(IAR
Noticias)
14-Julio-09
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Los 20.000
millones de dólares comprometidos por el Grupo de los Ocho (G-8)
países más poderosos para afrontar la crisis alimentaria es más de
lo que muchos esperaban este viernes, al finalizar la cumbre de tres
días en la central ciudad italiana de L’Aquila. Pero igual no
alcanzan ni para empezar.
Por Sanjay Suri -
IPS
M uchos miembros de la sociedad civil habrían
estado felices con 15.000 millones de dólares a lo largo de cuatro
años, aunque más no fuera porque con el tiempo aprendieron a esperar
relativamente poco.
Ahora, Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña,
Italia, Japón y Rusia, integrados en el G-8, hablaron de 20.000
millones en tres años.
En efecto, habló. Y muy cuidadosamente. Los líderes del G-8, más
Brasil, China, India, México y Sudáfrica, que conforman el Grupo de
los Cinco (G-5) países emergentes, con el agregado de Egipto,
dijeron en su declaración final de la cumbre que daban la bienvenida
a los compromisos de los estados que se reunieron en L’Aquila,
"hacia un objetivo de movilizar 20.000 millones de dólares a lo
largo de tres años".
No fue un compromiso conjunto, sino un paso de bienvenida hacia un
ideal. Tras algunos años de promesas hechas y no cumplidas, el G-8
parece tener razón en haber perdido un poco la fe en sí mismo. Por
lo menos, el lenguaje que emplea es más cuidadoso.
En 2005, durante su cumbre en la localidad escocesa de Gleneagles,
se hablaba de 50.000 millones de dólares en asistencia. Nunca se
calculó con exactitud la fracción que se hizo realidad.
Por esto, la sociedad civil todavía no festeja. "Lo que podemos
decir es que se trata de un paso tardío en la dirección correcta.
Sin embargo, tenemos que fijarnos en los detalles, porque (los
países del) G-8 son maestros en dar vueltas", dijo a IPS Kumi Naidoo,
copresidente mundial del Llamado Mundial a la Acción Contra la
Pobreza (GCAP, por sus siglas en inglés).
Por ejemplo, "el compromiso de 30.000 millones de dólares de
asistencia alimentaria asumido en junio de 2008 todavía no se
concretó. Así que queremos ver quién está poniendo el dinero, cuándo
y cómo estará disponible, antes de poder catalogar esto totalmente
como un éxito", sostuvo.
Según Naidoo, el G-8 debe ir más allá de producir números. El bloque
debe pensar de modo diferente, sostuvo. Y los últimos tiempos
explican por qué.
"El encarecimiento de los alimentos, los vaivenes en el precio del
petróleo, la recesión global, el cambio climático y la pobreza, todo
ha surgido junto. Deberíamos pensar en estas crisis como una
oportunidad. El G-8 piensa en cada una de estas cosas como problemas
aislados en vez de buscar maneras de ver cómo respondemos a estos
problemas de un modo integrado, no fragmentado", opinó.
Pero eso todavía está muy lejos. Aunque se concrete la asistencia
por la suma total de 20.000 millones de dólares y llegue a las
personas correctas en el momento justo, eso no será todavía
suficiente.
En su declaración final, el G-8 señala que "son hoy más de 1.000
millones las personas que padecen hambre y pobreza". Por lo tanto,
20.000 millones de dólares representan apenas 20 dólares para cada
persona hambrienta a lo largo de tres años. Esa suma no alcanza para
comprar mucha comida en ninguna parte del mundo.
Es verdad que esto tampoco es un juego de números totalmente justo.
El dinero podría usarse de modo sensato para promover la
agricultura, en vez de destinarlo a la asistencia tradicional. Pero
éste es el dinero de la crisis, y no alcanza ni siquiera para el
mínimo que reclama la recesión mundial.
"Este dinero no será suficiente para hacer frente a los desafíos de
la crisis alimentaria en el mundo", advirtió ante la consulta de IPS
Otive Igbuzor, jefe internacional de campañas en ActionAid.
"La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO) ha estimado que se necesitan 30.000 millones de
dólares cada año para hacer frente a los desafíos de la crisis
alimentaria", detalló.
El hambre va en aumento porque la Unión Europea (UE) y Estados
Unidos quieren biocombustibles, aseguró.
"La producción de agrocombustibles está aumentando a causa de los
subsidios de Estados Unidos y de la UE y porque este bloque tiene
por objetivo hacer combustible a partir de cultivos alimenticios",
alertó.
"Deben frenarse los subsidios y los objetivos de agrocombustibles",
puntualizó,
En África se entregaron 20 millones de hectáreas de tierra fértil a
corporaciones de Europa y Estados Unidos, "y todo eso se está
inflando la crisis alimentaria", agregó.
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