l 22 de abril, la secretaria de Estado (canciller) de Estados Unidos,
Hillary Rodham Clinton, le dijo al Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de
Representantes que estaba preocupada por el acuerdo de paz firmado por el
gobierno de la Provincia de la Frontera Noroccidental con el Tehrik-e-Taliban
Pakistán (TTP) para implementar la shariá (ley islámica) en la división de
Malakand, que incluye los distritos de Swat, Dir y Chitral, fronterizos con
Afganistán.
Clinton causó un escándalo diplomático cuando acusó a Islamabad de “abdicar
ante el Talibán y los extremistas”. La secretaria dijo que el incipiente
gobierno del Partido Popular de Pakistán afrontaba una “amenaza existencial” de
los militantes islamistas, y que este país podría entonces convertirse en una
“peligro mortal” para Estados Unidos y otros países.
Los comentarios de Clinton fueron similares a los hechos por el asesor clave
del Comando Central de las fuerzas de Estados Unidos, David Kilcullen, citado
por el diario The Washington Post en marzo, quiena firmó que Pakistán podría
colapsar en menos de seis meses.
Consultado sobre si pensaba que Pakistán era el “frente central” en la
“guerra contra el terrorismo”, Kilcullen respondió que si Islamabad colapsaba,
la red extremista Al Qaeda podría tomar el control y adquirir armas atómicas.
“Pakistán tiene 173 millones de habitantes, 100 armas nucleares, un ejército
mayor que el de Estados Unidos y a las bases de Al Qaeda en dos tercios del
territorio que el gobierno no controla”, afirmó.
“Los militares, la policía y los servicios de inteligencia no siguen las
órdenes del gobierno civil. Son esencialmente un estado hostil dentro del
Estado. Ahora estamos alcanzando el punto en el que en uno seis meses podríamos
presenciar el colapso del Estado pakistaní, también por causa de la crisis
financiera mundial, que exacerbó todos esos problemas”, añadió.
Pero el analista pakistaní Hasan Askari Rizvi, experto en temas de defensa,
minimizó estos temores y señaló que Estados Unidos está contemplando el peor
escenario, que nunca va a ocurrir. En conversación telefónica con IPS desde
Lahore, Rizvi dijo que la existencia de Pakistán no estaba en peligro inminente,
pero alertó que este país podría entrar en una “fase sangrienta” en los próximos
seis meses.
Muchos en Pakistán vieron el acuerdo firmado entre el gobierno de la
Provincia de la Frontera Noroccidental y el TTP el 16 de febrero como una
entrega de Malakand a los talibanes pakistaníes.
El presidente Asif Ali Zardari se mostró renuente a firmar el proyecto de ley
que permitía la implementación de la shariá, y recién la aprobó el 13 de abril.
En los últimos dos años, los militantes del TTP establecieron un efectivo
control sobre el valle de Swat, a 160 kilómetros de Islamabad, desafiando a más
de 20.000 soldados de las fuerzas pakistaníes desplegados allí como parte de la
guerra conjunta con Estados Unidos contra grupos radicales en Afganistán.
El TTP, que había bombardeado más de 200 escuelas, impide ahora que las niñas
asistan a clases, además de restringir los empleos para las mujeres y su derecho
a deambular en lugares públicos. También ha asesinado, incluso por decapitación,
a quienes se oponían a su visión extremista del Islam.
IPS le preguntó a Teresita C. Schaffer, directora para Asia meridional del
Centro para Estudios Estratégicos con sede en Washington, qué fue lo que llevó a
Estados Unidos a declarar una amenaza “existencial”.
“No hubo ni un solo acontecimiento ni declaración que motivara esta
preocupación en Washington”, explicó Schaffer, ex embajadora de Estados Unidos
en Sri Lanka. “Fue la creciente evidencia de que, en la práctica, el acuerdo en
Swat hizo que esa área pasara a ser controlada por insurgentes, que han matado a
muchos funcionarios de gobierno, policías y ciudadanos locales”, dijo en
respuestas vía correo electrónico.
A comienzos de abril, los combatientes islamistas expandieron su presencia a
los distritos de Buner y Dir, adyacentes a su baluarte en Swat, desatando
choques con los residentes. Según la organización Amnistía Internacional,
alrededor de 33.000 personas han abandonado sus hogares en el Bajo Dir. Severos
operativos militares han logrado un repliegue temporal de los islamistas.
La fortaleza y confianza de los radicales crecen ante el nerviosismo del
actual gobierno y la inacción de las fuerzas de seguridad en el valle de Swat.
Los habitantes en los grandes centros urbanos como Karachi, Lahore e Islamabad
también temen un ataque de los extremistas.
“Los talibanes están determinados y creen que se enfrentan a una autoridad
que puedan desafiar y remover”, subrayó Rizvi. “Los militantes no tienen que
venir a Islamabad para establecer su autoridad. Hay madrasas (escuelas
islámicas) de las ramas wahabi y salafi con elementos extremistas en todos lados
para hacerlo”, añadió.
“Los militantes sin duda quieren tomar control de más territorios, pero no
constituyen un ejército invasor que se mueve kilómetro por kilómetro”, coincidió
Schaffer. “El peligro es que la autoridad del Estado se erosionará en tantas
partes que será difícil continuar funcionando en la forma en que los pakistaníes
han esperado en los últimos 60 años”.
El gobierno “debe pensar cómo enfrentar la situación”, dijo Rizvi, y sostuvo
que, “en primer lugar, debería rehabilitar su autoridad reafirmando su primacía
en Swat y en las áreas adyacentes”. “Lamentablemente, esto derivará en una
situación sangrienta”, reconoció.
Mientras, miles de civiles continúan huyendo de los distritos de Dir y Buner,
escenario de enfrentamientos entre los islamistas y el ejército.
“Escapamos de la operación militar”, dijo Mohammad Riaz, del área de Nowagai,
en Buner, donde el ejército lanzó un ataque el 28 de abril para expulsar a
combatientes islámicos que habían llegado desde Swat.
“Nuestra área ha seguido los pasos de Swat. No tardará mucho para que las
escuelas y otros edificios del gobierno sean destruidos” por los talibanes, dijo
a IPS en entrevista telefónica desde la aldea de Rustam.
“El gobierno lanzó una operación en Buner y en Dir sólo para mostrarle a
Estados Unidos que estaba haciendo algo”, comentó Asharf Ali, experto en el
Talibán de la Universidad de Peshawar. “Buner todavía está bajo control talibán
y permanecerá así”, sostuvo.