a creación de "la Asociación Oriental" fue una iniciativa de diplomáticos
de Suecia y Polonia expuesta el año pasado. De hecho, esta propuesta, fue la
primera tentativa seria emprendida por la "nueva Europa" en calidad de países
influyentes en la comunidad europea.
Al inicio, Francia en calidad de presidente de la UE, apoyó la iniciativa
sueco- polaca, pero otros países como Inglaterra y Alemania acogieron la idea
con frialdad.
Pero después ocurrió la guerra de los cinco días entre Rusia y Georgia, que
desató en toda Europa la verdadera fobia contra Rusia que fue acusada de
intentos de "restablecer el imperio", reforzar su influencia en Eurasia, y de
volver a un régimen autoritario.
En esta campaña contra Rusia, Polonia y las repúblicas bálticas desempeñaron
un papel destacado. Después vino el reconocimiento unilateral del Kremlin a las
independencias de Abjasia y Osetia del Sur, el cambio del estatuto de Rusia en
el sur del Cáucaso. Y a consecuencia de todos estos cambios, en Bruselas
apareció el documento que determinó las bases y perspectivas de la "Asociación
Oriental".
El texto del proyecto de la declaración conjunta que firmarán los países de
la "Asociación Oriental" dice que el programa se basará en valores fundamentales
como la democracia, la supremacía de la ley, el respeto a los derechos humanos
y la legislación internacional, y que todo esto se contrapone a los principios
de la política real y la diplomacia del siglo XIX.
Teniendo en cuenta la cantidad de condiciones y obstáculos que la UE plantea
a los países socios, en realidad la "Asociación Oriental" es una especie de
cursos de preparación que si se aprueba, se puede decir que ese país pasó a la
antesala de Europa.
Algunos expertos han comparado la "Asociación Oriental" con el programa que
se propuso a Lituania y a Polonia antes de la ampliación de la UE en 2004, sin
embargo, es una comparación inadecuada, porque en el programa actual presenta
matices y diferencias bastante considerables.
En primer lugar los países postsoviéticos no son invitados a ingresar a la
UE, a pesar de que sus líderes de cara a la opinión pública nacional,
interpretan la "Asociación" como la apertura total de las puertas de Europa.
Entre tanto, la comisaria de relaciones exteriores de la UE Benita Ferrero
Waldner declaró hace meses que, "la Asociación Oriental no prevé el ingreso de
los países postsoviéticos a la EU".
En general, la UE como entidad trata de conservar su imagen. Impedida por
argumentos de compostura política y consecuencia con su propaganda, la UE no
puede rechazar abiertamente a los Estados postsoviéticos.
La actual ideología que pregona la UE recuerda el llamado "progresismo
soviético" según el cual, todos los procesos políticos y sociales evolucionan
sólo hacia adelante, de lo sencillo a lo complicado, de las bases populares
hasta las altas esferas sociales, de lo viejo y hacia lo nuevo".
De esta forma, se puede afirmar que la ampliación de la UE no tiene
alternativa. Nadie pone en duda su expansión y sólo se cuestiona los plazos y
las formas de su realización. Sobre todo porque muchos miembros de la UE recién
admitidos están inculcando en los países socios mucho optimismo con respecto a
su membresía en la UE.
Y no se trata de las subvenciones o la financiación que puedan recibir. El
debate sobre la pronta integración de esos países en Europa es consecuencia de
una forma de pensar de los tiempos soviéticos que tiene raíces en Georgia,
Ucrania, Armenia, Azerbaiyán e incluso en la misma Rusia.
El problema es que esta idea, se ha sublimado al nivel de una categoría
absoluta, separada de la realidad, sin una reflexión minuciosa y como resultado,
en la mentalidad social aparece un mito, con expectativas irrealizables y
detonante de serios errores prácticos.
Consecuente con la hermandad euro-atlántica, Georgia emprendió la invasión
contra Tsjinvali y el resultado quedó a la vista. Ahora, los tanques rusos se
encuentran a 30 kilómetros de la capital de Georgia y prácticamente son nulas
las posibilidades de que Osetia del Sur y Abjasia en calidad de autonomías,
acepten formar parte de ese país caucásico.
Pero Georgia es el caso extremo, otros países aliados activamente discuten lo
que supondrá el "cambio de una era", la renuncia a la integración postsoviética
a favor de la integración europea.
Desafortunadamente, hay que reconocer que la Comunidad de Estados
Independientes (CEI) es una organización ineficaz, con objetivos poco claros y
carente de una visión concreta del futuro.
Y no obstante, esta forma de divorcio civilizado, entre muchas cosas útiles,
reconoce a los países miembros sus diplomas y proporciona la posibilidad a sus
ciudadanos de viajar sin visado.
La persona que terminó el Instituto Pedagógico de Járkov (Ucrania) o de la
Universidad de Chisinau en 1983, tiene posibilidades de trabajar en Rusia y esto
es algo real que proporciona la CEI.
Sería interesante saber quién, por ejemplo, en Roma, Milán, París o Frankfurt
necesite especialistas con diplomas del Instituto de Medicina de Bakú, Ereván o
Minsk, que a juzgar por la UE, como todo lo que provenga de Bielorrusia,
necesita una homologación con las normas democráticas europeas.
En resumidas cuentas, en la UE "todo marcha de acuerdo a los planes
previstos", y el 7 de mayo se celebrará la cumbre constituyente de la
"Asociación Oriental".
Después se celebrarán otras cumbres ordinarias y el programa pasará a la
dirección y control de los funcionarios burócratas de Bruselas.
Como ocurre con las cumbres de la OTAN, se leerán informes sobre "nuevos
progresos" que difícilmente podrán solucionar el conflicto en Alto Karabaj,
hacer que Georgia sea más tolerante con Osetia del Sur y Abjasia y que la región
de Transnistria se convierta en otra parte de la Moldavia europea.