l fraudulento GFS contaba con un capital por 51 mil millones de dólares y 30
mil clientes en más de 120 países, pero sus operaciones delincuenciales
afectaron al sur de Texas, el Caribe y Latinoamérica (Venezuela, México, Perú,
Ecuador, Colombia, etcétera).
Paul Waldie, de The Global and Mail (26/2/09), expone que en el
consejo de administración del fraudulento GFS aparecen el venezolano Luis Giusti,
furibundo neoliberal y anterior presidente de Petróleos de Venezuela SA (que en
su época no ganaba dinero), y otro entreguista del petróleo: Jorge Castañeda
Gutman, anterior canciller foxiano y quien no necesita presentación por sus
recurrentes escándalos locales y globales.
El lavado y la estafa Stanford exhiben varias vertientes a investigar, con
mayor ahínco en América Latina, donde hasta las tres cuartas partes de los 8
mil millones de dólares birlados en certificados de depósito habían sido
comprados en sus oficinas regionales (The Financial Times,
19/2/09). Según el rotativo británico, en Venezuela se esfumaron 2 mil millones
de dólares, debido a la fuga de capitales que huían del socialismo del
siglo XXI de Chávez.
Justicia divina: la plutocracia venezolana huyó de Chávez para caer en las
garras del neoliberal Castañeda Gutman, miembro del consejo de administración
del fraudulento GFS. Castañeda Gutman y algunos aliados locales se han
caracterizado por su estéril campaña propagandística de demolición permanente a
la efigie de Chávez, quien se ha de estar muriendo de risa: dos de sus peores
enemigos, el neoliberal entreguista del petróleo venezolano Luis Giusti y el
locuaz ex canciller foxiano Castañeda Gutman, han sido mancillados por el
escándalo de la estafa Stanford.
Por alguna razón, los medios anglosajones han insistido en la vertiente del
lavado del fraudulento GFS con el cártel del Golfo (The Sunday
Times, 22/2/09).
The Houston Chronicle (20/2/09) asevera que las autoridades de
Estados Unidos sabían desde hace una década (sic) que el GFS del
filántropo y frívolo sir(sic) Allen Stanford operaba en el paraíso
fiscal de Antigua (en el Caribe) con los “cárteles de la droga”,
jefaturados por Amado Carrillo Fuentes, que habían depositado 3 millones de
dólares en 10 cuentas. ¿Solamente 3 millones?
El periódico texano asevera que la conexión del lavado ha pasado a segundo
lugar frente a las investigaciones tardías de la reguladora de valores
bursátiles SEC. ¡Lástima!
No se entiende la razón por la cual las agencias de investigación de Estados
Unidos, delincuenciales y financieras, tardaron más de 10 años en exponer las
hazañas de Stanford.
La DEA ha confirmado los lazos potenciales (sic) entre Stanford y los
traficantes de droga de América Latina, pero arguye que es muy difícil
(sic) probar con documentos un fraude o el lavado. Pues sí: de eso trata la
desregulada globalización financiera y la contabilidad invisible en los
paraísos fiscales como Antigua.
El problema no son los depósitos ilícitos, sino los paraísos fiscales y su
desregulación, es decir, la ausencia absoluta de vigilancia y transparencia.
¿Cómo supieron, entonces, que el cártel del Golfo y Amado Carrillo
depositaron 3 millones de dólares en 10 cuentas diferentes en Antigua?
A
diferencia de la DEA y la FBI, ¿cómo Ernesto Zedillo; su secretario de
Hacienda, el tamaulipeco José Ángel Gurría Treviño, y el gobernador del
Banco de México, el cordobista Guillermo Ortiz Martínez, no se enteraron
hace 10 años de tales depósitos? ¿No fueron informados por la DEA y la
FBI, pese a los vínculos del TLCAN?
Según The Independent (22/2/09), la FBI sabía del lavado de
dinero y la conexión con el cártel del Golfo desde hace 20 años.
¡Uf!
Para Wayne Madsen, connotado periodista investigador, Stanford es la
bisagra en la maquinaria del lavado de dinero sucio por los servicios de
inteligencia de Estados Unidos (Atheo News, 24/2/09). Más allá
de la develación del financiamiento electoral a los políticos de ambos
partidos de Estados Unidos, Wayne Madsen aduce que las operaciones de GFS,
en una extensa red de paraísos fiscales (Antigua, Monserrat, Isla
Vírgenes de Estados Unidos, etcétera), surgen como una mala noticia para
la CIA, que puede ver interrumpidas sus operaciones de lavado de dinero
ilegal. ¿A poco blanquea la CIA?
Tampoco es el momento idóneo para el estallido de la estafa Stanford,
posterior al mayor fraude en la historia de la humanidad, perpetrado por el
banquero estafador Bernard Madoff.
La agencia española Efe (1/11/08) señala que desde noviembre el gobierno
de Chávez había capturado a tres empleados en la rama venezolana de
Stanford Bank que se cree eran espías de Estados Unidos. ¿Habrá detonado
tal captura el estallido de la estafa Stanford?
Hace dos años (6/3/07), Wayne Madsen había reportado las andanzas de
Stanford y sus vínculos texanos con el Grupo Carlyle (conglomerado bushiano
de energía y telecomunicaciones del que fue representante el estigmatizado
Luis Téllez Kuenzler). Sin tapujos, Madsen vincula al banco texano Stanford
con la familia Bush. ¿Será?
Wayne Madsen afirma que Antigua es el principal centro de las
actividades del lavado de dinero en el Caribe de la mafia (¡súper-sic!) de
israelíes de origen ruso, y coloca la estocada: Stanford, Houston,
los bancos en los paraísos fiscales y los estupefacientes conforman el
estofado perfecto para otra operación criminal de la familia Bush,
ligada a la CIA. ¡Ah, caray!
¿Cuál habrá sido el papel en todo este enjambre fraudulento de varios
niveles de Jorge Castañeda Gutman, socio del estafador sir Allen
Stanford? Mínimo se deben exponer a la luz pública sus cuentas bancarias
locales y foráneas.
Resulta imperativo para el gobierno calderonista panista, que alardea del
combate callejero al narcotráfico desde el punto de vista militar,
profundizar el escrutinio del lavado de dinero de los cárteles
mexicanos en el GFS desde el punto de vista financiero, a nuestro juicio uno
de los principales lugares para su abolición.
La PGR debe citar al ex canciller foxiano Castañeda Gutman, con fuertes
vínculos con el megaespeculador George Soros, a declarar sobre su
colaboración con el estafador sir Allen Stanford, para que ilustre a
la nación quiénes fueron sus clientes mexicanos y foráneos por
encima de toda sospecha.