"Sólo si hay voluntad política, puede ponerse en marcha un
conjunto de incentivos y sanciones en apoyo de la reconciliación y reintegración
(de los insurgentes que abandonen la lucha)", apuntó el ministro.
El titular de Exteriores británico aseguró que el plan
implicaría continuar la lucha militar contra los talibanes radicales de manera
"implacable" y a la vez ofrecer alternativas de incorporación a la vida civil y
política a los militantes de base.
"El gobierno debe desarrollar iniciativas efectivas sobre el
terreno para ofrecer una alternativa al 'luchar o luchar' a los miembros de a
pie de la insurgencia", señaló el ministro.
Sin embargo, según Milliband, para comenzar a aplicar esa
estrategia, será necesaria la celebración con éxito de las elecciones generales
afganas el próximo 20 de agosto.
"Estamos en una encrucijada para la historia de Afganistán y
nuestro trabajo aquí. Las elecciones del 20 de agosto tienen que ser creíbles e
incluyentes", indicó Milliband.
Cuestionamientos
Algunos analistas cuestionan la novedad y efectividad de las
ideas de "reconciliación" y "reintegración" con los talibanes.
"Algunos argumentan que es difícil convencer a los talibanes
de que dejen las armas cuando todavía tienen la sensación de que están ganando
militarmente", sugirió el corresponsal de Defensa y Seguridad de la BBC, Rob
Watson.
"Durante algunos años tanto el gobierno afgano como sus
socios internacionales intentaron llegar a varios grupos insurgentes con
resultados muy diversos. Parte del problema fue cómo identificar a aquellos
insurgentes con los que la reconciliación es posible, además de quién debería
acercarse a ellos y cómo", añadió Watson.
Sin embargo, otros recuerdan que precisamente la experiencia del gobierno
británico en Irlanda del Norte muestra la importancia de hablar con el enemigo,
así se le considere "terrorista".
Los objetivos marcados por David Milliband este lunes están
en consonancia con la estrategia a seguir en el país asiático planteada por la
secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, en la última cumbre
sobre Afganistán celebrada en La Haya, Holanda, el pasado mes de marzo.
"Debemos apoyar los esfuerzos del Gobierno afgano para
separar los extremistas de Al Qaeda y los talibanes de aquellos quienes quieren
salir de esa convicción pero sin desesperar. Se les debería ofrecer una
honorable manera de reconciliación y reintegración dentro de una sociedad en
paz, siempre que quieran abandonar la violencia, romper con Al Qaeda, y apoyar
la constitución", aseguró Clinton en aquella ocasión.
Esta sintonía entre los Estados Unidos y el Reino Unido fue
subrayada esta mañana por Richard Holbrooke, representante especial de los
Estados Unidos para Afganistán y Pakistán.
"Richard Holbrooke dijo que David Milliband y la secretaria
de Estado, Hillary Clinton, estaban planteando los mismos puntos: que la
sociedad afgana tiene espacio para aquellos que estén preparados para abandonar
a los talibanes y a al-Qaeda, dejar las armas y participar en la vida política",
informó desde Kabul la periodista de la BBC, Lyse Doucet.
Situación delicada
En cierto modo, las declaraciones del titular británico de
Exteriores, pronunciadas ante un público de diplomáticos y periodistas, recogen
el testigo de Clinton, pero llegan en un momento especialmente delicado para las
tropas británicas en el país asiático.
Desde el inicio de la importante ofensiva militar contra los
talibanes en las provincias del sur del país a principios de julio, 19 militares
británicos murieron en el país asiático, lo que hace un total de 188 víctimas
mortales británicas desde octubre de 2001.
Este hecho reavivó el debate en el Reino Unido sobre la
presencia británica en Afganistán.
"El discurso de Milliband refleja claramente los esfuerzos
del gobierno británico por explicar su política en aquel país a la luz de las
recientes pérdidas militares que alzaron críticas sobre la financiación del
conflicto y levantaron escepticismo sobre si es una guerra en la que vale la
pena luchar", subrayó el Rob Watson.