Ahora que algunos de los consumidores de petróleo de más rápido crecimiento
del mundo están siendo presionados para recortar sus emisiones de dióxido de
carbono, los grandes países productores de petróleo están comenzando a
preocuparse por la caída de los ingresos petroleros a largo plazo.
Por Spencer Swartz - The Wall Street Journal
Durante años, los países productores de petróleo se han preocupado con la
posibilidad de que países ricos como Estados Unidos reduzcan el consumo de
energía a través de medidas de eficiencia de consumo y un mayor uso de
alternativas no petroleras, como el etanol y otros biocombustibles.
Pero Arabia Saudita y otros grandes países del Golfo Pérsico están empezando
a temer que los mercados emergentes como China —el mayor motor detrás del
crecimiento del consumo mundial de petróleo— también podrían empezar a
desacelerar la demanda de crudo a medida que decenas de países en Copenhague
tratan de forjar un nuevo pacto mundial para reducir las emisiones de dióxido de
carbono.
Los temores y el impacto potencial sobre los futuros ingresos de esos
gobiernos podrían impactar negativamente el apoyo de los países árabes a
cualquier acuerdo en Copenhague, dicen funcionarios de estos países.
En días recientes, China e India anunciaron planes para reducir la
"intensidad" de la energía en sus economías durante la próxima década, es decir
la cantidad de emisiones de dióxido de carbono por unidad del producto interno
bruto. China, que ya ha impuesto normas para aumentar la eficiencia en el
consumo de combustible de los vehículos en los últimos años, quiere reducir su
intensidad de dióxido de carbono en hasta un 45% por debajo de los niveles de
2005 para el año de 2020, mientras que India se ha comprometido con una
reducción de hasta 25% de los niveles de 2005.
El miércoles, Malasia, un consumidor de petróleo relativamente pequeño,
anunció planes para recortar sustancialmente su intensidad de carbono durante la
próxima década.
De hecho, esas promesas de reducir la "intensidad de carbono" equivalen a los
compromisos de estas economías de rápido crecimiento de hacer sus fábricas,
generadoras eléctricas y vehículos drásticamente más eficientes.
Debido a que China e India van a seguir representando la mayor parte del
crecimiento de la demanda mundial de petróleo, cualquier medida importante de
conservación podría dar un gran golpe al consumo futuro, dicen los analistas.
Amy Myers Jaffe, un experto en los estudios de energía del Baker Institute de
la Universidad Rice, estima que los 4,5 millones de barriles diarios de petróleo
de demanda prevista en China podrían no materializarse en las próximas dos
décadas si el país logra grandes avances en eficiencia energética y la adopción
de más recursos de energía alternativa.
Para Arabia Saudita, el mayor exportador de petróleo del mundo, este
escenario podría significar la evaporación de billones (millones de millones) en
los ingresos futuros para el reino, dijo Mohammad Al Sabban, jefe negociador del
reino en los temas de cambio climático.
Arabia Saudita estima que la Organización de Países Exportadores de Petróleo,
de la cual el reino es el principal miembro, se arriesga a perder al menos US$6
billones en ingresos petroleros en las próximas dos décadas en caso de que un
acuerdo de Copenhague entre en funcionamiento, dijo Al-Sabban. Él agregó que
esas cifras podrían ser incluso mayores, dependiendo "de si estas políticas
(para reducir la demanda de petróleo) siguen siendo selectivas en contra de los
productos de petróleo".
Los analistas dicen que estas estimaciones pueden ser exageradas, pero tal
proyección podría afectar negativamente futuras inversiones en la capacidad de
producción de crudo de Arabia Saudita y otros países petroleros del Golfo.
"Si pensamos que la demanda no va a estar allí, ¿por qué deberíamos invertir
grandes cantidades de nuestro dinero?", cuestionó un alto funcionario de un país
productor de petróleo del Golfo.
El funcionario agregó que el apoyo de los países del Golfo "para un acuerdo
de Copenhague también podrían ser retirado si no le aseguran miles de millones
de dólares en compensación financiera. "Vamos a proteger nuestros intereses,
como todo el mundo", dijo el funcionario.
Algunos analistas creen que el reciente anuncio de China de reducir la
intensidad de su consumo de energía no representa un gran cambio de la política
actual y es más una concesión retórica a los países industrializados a raíz de
la cumbre de Copenhague.
China ya ha realizado, por ejemplo, reducciones en los costosos subsidios a
los precios de la electricidad para alentar el consumo de energía de forma más
prudente. Los analistas también dicen que los países desarrollados como EE.UU.
van a querer verificar que China está realmente cumpliendo sus compromisos
voluntarios.
"No hay manera de solucionar este problema si se le dan ventajas a los países
en desarrollo", dijo el miércoles Todd Stern, el negociador jefe de EE.UU. en la
cumbre del clima de la ONU durante una conferencia de prensa en Copenhague.
EE.UU. está dispuesto a aportar su parte de la financiación hasta el 2012 para
ayudar a los países más pobres frente a los desafíos inmediatos del cambio
climático, pero el dinero en su mayoría se centrará en las naciones más pobres,
con poco espacio para las principales economías emergentes, dijo. "No preveo que
fondos públicos, ciertamente no de EE.UU., sean encaminados a China", dijo.