ientos de personas, sin distinción de fe, se concentraron el domingo 8 de
marzo junto a los cuarteles de Massereene, en Antrim (Irlanda del Norte) para
rezar por la paz en el Ulster y protestar por el atentado de la noche del sábado
en el que murieron dos soldados británicos y otros dos militares y dos civiles
resultaron heridos. Uno de ellos, un inmigrante polaco, está en estado crítico.
El atentado, reivindicado el domingo por los disidentes republicanos del
IRA-Auténtico, ha sido condenado por los líderes de todos los partidos del Ulster y por los primeros ministros de Reino Unido y de Irlanda con un mensaje
común: nada parará la paz.
El atentado ocurrió a las 21.40 (22.40 en la península española), cuando
cuatro soldados cruzaron la entrada de la base del 38 Regimiento de Ingenieros
en Antrim para recoger unas pizzas que habían encargado 20 minutos antes. En ese
momento, dos pistoleros salieron de un coche que estaba aparcado unos metros más
adelante y lanzaron una ráfaga de disparos con fusiles ametralladores,
alcanzando a los cuatro soldados y a los dos civiles que traían las pizzas.
Luego se acercaron a ellos y lanzaron una segunda ráfaga antes de salir huyendo
en el coche.
Es el primer atentado mortal contra soldados británicos en Irlanda del Norte
desde que Stephen Restorick, de 23 años, fue alcanzado por el disparo de un
francotirador del IRA en un control en Bessbrook (Condado de Armagh) en febrero
de 1997. Algo más de un año después, en abril de 1998, se firmaron los Acuerdos
de Paz de Viernes Santo. Unos meses después, en agosto, disidentes republicanos
mataron a 29 personas con un coche bomba en Omagh. Fue la peor carnicería en
toda la historia de los disturbios.
La bomba de Omagh, que quería acabar con el proceso de paz, no hizo más que
reforzarlo. El atentado del sábado, de escala mucho menor pero de gran
simbolismo por ser un ataque directo al Ejército, se produce en un momento muy
diferente. Aunque la reconciliación entre católicos y protestantes sigue estando
lejos, los norirlandeses se han acostumbrado a la paz.
Ahora, los unionistas de línea dura comparten el Gobierno del Ulster con los
republicanos del Sinn Fein, brazo político del IRA, la policía es aceptada por
todos y Londres está a punto de traspasar al Gobierno autónomo las competencias
sobre interior y justicia. El IRA ha enterrado las armas y la lucha armada, y el
Ejército británico ha dado por concluida la Operación Banner, nombre clave de la
campaña de 38 años contra el terrorismo republicano.
El atentado ha sido condenado por el ministro principal y líder del
unionismo, Peter Robinson. "Estos asesinatos son un acto fútil de quienes no
tienen apoyo popular ni posibilidades de tener éxito. No nos van a desviar de la
dirección que ha tomado Irlanda del Norte", dijo. También por el líder
republicano, Gerry Adams: "Ha sido un ataque al proceso de paz. Es
contraproducente. Los que lo han hecho no tienen apoyo ni estrategia para
alcanzar una Irlanda unida". Con el mismo énfasis se pronunciaron los primeros
ministros británico, Gordon Brown, e irlandés, Brian Cowen.
Pero el atentado puede tener consecuencias políticas, porque ha llegado horas
después de un rifirrafe de los republicanos con el jefe del Servicio de la
Policía de Irlanda del Norte (PSNI), Hugh Orde. Desde hace meses, tanto Orde
como los observadores independientes venían alertando sobre el peligro creciente
que suponen los disidentes republicanos.
El jueves de la semana pasada, Orde informó de ese peligro al consejo civil del PSNI pero
descartó la posibilidad de pedir ayuda al Ejército, que desde que acabó la
Operación Banner no sólo ha reducido su presencia en el Ulster, sino que está
acantonado en sus cuarteles.
Pero el viernes, el jefe policial se vio forzado a confirmar las
informaciones de la BBC de que han sido desplegados expertos militares. "Estamos
hablando de un número muy reducido de personas que incrementan mi capacidad
técnica. No tienen un papel operativo", precisó. Pero el número dos del Sinn
Fein y del Gobierno autónomo, Martin McGuinness, declaró de inmediato que su
confianza en Orde se estaba "tambaleando". Ahora, el atentado confirma que el
policía no se equivocaba sobre el creciente peligro de los disidentes
republicanos. Pero echar mano del Ejército para luchar contra ellos evoca viejos
fantasmas y puede dividir a la clase política del Ulster.