os últimos tres atentados de ETA tienen un denominador
común: están dirigidos contra los cuerpos de seguridad del Estado. El pasado 9
de julio, contra un especialista de la policía en antiterrorismo. Los cometidos
en Burgos y Mallorca, contra la Guardia Civil, el cuerpo que simboliza la bestia
negra para los fanáticos.
Asesinar policías está mejor visto en algunos ambientes de
fuera de España que matar niños o simples ciudadanos de a pie. Pero no hay que
olvidar que la organización terrorista no ha dudado en poner bombas en
supermercados, en centros turísticos, en universidades, y por supuesto, es
responsable del asesinato de varios periodistas vascos que se oponen a la lucha
armada.
ETA ha perdido su base de repliegue en Francia, gracias a la
cooperación entre París y Madrid; los dirigentes históricos de la organización
se declaran desde la cárcel pesimistas ante la lucha armada; el apoyo popular en
el País Vasco a las acciones terroristas disminuye incluso entre los que siempre
han encontrado una justificación a eliminar vidas ajenas por supuestos ideales.
Pero existe todavía un sector de nuevos militantes peor preparados políticamente
y, por lo tanto, mucho más radicalizados.
A los españoles nos sorprende que fuera de nuestro país se
compare el terrorismo de ETA con el practicado por otros grupos europeos. Nos
sorprende porque las circunstancias políticas, históricas y económicas del País
Vasco son absolutamente diferentes a las vividas en Irlanda del Norte, Córcega u
otros países que han sufrido el terrorismo.
El País Vasco Español (existe también un País Vasco francés)
cuenta con un Parlamento propio; la lengua vasca es oficial; el régimen fiscal
es privilegiado con relación a otras regiones autónomas de España; los partidos
políticos afines a ETA pueden presentarse a las elecciones. A pesar de todo, un
quince por ciento de la juventud vasca justifica el asesinato como método para
acceder a la independencia.
Y, desgraciadamente, un gran número de ciudadanos vascos
temen mostrar su rechazo público a ETA. También es justificable. Su imagen, sus
declaraciones, su actitud les puede costar la vida. Cuando se habla de aparatos
policiales, fuera de España se ignora la existencia de los grupos de radicales
que en fábricas, oficinas o universidades señalan a los sectores cercanos a ETA
las posibles y futuras víctimas de su "cruzada".