Estados Unidos y sus aliados no
saben qué hacer con Afganistán después de las fraudulentas
elecciones de agosto y del resurgimiento del movimiento islamista
Talibán.
Chris Arsenault entrevista a la legisladora
afgana
Malalai Joya - IPS
El presidente saliente Hamid Karzai asumió el 19
de este mes su segundo mandato, sin segunda vuelta tras la renuncia
del opositor Abdulah Abdulah por dudas sobre la legitimidad de los
nuevos comicios.
La recomendación de la legisladora afgana Malalai Joya al comandante
de Estados Unidos en Afganistán, Stanley McChrystal, y a otros
militares es: "Deben irse hoy de mi país, es mucho mejor que
mañana".
El general McChrystal es uno de los que han solicitado al gobierno
de Barack Obama que envíe 40.000 efectivos más a Afganistán, además
de los 69.000 que ya están apostados en ese país de Asia central.
"Ellos arguyen que habrá una guerra civil" si se van los
extranjeros, señaló Joya mientras bebía unos sorbos de té verde,
"pero nadie habla de la guerra civil que hay ahora".
Murieron 1.000 personas en la primera mitad de 2009, un aumento de
24 por ciento respecto del año anterior, según la Unidad de Derechos
Humanos de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas a
Afganistán.
En octubre murieron más efectivos estadounidenses que en cualquier
otro mes en los ocho años de guerra.
Joya es la mujer más joven que haya sido elegida al parlamento de
Afganistán. Sus valerosos cuestionamientos a la ocupación extranjera
y al fundamentalismo del Talibán son la causa de los cinco atentados
que sufrió.
"Estoy un poco cansada", confesó, "pero tenemos que ser
incansables".
Joya conversó con IPS en esta sudoccidental ciudad canadiense con
motivo del lanzamiento de sus memorias, "A Woman Among Warlords: the
Extraordinary Story of an Afghan Who Dared to Raise Her Voice" ("Una
mujer entre señores de la guerra: la extraordinaria historia de una
afgana que se atrevió a alzar la voz").
IPS: El discurso dominante en Occidente respecto de Afganistán
suele ser algo así como que si los soldados se van, el Talibán
regresará al poder, las niñas no irán más a la escuela y el país se
convertirá en una plataforma de lanzamiento de ataques contra todo
el mundo. ¿Qué opinión le merece esa idea?
MALALAI JOYA: La democracia no nace de la guerra ni de un arma ni de
bombas de racimo. La liberación nunca se logra a partir de una
ocupación. Tras la tragedia del 11 de septiembre (de 2001, cuando
ocurrieron los atentados terroristas contra Nueva York y
Washington), Estados Unidos y sus aliados nos llevaron de mal en
peor.
Reemplazaron al Talibán por los fundamentalistas de la Organización
del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que son su fotocopia.
Ocupan nuestro país en nombre de los derechos de las mujeres, pero
su situación es tan catastrófica como bajo el régimen Talibán
(1996-2001). La única diferencia es que esos delitos suceden en
nombre de la democracia, de la libertad, de los derechos humanos y
(específicamente) de la mujer. Pero no se pueden otorgar desde el
extranjero ni a punta de pistola.
Ellos dicen que, si sus soldados se van, el Talibán nos va a
devorar. Pero ellos los respaldan y apoyan a los señores de la
guerra. Los dos nos están comiendo. Luchar contra un enemigo es más
fácil que contra dos. Estamos entre dos enemigos.
IPS: El periódico estadounidense The New York Times informó hace
poco que Ahmed Wali Karzai, hermano del presidente Hamid Karzai, es
un conocido traficante de droga y que desde hace años trabaja para
la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA). Además,
The Nation señaló que las fuerzas occidentales financian al Talibán
de forma indirecta al pagarles por la seguridad de las rutas. ¿La
gente común comenta esa connivencia?
MJ: La gente lo sabe muy bien. Muchos otros, como el presidenciable
Abdulah Abdulah, están sentados en la falda de la CIA. Se dice que
Gulbuddin Hekmatyar, otro señor de la guerra, recurre a su antigua
red de tráfico de drogas creada por esa agencia.
Si el primer ministro canadiense Stephen Harper es honesto, ¿por qué
se calla y respalda un sistema mafioso? Son criminales, pero como
tienen traje y corbata están en el poder.
Por si fuera poco, Karzai nombró a Izzatullah Wasifi como jefe de la
lucha contra la corrupción en 2007. Es un convicto por tráfico de
drogas que pasó casi cuatro años en la prisión estatal (del
occidental estado estadounidense) de Nevada por vender heroína, pero
era un viejo amigo de la familia del presidente de Afganistán.
Como suelen decir los afganos: "Karzai puso un conejo a cuidar una
zanahoria".
IPS: En marzo de 2001, Rahmatullah Hashimi, importante asesor del
líder talibán Mulá Omar, se habría reunido con funcionarios de
Washington para discutir la construcción del gasoducto trans-afgano,
que llevaría gas natural de Asia central a India, pasando por
Afganistán y evitando a Irán y Rusia, que no son aliados de Estados
Unidos. Las negociaciones se interrumpieron por diferencias en la
tarifa por concepto de tránsito, según el periodista Pepe Escobar,
de Asia Times. ¿Qué relación hay entre las reservas energéticas de
la región y la ocupación?
MJ: Ellos ocuparon nuestro país con fines geopolíticos.
Afganistán está en el corazón de Asia. China y Rusia son cada vez
más poderosos y eso no le gusta a Estados Unidos. Mi país es un buen
punto de pasaje para acceder fácilmente a los recursos de gas y
petróleo de Asia central.
La superpotencia usa y ocupa nuestro país como si fuera parte de un
gran juego de ajedrez. Afganistán tiene muchos otros recursos
naturales. China acaba de ofrecer miles de millones de dólares para
poder explotar nuestros yacimientos de cobre, estimados en unos
88.000 millones de dólares.
IPS: Los canadienses y algunos europeos se enorgullecen de no
tener efectivos en Iraq. ¿Qué piensa de eso?
MJ: Cuando su gobierno dice que la guerra en Iraq es mala y la de
Afganistán buena, debe preguntarle por qué.
La guerra en Afganistán fomenta el terrorismo, pese a que el
presunto objetivo es combatirlo. Los principales beneficiarios del
conflicto son los grupos extremistas que se aprovechan del legítimo
resentimiento contra la OTAN.
Envío mi pésame a las madres canadienses que perdieron a sus hijos e
hijas en Afganistán en nombre de la llamada guerra contra el
terrorismo. Ellas son las que tienen que presionar al gobierno,
sacar fuerzas de sus miedos y de sus penas y elevar su voz contra
esta guerra criminal. Ellas son las víctimas de las malas políticas
de su gobierno.