Ofensiva diplomática para salvar la cumbre de Copenhague.
La UE y la ONU
impulsan un acuerdo que fije una horquilla de reducción de emisiones.
Por R. Méndez
y A. Jiménez Barca -
El País, España
La cumbre del clima de Copenhague agoniza pero aún no está enterrada. Hace
una semana, en las negociaciones de Barcelona, la ONU asumió que en diciembre no
habría un tratado completo que sustituya al de Kioto, como certificaron el fin
de semana EE UU y China. Ahora, la UE y la ONU creen haber encontrado un
resquicio para salvar los muebles. Se centran en conseguir un acuerdo de la
Convención de Cambio Climático de la ONU, de la que EE UU sí forma parte, en la
que se incluyan los objetivos de reducción de emisiones para 2020. Esa sería la
forma del acuerdo político aunque con ribetes de texto legal. Es ya el máximo al
que apunta Copenhague, ya que el acuerdo final se retrasa hasta la cumbre de
México, en diciembre de 2010, o hasta una cita intermedia a mitad del año que
viene.
La secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera, participaba el
lunes en la reunión a puerta cerrada de 40 ministros que el Gobierno danés ha
organizado en Copenhague como cumbre previa. "Que nadie se tire por el puente
antes de tiempo", resumió por teléfono. Ribera está en el corazón de la
negociación como parte de la troika de la UE, al asumir España la
presidencia de la Unión en enero: "Tener un acuerdo jurídicamente vinculante
tiene muchas dificultades aunque no hemos renunciado. Pero si a cambio tenemos
un acuerdo con la ambición suficiente refrendado por los primeros ministros en
Copenhague no sería un fracaso".
Los negociadores de la UE ven la botella medio llena. Consideran que si en
vez de un tratado completo con sanciones que hay que ratificar luego se
consiguiera un texto claro que, sobre todo, aceptase EE UU, valdría la pena
esperar un año. La Administración de Barack Obama ha dejado claro que no firmará
nada que le obligue internacionalmente hasta que el Senado no apruebe la
reducción de emisiones -entre un 17% y un 20%- que tramita actualmente. Un éxito
sería acordar en Copenhague "las emisiones individualizadas de los países
desarrollados a largo plazo (2050) y a medio plazo (2020), si hace falta con
rangos de emisiones, y un calendario concreto y breve para tener un acuerdo
internacional", dice Ribera. Es decir, que EE UU podría incluir no una cifra
concreta sino una horquilla, lo que evitaría quebraderos de cabeza a Obama. Lo
más problemático es el acuerdo a 2020, ya que a largo plazo hay coincidencia en
la ambiciosa reducción de emisiones necesaria.
"La clave no es si es un acuerdo jurídico o no, la clave es si el acuerdo que
salga tiene los elementos básicos de reducción de emisiones y de financiación.
Eso es lo que tenemos que negociar con EE UU y con China, que siguen sin decir
qué límite de emisiones aceptaran", dice el representante de un país europeo,
que ve evaporarse sus esperanzas puestas en Obama. Este texto, como decisión de
la Conferencia de las Partes, de menos de 10 folios, se negociará hasta la
última hora, ya que en cada coma hay millones en juego. "Nadie se ha opuesto a
que sea una decisión de la Conferencia de las Partes de la Convención, en la que
todo el mundo forma parte y que obliga a todos", añadió Ribera.
A partir de ahí, se seguiría negociando el tratado. Mientras la ONU apuesta
por cerrar el pacto en una cumbre extraordinaria a mitad de 2010, la ministra
danesa de Energía y Cambio Climático, Connie Hedegaard, apuntó que lo normal
sería cerrarlo en un año en México.
Mientras China y EE UU se alejan del acuerdo, la carrera diplomática para
salvar la cumbre está lanzada. Y ha creado interesantes lazos entre países en
teoría situados en bloques opuestos. Nicolas Sarkozy, presidente de la República
francesa, y Luis Ignacio Lula Da Silva, su homólogo brasileño, han conformado
una suerte de alianza conjunta para que un documento común, que obliga a reducir
las emisiones mundiales en un 50% para 2050, sea aceptado. "No hay que permitir
que Obama y Hu Jintao celebren un acuerdo basado exclusivamente en las
realidades económicas de sus respectivos países", aseguró Sarkozy. "Un acuerdo
que no comprometa a nadie, eso no es lo que buscamos", añadió Da Siva.
Cada uno por su lado o unidos, se volcarán en una maratón
diplomático-ambiental para ganar adeptos, según anunciaron el sábado tras una
entrevista con el presidente brasileño celebrada en El Elíseo.