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(IAR
Noticias)
27-Mayo-09
Un efecto muy nocivo de lo que llamamos "globalización" es la forma en que
siempre está invitando, cuando se piensa en una región, a confundir el origen
de los conflictos, obligando a un duro ejercicio para separar las "causas
nacionales" de las regionales y de las "internacionales". En esto, la
transparencia de la revolución informática oscurece antes que aclara las
situaciones.
Por Oscar Raúl Cardoso - Clarín
¿Un ejemplo? Este mismo lunes se puede encontrar uno: en un solo día, Corea
del Norte hizo estallar su segundo artefacto nuclear en tres años y, en las
mismas horas, hizo disparos de prueba con tres misiles tierra-aire lo que
constituye una asombrosa flexión de músculo militar para una de las naciones
más pobres del planeta.
Es verdad, aún falta determinar el resultado de estas pruebas, algo que puede
demandar hasta tres semanas, según los expertos. Eso es lo que se tardó en
2006 cuando en Occidente se llegó a la conclusión de que aquella explosión
subterránea controlada había sido un fracaso parcial (parte del explosivo no
estalló).
Aquella prueba fue modesta, apenas un kilotón; un monto primitivo si se tiene
en cuenta que las dos bombas que iniciaron la era del temor atómico -las que
cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki- fueron de entre 15 a 23 kilotones.
Es curioso que en una época en que los satélites pueden tomar desde el espacio
exterior fotos en las que imprimen el color de ojos de cualquier transeúnte
desprevenido, un régimen primitivo como el de Pyonyang sea capaz de guardar
secreto sobre la esencia de su proceso de decisión. Corea del Sur -y
especialmente su bolsa de valores- dieron indicios claros de haber sido, al
menos, parcialmente sorprendidos por las acciones de su vecino del norte.
Toda esa sorpresa parece haber descontado los indicios que sugerían que los
generales de Kim Jong-il estaban a punto de volver a las andadas. En diciembre
pasado, Corea del Norte decidió interrumpir el proceso de negociación con
Estados Unidos y cinco estados europeos que ya le había permitido rehacerse de
algunos de los depósitos congelados en bancos internacionales.
Si la negociación hubiera continuado Corea del Norte estaría hoy cerca de
recibir ayuda internacional, especialmente energética y alimentaria. En Corea
del Norte solo la dirigencia del régimen y su poderoso ejército están en
condiciones de asegurar que están bien alimentados. El resto del país orilla
cada tanto una hambruna de proporciones épicas.
Pyonyang adujo entonces que Washington se negaba a abandonar sus "políticas
criminales" contra Corea del Norte. Pero, claro, para esto las inspecciones
internacionales deberían haber comenzado y la continuidad de cualquier
programa bélico de armas de destrucción masiva se hubiese vuelto muy difícil
de seguir estando bajo camuflaje.
Ahora veamos las razones que el estallido de cada acción de Corea del Norte
produce en la prensa internacional que suele explicar todo según un único eje:
el de la disputa de Corea del Norte con Estados Unidos.
En la segunda mitad del año pasado Kim Jong-il, de 68 años, sufrió un serio
episodio de salud (otra vez la oscuridad, nadie sabe la naturaleza real del
ataque que padeció) y esto ha puesto al régimen en un nuevo curso de velocidad
para consolidar una sucesión.
La especulación que hacen los más conocedores es que el sucesor será el más
joven de los tres hijos (conocidos) del líder: Kim Jong, uno que aún no ha
cumplido 30 años.
La línea más dura del régimen lleva un año demandando que se interrumpa toda
negociación con Occidente. Uno de ellos, desconocido hasta para los propios
coreanos del norte, el general Kim Yong-chol, ha comenzado a hacer pública
esta demanda, algo que no es frecuente entre los uniformados de Kim que no
suelen soltar su lengua en público. Mostrar firmeza militar en tiempos
inciertos de cambio puede no ser, en este caso, demasiado inteligente, pero
nadie puede decir que no es un recurso frecuentemente visto. |