimexicana.
Es un error fatal ilusionarse con que Obama pueda cambiar la esencia
imperial del sistema pues aun si quisiera ni el enorme poder de su cargo se lo
permitiría, pero cabría esperar que como al parecer intenta con Rusia e Irán,
diseñe una proyección hacia sus vecinos a tono con la honda crisis de
hegemonía de Estados Unidos y el nuevo clima político en su otrora traspatio,
donde crece la conciencia política y la voluntad transformadora de los
pueblos, numerosos gobiernos ya no le son incondicionales y se ha afianzado
como nunca la unidad e integración. Washington parecería no comprender estos
cambios, que Obama percibirá en la cumbre de Trinidad y Tobago. Así lo
evidencian las declaraciones sobre Cuba de su vice Joseph Biden en la llamada
Cumbre de Líderes Progresistas efectuada en Chile –extraño popurrí- como en la
que sostuvo con presidentes y altos funcionarios de los gobiernos
centroamericanos. Si de veras Obama quiere sostener un diálogo constructivo
con sus homólogos del hemisferio, no basta que su administración intente una
retórica más discreta en las formas que su belicosa antecesora si no los trata
con el respeto que merecen los iguales.
Cuba no asistirá a la Cumbre de las Américas pues fue excluida en 1962 de
la OEA, instrumento de la política imperial hasta hoy, que es su convocante.
Pero ello no impedirá que allí se cuestione frontalmente su ausencia y la
prolongación del criminal bloqueo, condenado reiteradamente por la abrumadora
mayoría de los miembros de la ONU y, con especial énfasis, por la 1ª Cumbre de
América Latina y el Caribe celebrada en Brasil en diciembre de 2008. La cálida
acogida tributada entonces a Raúl Castro, incluyendo el ingreso de la isla en
el Grupo de Río, dejó muy claro el sólido prestigio de que goza en el ámbito
latino-caribeño. En lo que va de 2009 nueve jefes de Estado o gobierno de la
región han visitado La Habana, mientras Costa Rica y El Salvador –este en la
voz de su presidente electo Mauricio Funes-, los únicos que no lo habían
hecho, han anunciado que restablecerán relaciones diplomáticas con ella.
Más allá de su impacto en la relación bilateral con Cuba no hay nada que
Estados Unidos pueda hacer para crear confianza en un cambio de política hacia
América Latina y el Caribe que no sea el levantamiento del bloqueo. El
Legislativo de Washington ya dio un modesto paso en esa dirección al derogar
el presupuesto que permitía restringir los viajes y las remesas de los
cubanoamericanos –una promesa de Obama en campaña- y ya se han presentado
iniciativas bipartidistas en ambas cámaras que eliminarían la inconstitucional
prohibición a los estadunidenses de visitar Cuba y relajarían las severas
limitaciones a la venta de productos a la isla. Quedan muy lejos del fin del
bloqueo pero, de aprobarse y recibir la sanción de Obama, serían un avance en
la dirección correcta.
No obstante, es el presidente quien lleva la voz cantante en política
exterior y Obama ha despertado esperanzas que explican la expectación
existente sobre su presencia en Puerto España. Se acerca para él la hora de la
verdad. Sólo si anunciara medidas importantes encaminadas a normalizar las
relaciones con Cuba logrará mitigar la amarga herencia dejada por Bush y otros
gobiernos anteriores al sur de la frontera y abrir un nuevo capítulo en los
vínculos con los vecinos del sur. Le quedan dos semanas para decidirlo.