Con inquietud han recibido en EEUU el anuncio del primer ministro
iraquí, Nouri al-Maliki, de que está dispuesto a celebrar un referéndum sobre
la retirada de las tropas estadounidenses de Irak.
El resultado podría
desautorizar el acuerdo formalmente rubricado entre Bagdad y Washington para
que el último soldado salga a finales de 2011, un calendario refrendado hace
menos de veinticuatro horas por Barack Obama en persona en su discurso ante
los veteranos.
La gran incógnita es si este referéndum finalmente se va a celebrar, más allá
de la propaganda electoral gubernamental, y si se celebra hasta qué punto se
tendrán en cuenta los resultados. Hay pistas para todos los gustos. Por un
lado el gobierno iraquí jamás ha mencionado el referéndum en ninguna de sus negociaciones
recientes con los Estados Unidos.
Jamás se ha considerado algo a tener en
cuenta.
Por otro lado la
población sunní y la kurda están muy temerosas de la retirada americana, que
creen que les deja a expensas de la expeditiva mayoría chiíta. Hay
quien teme una espiral insoportable de violencia cuando el general Odierno
retire sus efectivos.
Consciente del peligro, y temeroso de un baño de sangre
que acabe de enturbiar la acción de su país en la zona, el general está
desplazando unidades al norte, para tratar de tapar brechas de seguridad entre
milicias pro-Bagdad y la población kurda.
Cada recoveco y cada línea
fronteriza es un infierno. Y en cada infierno prosperan las fuerzas de Al Qaida.
Por otro lado las encuestas son tajantes: sólo un 27 por ciento de los
iraquíes dicen confiar en los norteamericanos para garantizar su seguridad,
mientras que un 72 por ciento dice confiar en el gobierno. Puede ser una
respuesta más reflexiva o más nacionalista, pero es la que hay.
Desde el Pentágono se empiezan a lanzar guiños conciliadores.
El secretario de
Defensa, Robert Gates, ha barajado públicamente la opción de acelerar y hasta
de duplicar el actual ritmo de retirada, por ejemplo retirando entre una y dos
brigadas de aquí a finales de año.
Cada brigada consta de 5.000 soldados y el
contingente actual es de 130.000. La oferta de Gates no es firme pero de serlo
daría lugar a una salida más lenta de lo que se puede llegar a votar en el
referéndum iraquí.