l 23 de abril, la Associated Press (AP) publicó un recuento secreto
recopilado por el Ministerio de Sanidad iraquí que recogía 87.215 muertes
violentas producidas en el país entre principios de 2005 y el 28 de febrero de
2009. Según las fuentes de la AP en el gobierno iraquí, las muertes violentas
se definen como aquellas causadas por “tiroteos, bombas, ataques de mortero y
decapitaciones” oficialmente registradas.El recuento excluye a las
“personas desaparecidas” que se supone están muertas. Tampoco incluye las
muertes producidas durante las tres semanas de la invasión estadounidense en
2003, durante las cuales murieron, al menos, 30.000 soldados iraquíes.
Excluye, asimismo, las muertes ocasionadas durante los primeros 20 meses de la
ocupación. De forma que no cuenta a miles de resistentes y civiles asesinados
en las operaciones estadounidenses, en particular las del año 2004, para
aplastar a la resistencia iraquí en ciudades como Bagdad, Faluya, Ramadi,
Mosul, Najaf, Karbala y Basora.
Pero aún más importante, el recuento deja fuera “los factores indirectos
como los daños a las infraestructuras, al servicio de salud y el estrés que
causaron muchos miles de muertos más”. En otras palabras, no cuenta las
víctimas de la ocupación estadounidense fallecidas debido a la falta de
alimentos, agua potable, saneamientos, electricidad o tratamientos médicos.
Las 87.215 muertes del informe son, pues, una pequeña parte del verdadero
número de defunciones habidas desde marzo de 2003. ¿Cuántas muertes se
produjeron entre marzo de 2003 y principios de 2005? ¿Cuántos miembros de la
resistencia y cuántos civiles fueron enterrados sin notificar al registro
oficial de defunciones? ¿Cuántos cadáveres estaban tan mutilados que nunca
fueron identificados o todavía siguen bajo toneladas de escombros? ¿Cuántos de
los cuatro millones estimados de refugiados y desplazados internos han muerto?
¿Cuántos han perdido sus vidas por las denominadas causas “indirectas” y “no
violentas?”
El proyecto Iraq Body Count que, de forma meticulosa documenta la
muerte de civiles de las que se informa en los medios, también deja de
contestar estas preguntas. No contabiliza las muertes de combatientes, ni las
de quienes murieron por causas “no violentas”, ni las muchas defunciones no
publicadas. Su actual estimación de muertes de civiles se establece entre
91.580 y 99.985 ( Véase,
http://www.iraqbodycount.org/ )
El método más solvente para juzgar el impacto de la ocupación
estadounidense sobre el pueblo iraquí es el estudio comprensivo de muestras en
unidades familiares, mediante entrevistas estadísticamente significativas de
hogares en todo Iraq para llegar a una estimación general.
Los más recientes estudios de 2006 se llevaron a cabo en circunstancias
extremas y difíciles. Debido a la creciente violencia que se estaba
produciendo, a los investigadores se les impidió entrar en las zonas más
castigadas por la guerra.
El primer estudio, realizado por la Escuela de Salud Pública de la Johns
Hopkins University, a través de 2.000 entrevistas en núcleos familiares,
calculaba un “exceso de muertes” entre 393.000 y 943.000 desde marzo de 2003 a
junio de 2006, con una estimación media de 655.000.
El exceso de muertes se refiere al número que no se hubiera alcanzado si el
índice de mortalidad se hubiera mantenido en los niveles anteriores a 2003.
Revisado atentamente y publicado por la revista médica Lancet, el
estudio llegaba a la conclusión de que las operaciones estadounidenses y otros
tipos de violencia habían ocasionado la mayoría de las defunciones extra.
Poco después del estudio de la John Hopkins, el Ministerio de
Sanidad iraquí y la Organización Mundial de la Salud (WHO, en sus siglas
inglesas) llevaron a cabo su propio estudio muestra, en esta ocasión de 9.345
unidades familiares, que dio una estimación de 151.000 muertes violentas hasta
septiembre de 2006.
Existe una clara discrepancia entre los dos estudios en el número de exceso
de muertes atribuibles a causas violentas. Ambos, no obstante, coinciden en el
asombroso aumento del índice total de mortalidad en Iraq. El estudio del
ministerio de Sanidad/WHO estima en un 60 por ciento el aumento de muertes no
violentas comparadas con las previas a la guerra.
El Dr. Les Roberts, uno de los investigadores de la Johns Hopkins,
señala que los índices totales de mortalidad son comparables pero que existen
diferencias en los cálculos de las muertes violentas. Las posibles razones de
esa discrepancia se expusieron en un artículo de esta página (Véase: “New
study estimates more than 150,000 violent deaths in Iraq over three years”)
Han pasado más de 30 meses desde el periodo evaluado en los dos estudios.
Incluso para las cifras oficiales de víctimas, algunos de las peores matanzas
se produjeron durante los últimos meses de 2006 y hasta finales de 2007. Ese
periodo fue testigo de la violencia sectaria chií-sunní y de la escalada de
operaciones estadounidenses en áreas residenciales, asociadas a la política de
“intensificación”. La violencia interrumpió la distribución de ayuda
alimentaria de emergencia, impidió la reparación de infraestructuras
esenciales y provocó una oleada de refugiados desesperados que escapaba de las
ciudades y pueblos afectados, y en particular de Bagdad.
Basado en los resultados de los estudios previos, un nuevo estudio de
campo, basado en buenas fuentes, incluidas entrevistas en zonas anteriormente
inaccesibles y entre la población de refugiados, es probable que llegue a la
conclusión de que la ilegal invasión y ocupación estadounidense de Iraq ha
costado más de un millón de vidas iraquíes durante los seis últimos años.
El 24 de mayo de 2007, el equipo editorial de WSWS publicó un editorial con
el título de: “US
officials guilty of ‘sociocide’ in Iraq must be held accountable”. En él
acusaba a los altos responsables de la Casa Blanca de Bush y a las grandes
corporaciones estadounidenses de “culpables de preparar, promover o llevar a
cabo crímenes de guerra” y exigía que se les pidiera responsabilidades.
El editorial concluía: “Como hemos expuesto antes, no se trata de pedir
venganza, sino de educar políticamente a la ciudadanía. El proceso por el que
se pusieron en marcha estos sangrientos crímenes contra gentes de otro país,
así como sus verdaderas motivaciones geopolíticas tienen que ser expuesto en
su totalidad a la opinión pública. Sólo cuando la gente comprenda los motivos
de guerras semejantes, vea más allá de las mentiras de la clase dirigente y
tome bajo su responsabilidad los asuntos políticos, podrá detenerse la locura
bélica del imperialismo estadounidense”.
Mientras el gobierno Obama continúe la guerra en Iraq y aumente la
violencia de los militares estadounidenses en Afganistán, esta afirmación es
aplicable al nuevo inquilino de la Casa Blanca, a los miembros de su gobierno
y a las corporaciones empresariales que le apoyan y le rodean.