n medio de un fuerte aumento de la violencia de cara a las elecciones
presidenciales del 20 de agosto, un gobernador provincial escapó ileso de un
ataque con bomba contra su convoy al oeste de Kabul en un aparente intento de
asesinato, según un portavoz.
Los talibanes han prometido sabotear los comicios, y han pedido a los afganos
que boicoteen la segunda ocasión en la que podrán elegir presidente de manera
directa desde que el régimen integrista fuera derrocado por fuerzas afganas y
estadounidenses en noviembre de 2001.
La violencia en todo el país ya ha alcanzado su peor nivel desde entonces, y
ha aumentado aún más después de que el mes pasado miles de marines
estadounidenses lanzaran una ofensiva contra el bastión talibán en Helmand, en
el sur del país.
El alto cargo policial Sayed Ghafar dijo que unos cohetes estallaron en el
área diplomática de Wazir Akbar Jan, donde se encuentran varias embajadas y la
sede de la ISAF, la misión de la OTAN. Al menos otro cayó junto a un hospital
cercano a la embajada estadounidense, según mostraron imágenes de televisión.
Otros cayeron en diversas partes de Kabul, destrozando ventanas y asustando a
los habitantes de la capital en la oscuridad previa al amanecer. Un niño resultó
herido.
Los vecinos dijeron que el ataque del martes fue el mayor en varios años.
También es el más importante sobre la capital en la oleada de violencia de este
año, que gradualmente ha ido extendiéndose fuera de los bastiones talibanes en
el sur y el este.
Una portavoz de la ISAF dijo que están investigando el ataque, pero que
todavía no tenían información sobre el tipo de cohetes utilizados.
Posteriormente los talibanes aseguraron haber lanzado 12 cohetes sobre Kabul,
con el objetivo de alcanzar el aeropuerto civil y militar.
Además, Mohamad Halim Fedaye, gobernador de la provincia de Maidan Wardak,
justo al oeste de Kabul, salió ileso después de que su convoy fuera alcanzado
por unas bombas en una carretera en el exterior de la capital, dijo su portavoz.
El lunes, una bomba en una cuneta causó la muerte de al menos 12 personas el
lunes en el oeste del país, atentado que se adjudicaron los talibanes, tras un
sangriento fin de semana en el que fallecieron nueve soldados extranjeros.