(IAR
Noticias)
22-Febrero-09
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Marcha en Reykjavik, una delas muchas y multitudinarias protestas
recientes en Islandia. (Foto AFP)
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Fueron presentados como éxitos del neoliberalismo, pero
hoy sufren a pleno la crisis global.
Por
Néstor Restivo -
Clarín
Rápido para crear nombres que nutran la ilusión de la riqueza permanente, un
gurú rebautizó a Irlanda "Tigre celta". También Islandia -la lista sigue con
Austria o las "joyas" ex comunistas de Europa oriental- fue hasta hace poco una
niña mimada del neoliberalismo. Hoy la crisis tritura esas economías.
Quizá Irlanda sea el caso más paradigmático. De "milagro" y modelo a seguir,
Alemania, el socio más poderoso de la Unión Europea, ya advirtió que podría caer
en default. Y sus números son de temer. Su PBI cayó casi 3% en
2008 y para la revista The Economist
lo hará 4% en 2009 y la malaria
seguirá en 2010. "Tal vez somos optimistas", advirtió. Pero junto con el achique
preocupa el déficit fiscal, que ronda 7% del PBI (la UE sólo permite hasta 3% de
rojo) y tocaría 11% este año.
Irlanda generó atención por sus reformas liberales de los 90 que, igual que en
Argentina, fueron paralelas a la irresponsabilidad presupuestaria.
Adherida a la UE y a su gigantesco mercado, con un pueblo angloparlante y
educado, fuertes bajas impositivas, recortes salariales y desregulación del
flujo de capitales, Irlanda atrajo a miles de empresas sobre todo de EE.UU., que
se relocalizaron en Dublin y otras ciudades. El Estado se replegó, aunque tuvo
el tino de cuidar la educación superior para sostener con nuevos ingenieros y
científicos de las universidades Dublin, Cork o Galway la nueva economía, de
agropastoril devenida en una ligada a tecnologías e informática (allí fueron
Google, Intel, Dell, Microsoft o Apple, llevando a miles de obreros
estadounidenses de origen irlandés) y con sesgo exportador.
Pero la riqueza generada, que medida por persona llegó a ser la segunda de la UE
luego de Luxemburgo, se volcó mucho a construcción, un rasgo que recorrió el
mundo. Sea por lavado de dinero o inversión "segura" en ladrillos antes que en
otras aventuras, el sector inmobiliario se multiplicó a escala dislocada de la
realidad, y atada a "productos" bancarios de especulación con bonos
hipotecarios. Igual que en España y otros países, casi 20% del eufórico pero de
corta vida crecimiento irlandés se asoció al sector residencial. El final se
conoce: estallido de la burbuja y pérdidas monumentales para los que entraron al
juego.
Hoy por la recesión y antes por los recortes impositivos y desregulaciones (que
le valió el premio de la ultraliberal Heritage Foundation, que la ubicó entre
los 10 primeros países en "libertad económica", algo tan pero tan importante
como las notas de las calificadoras de crédito...), el Estado se quedó sin plata
y su déficit es uno de los mayores del mundo, de ahí el fantasma del default.
Islandia, un pequeño país que no es socio de la UE (por cierto, por la crisis
analiza si entrar y adoptar el euro), fue un modelo de cohesión social y buena
vida hasta hace pocos años, basada sobre todo en la pesca. Pero a fines de la
década pasada abrió sin resguardos sus mercados financieros y privatizó casi
toda su banca.
Al país ingresaron grandes capitales financieros, se permitió la operatoria de
fondos "de cobertura" (hedge funds, los más especulativos y riesgosos) y bancos
locales como Kaupthing o Glitnir empezaron a expandirse por Europa. La riqueza,
aparentemente, abundaba y un ejecutivo de la Mercedes Benz llegó a decir que
veía más autos de lujo de su empresa en Reykjavik que en toda Suecia.
Pero el sueño acabó y la crisis de 2008 fue tan fuerte y veloz que, como pudo,
el Estado debió renacionalizar la banca y hacerse cargo de los estragos que
causaron las promesas de rendimiento de fondos y otros creatividades a las que
el ministro de Finanzas Arni Mathiesen calificó de "peor que un juego de Las
Vegas". En 2006 hubo síntomas de iliquidez y se recurrió a la banca británica.
Pero esta vez, con aquella también tambaleante, no hubo más remedio que la
estatización casi total. Por cierto, quedaron atrapados muchos fondos
británicos, lo que valió el enojo y las amenazas de Londres.
Por el retiro de capitales y el pánico, la moneda local -la corona- vale casi
30% menos que hace un año, la Bolsa perdió 40% y el PBI se contrajo 15% el año
pasado (65% si se midiera en euros), bastante más que el de Argentina en la
crisis de 2001/2002.
Ahora el Estado, que no tiene tantos recursos por sus rebajas impositivas y
porque una dura política monetaria enfrió más las cosas, se las ve muy mal para
atajar todos los penales que le patean los islandeses. Por lo pronto, el
gobierno parlamentario ya está ido y llamó a elecciones anticipadas para abril,
aturdido por la protesta popular.
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