(IAR
Noticias)
19-Abril-09
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“Cambiar todo para que nada cambie”, la famosa fórmula podría servir
de divisa a los gobiernos europeos. Sus críticas del sistema financiero y sus
fanfarronadas sobre la regulación dibujan una verdadera economía política del
simulacro.
Por Michel Husson - Politis/Viento Sur
L os hechos están ahí: la inyección de dinero público en los
bancos no ha ido acompañada de ninguna medida de control; los planes de
relanzamiento son calculados de forma limitada y no beneficiarán a quienes
tendrían más necesidad de ellos; la puesta en cuestión de las “primas” de
los directivos de las grandes empresas sigue siendo cosmética y dispensa de
abordar la cuestión mucho más amplia del reparto de las rentas.
La intención es tratar la crisis al nivel mínimo esperando que las cosas
puedan volver a marchar como antes de 2010. Pero esto sencillamente no es
posible. La primera razón es que las medidas tomadas no bastarán para
intervenir el sistema bancario y financiero. Para esperar hacerlo, habría
que nacionalizar y revisar todo en profundidad, como reconoce
The Economist que se ha unido a esta
opción “desgraciadamente inevitable”
/1. El modelo estadounidense basado en el sobreendeudamiento de las familias
no puede manifiestamente volver a funcionar igual que antes y se ve con
dificultades las soluciones de recambio disponibles, sin poner en cuestión
de forma fundamental las desigualdades sociales. A nivel mundial, pesa la
mayor incertidumbre sobre la trayectoria del dólar, sobre la amplitud y la
financiación del déficit estadounidense y sobre la capacidad –y la voluntad-
del resto del mundo de financiar el crecimiento estadounidense. En fin,
Europa está “implosionando” como entidad económica /2.
A pesar de todo, los gobiernos preparan el golpe de después. Según las
últimas previsiones de la OCDE /3, la zona euro debería terminar el año 2010
con una tasa de paro cercana al 12% y un déficit presupuestario medio del 7%
del PIB. Para volver a la situación normal, será preciso primero retomar el
curso interrumpido de las reformas del mercado de trabajo. La OCDE insiste
sobre este punto: habrá que asegurarse de
“que las medidas puestas en marcha para hacer frente a la crisis pero que
pueden tener consecuencias perjudiciales a largo plazo sean retiradas de
forma ordenada”. Habrá luego que reabsorber los déficits públicos
haciendo recortes de nuevo en los presupuestos sociales, lo que da por
ejemplo: “para ayudar a las personas en
dificultades, ciertos países han extendido la duración y los niveles de la
protección social. Si una tal acción es comprensible en las circunstancias
actuales, esas medidas deberán ser reducidas cuando la actividad se
recupere”.
Esta vuelta a la normalidad está fuera de alcance. Un cierto número de
sectores van sin duda a recuperarse y los periodistas se han armado ya de
lupas para discernir el menor temblor. Los planes de relanzamiento van a dar
esperanzas pero la perspectiva general es sombría: no se volverá a las tasas
de crecimiento de antes de la crisis y la tasa de paro se estabilizará a un
nivel elevado. El capitalismo entra en un callejón sin salida, porque no
puede restablecer el modelo neoliberal en todo su esplendor, y porque no
quiere poner en pie una especie de neofordismo basado en una progresión más
regular de la demanda interna y en un reparto menos desigual de las rentas.
Hay pues que prepararse para un largo período de indecisión y de
enfrentamientos. Nada es más peligroso que una bestia salvaje herida. Hay
pues que esperar una violencia social renovada por parte de las clases
dominantes con el objetivo de defender sus privilegios sociales. Se apoyará
si es necesario en posiciones reaccionarias de repliegue nacionalista. Del
lado de las y los trabajadores, la defensa de las condiciones de existencia
inmediatas puede permitir dar cuerpo a un proyecto de transformación social
confrontado a tres enormes desafíos: establecer la correlación de fuerzas
necesaria para controlar la actividad de los capitalistas; liberarse de la
coacción de la mundialización sin hundirse en las ilusiones soberanistas;
tener como objetivo prioritario el bienestar social y romper con la religión
del crecimiento.
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Politis nº 1049, abril 2009
Notas:
1/ « In knots over nationalisation », The Economist, 26/2/2009, http://gesd.free.fr/inknots.pdf
2/ Michel Husson, « Chacun pour sa bourgeoisie », Regards, mayo 2009, http://hussonet.free.fr/eurogar.pdf [Traducido a continuación].
3/ Perspectives économiques de l’OCDE, Rapport intermédiaire, marzo 2009, http://tinyurl.com/ozout93
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