os gobiernos de nueve de esos países pidieron ayuda financiera por un monto
de 190.000 millones de euros, pero la Comisión Europea les negó esa ayuda.
No obstante, en el comunicado final de la cumbre de la UE, todos los 27
países miembros declararon que saldrán juntos de la presente crisis económica
gracias a que conservarán el mercado común en la UE y lucharán contra el
proteccionismo.
Sin embargo, cumplir esta promesa será un asunto bastante difícil.
"No debemos permitir que una nueva cortina de hierro divida a Europa",
argumentó el primer ministro húngaro Ferenc Gyurcsany al argumentar la necesidad
de que la UE les entregara los 190.000 millones de euros necesarios para
apuntalar sus finanzas.
Sin embargo, la cancillera de Alemania Angela Merkel a nombre de su país, el
mayor donante de la UE, rechazó la petición explicando que la ayuda de la UE a
los países de Europa del Este en ningún caso debe ser un proceso general, y que
en el caso de prestar ayuda, ésta se debe proporcionar únicamente en casos muy
concretos.
Al explicar su postura, Merkel subrayó que la situación en Eslovenia o
Eslovaquia no es la misma que la situación de Hungría, que entre otras cosas, ya
recibió ayuda por un monto de 6.500 millones de euros, ya que se encuentra al
borde de la suspensión de pagos.
Merkel precisó que la ayuda a los países a Europa del Este debe canalizarse
mediante las instituciones financieras internacionales, como, por ejemplo, el
Fondo Monetario Internacional.
Al respecto, la semana pasada el Banco Mundial, el Banco Europeo de
Reconstrucción y Desarrollo y el Banco Europeo de Inversiones ya anunció que
concederá a los bancos de Europa Oriental, créditos por un monto de 24.500
millones de euros.
En la recién pasada cumbre de la UE, se pronunciaron muchos discursos en
defensa de la unidad y la conservación del mercado común de la Unión Europea y
la lucha contra el proteccionismo como lastre que impedirá a los países de la
UE salir en bloque de la crisis.
"Nosotros somos una unión y no dos o tres uniones ",-dijo el presidente de la
Comisión Europea José Manuel Barroso, al insistir que es improcedente marginar
del espacio económico común europeo a los países que entraron a la UE hace tan
sólo cinco años y considerarlos como una zona con muchos problemas.
No obstante, en condiciones de crisis el proteccionismo se extiende en toda
la UE. El pasado mes de febrero, uno de los ideólogos de la integración europea
el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy asestó a la UE un golpe inesperado.
El líder galo prometió 6.000 millones de euros a los gigantes
automovilísticos Renault y Peugeot Citroen, y declaró que no ve las razones
para que las empresas francesas atacadas por la recesión, deban seguir
trabajando en otros países como en la república Checa, cuando pueden crear
puestos de trabajo en Francia.
Las autoridades de la UE tuvieron que hacer grandes esfuerzos para
regularizar el contencioso franco-checo, y en vísperas de la cumbre se informó
que la propuesta de Sarkozy no obliga a Renault y Peugeot Citroen a utilizar el
crédito únicamente en Francia.
"No existe ningún indicio de proteccionismo", comentó satisfecho la noticia
el primer ministro checo Mirek Topolanek.
A pesar de que asignar créditos estatales a las empresas francesas,
independientemente se inviertan en Francia o en la República checa, suponen un
claro ejemplo de proteccionismo.
Sobre todo si se tiene en cuenta que la semana pasada la UE rechazó el pedido
del consorcio automotriz estadounidense General Motors que solicitó créditos por
3.300 millones de euros para apoyar la producción de sus marcas en el mercado
europeo.
En ese caso, los líderes de la UE declararon que ese es un problema que debe
afrontar cada país, y de esa manera, dieron luz verde al proteccionismo nacional
en el sector automovilístico en el Viejo Continente.