(IAR
Noticias)
16-Abril-09
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La caída
de los productos alemanes en los mercados
exportadores hay que retrotraerla de manera decisiva a los cambios en la distribución del
producto social: los beneficios han crecido monstruosamente, mientras que los
ingresos de las masas se mantienen muy por detrás, y por doquiera. Hoy tenemos
muchísimos más milmillonarios que nunca antes en la historia. Y éstos consumen
relativamente poco. Millones de trabajadores con modestos ingresos no pueden
compensar eso, así que se desploma la demanda.
Entrevista a Elmar Altvater (*) - Revista Sin Permiso
¿C onsidera
usted realista la previsión de un retroceso del 7% para la economía alemana para
fines de 2009?
Yo no tengo a mi disposición ningún instituto que pueda hacer cálculos
econométricos. En este aspecto tengo que fiarme de lo que dicen los
investigadores económicos que disponen del instrumental analítico necesario. Con
todo lo que se puede observar ahora, se puede desde luego prever que el
rendimiento económico va a retroceder mucho; el 7% entra dentro de lo posible.
Si las exportaciones de Japón y China se van a reducir un 50%, y si cifras
análogas se prefiguran posiblemente para Alemania, entonces hay que esperar una
dura sacudida en el conjunto de la economía.
Una situación única,
desconocida hasta ahora en la historia de la República Federal de Alemania.
Este país tuvo un crecimiento ininterrumpido positivo hasta fines de los años
sesenta –se habló de milagro económico—, y a su hora lo ha habido también en
Latinoamérica o en los llamados Trigres asiáticos, luego en China y en India.
También podría decirse que ese período fue la excepción. Ahora volvemos a
aproximarnos a la regla, que son las caídas profundas. Y ahora son mucho más
profundas que nunca antes en la historia del capitalismo posterior a 1945. Lo
que también se reflejará en las cifras de desempleo.
¿A costa de la
inestabilidad interna?
Desde luego habrá que contar con conflicto sociales graves.
La
extraordinaria caída experimentada por nuestros productos en los mercados
exportadores, ¿ha de explicarse sobre todo por unas fuentes del crédito cegadas?
Desde luego es una de
las razones, pero no la única, tal vez ni siquiera la de mayor peso. La caída
hay que retrotraerla de manera decisiva a los cambios en la distribución del
producto social: los beneficios han crecido monstruosamente, mientras que los
ingresos de las masas se mantienen muy por detrás, y por doquiera. Hoy tenemos
muchísimos más milmillonarios que nunca antes en la historia. Y éstos consumen
relativamente poco. Millones de trabajadores con modestos ingresos no pueden
compensar eso, así que se desploma la demanda.
¿Y no tiene
igualmente efectos sobre la demanda una distinta manera de producir, por
ejemplo, en el caso de los bienes de inversión?
Sí. Hay que partir del hecho de que los grandes rendimientos se han obtenido en
el sector de la especulación financiera, mientras que la rentabilidad de las
inversiones productivas decaía parcialmente. Lo que Marx analizó como caída de
la tasa de beneficio sigue siendo tan verdadero como antes. Con la caída de la
tasa de beneficio desaparece también, huelga decirlo, la demanda de inversiones,
de lo que no se libra ningún mercado en el mundo. Pero permítame observar las
cosas también desde otro punto de vista: en Heiligendamm, con ocasión de la
Cumbre del G-8 en 2007, se tocó también el tema de los desequilibrios
estructurales en el mundo. Ya entonces se dijo que, de no reducirse esos
desequilibrios, y señaladamente los enormes déficits estadounidenses –tanto
presupuestarios como de balanza de pagos—, y de no moderarse los excedentes en
China, Japón y otros países (entre ellos, Alemania), se llegaría a una grave
crisis –un terremoto—, que haría las veces de regulador. En 2007 estaba
completamente claro: los EEUU, con sus excedentes extremadamente grandes de
importación (de los que se benefició también la República Federal en forma de
excedentes de exportación), caerían, a la corta o a la larga, en su papel de
gran “aspiradora” del comercio mundial.
¿No habría que haber
procurado más bien generar una demanda que pudiera compensar parcialmente esas
caídas?
Desgraciadamente, no se ha hecho así, en la distribución del ingreso se ha dado
primacía a los réditos del capital, lo que ha ocurrido a costa de los sueldos y
los salarios. No hubo redistribución en el otro sentido en 2007, cuando se dio
la última oportunidad para proceder a una reestructuración fiscal. Hoy pagamos
las consecuencias de ello, pero la gran pregunta es: ¿con qué resistencias de
grupos capitalistas choca eso? Nos hallamos en una situación en la que el
desastre de los bancos aparece como un síntoma de crisis particularmente
peligroso, porque amenaza con la quiebra de todo el sistema financiero, lo que
significaría el estrangulamiento de los ciclópeos paquetes de rescate.
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(*)Elmar Alvater, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO,
profesor emérito de Ciencia Política en el Instituto Otto-Suhr de la Universidad
Libre de Berlín. Perteneció entre 1999 y 2002 a la Comisión de Investigación
sobre Globalización de la Economía Mundial del Parlamento federal alemán
(Bundestag) y es miembro del Consejo Científico de attac. Su último libro
traducido al castellano: E. Altvater y B. Mahnkopf, Las Limitaciones de la
globalización. Economía, ecología y política de la globalización, Siglo XXI
editores, México, D.F., 2002.
Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench
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