ías después de que el presidente del fabricante estatal de aluminio Aluminun
Corp. of China (Chinalco) sellara la adquisición de una participación en la
minera anglo-australiana Rio Tinto Corp., una operación de US$19.500 millones,
dejó el cargo y se integró al gabinete del país.
La incursión del zar del aluminio Xiao Yaquing en la política genera una
pregunta fundamental sobre las motivaciones de los gigantes estatales que dan
sus primeros pasos en el escenario mundial. ¿Su principal norte serán las
ganancias o avanzarán la agenda nacionalista del gobierno chino? Un vistazo al
acuerdo con Rio Tinto sugiere que la respuesta es ambas: los negocios y la
política están estrechamente ligados para una nueva generación de ejecutivos
chinos que se sienten como pez en el agua en el ámbito global.
El tema es importante para América Latina y otras regiones ricas en recursos
naturales. China anunció adquisiciones en el extranjero por US$52.000 millones
en 2008, dos tercios de ellas ligadas a recursos naturales, según la firma de
investigación Dealogic. Este año se han anunciado 65 acuerdos en todo el mundo
por parte de empresas chinas, cuyo valor asciende a los US$23.200 millones, casi
todos en empresas de recursos naturales, dice Dealogic. Esta misma semana, sin
ir más lejos, trascendió que la petrolera China National Petroleum Corp.
adelanta negociaciones con la francesa Total SA y la petrolera estatal
venezolana PDVSA para orquestar un proyecto de explotación y refinación de crudo
en el estado venezolano de Carabobo.
El epicentro de la atención, sin embargo, ha sido Australia. El miércoles, el
pacto entre Chinalco y Rio Tinto, fue objeto de un intenso análisis durante la
asamblea anual de accionistas de Rio Tinto. Su presidente ejecutivo, Tom
Albanese, lo defendió: "Seguimos comprometidos con completar la transacción con
Chinalco y estamos abocados a navegar exitosamente a través del proceso
regulatorio antes de someterlo a la votación de los accionistas", observó.
La aprobación del acuerdo por parte de los reguladores podría complicarse
debido a la batalla política en Australia, donde la oposición ha acusado al
primer ministro Kevin Rudd, un ex diplomático en China que habla mandarín, de
ser "embajador errante para Beijing". También han atacado al Ministro de Defensa
por no revelar que un urbanizador chino-australiano pagó por dos viajes que hizo
a China cuando era un legislador de la oposición. Ambos hombres han defendido
sus lazos con China.
Se espera que las autoridades australianas emitan un fallo sobre el acuerdo
para mediados de junio. Los reguladores están analizando de cerca la relación
entre Beijing y Chinalco. El complejo acuerdo le daría a Chinalco una
participación de 18% en Rio Tinto, la tercera minera del mundo, la cual posee
valiosas minas de mineral de hierro y cobre en Australia y el resto del mundo,
como en Chile y Perú.
Hace cuatro años, las preocupaciones de los legisladores estadounidenses
sobre los lazos entre el gobierno chino y sus empresas ayudaron a hundir una
oferta de la petrolera china Cnooc Ltd. por Unocal Corp.
Australia es uno de los países que se ha beneficiado de las inversiones de
empresas extranjeras para desarrollar sus recursos naturales. Sin embargo, una
reciente andanada de inversiones chinas ha desatado una reacción en contra que
podría dificultar la aprobación del acuerdo entre Rio Tinto y Chinalco, dicen
fuentes de la industria.
Las conexiones políticas de Chinalco en Beijing son el caballito de batalla
de los críticos australianos del acuerdo con Rio Tinto, el cual le daría a
Chinalco participaciones minoritarias en algunas de las minas de Rio. "Al
gobierno australiano jamás se le habría permitido comprar una mina en China",
proclamó el senador australiano Barnaby Joyce en anuncios de televisión. "¿Así
que por qué debemos dejar que el gobierno chino compre y controle un activo
clave y estratégico en nuestro país?"
Rio Tinto ha señalado que el acuerdo no compromete los intereses nacionales
de Australia. El pacto le otorga a la endeudada empresa acceso a una línea de
crédito multimillonaria extendida por los bancos chinos.
La Comisión de Desarrollo y Reforma Nacional de China tiene amplias
facultades sobre las inversiones del país en el exterior. Si más de una empresa
estatal está interesada en el mismo activo, deben competir primero en un
concurso, que es juzgado por la comisión. Usualmente el ganador obtiene el
derecho de representar a China.
Xiao, el ex presidente de Chinalco, es especialmente ambicioso con respecto a
las adquisiciones y está en sintonía con la meta del gobierno de transformar a
Chinalco en un grupo minero global. El ejecutivo de 49 años es oriundo de
Beijing y se crió en medio del caos de las primeras décadas del régimen
comunista. Cuando las universidades reabrieron sus puertas, después de la
Revolución Cultural, Xiao fue aceptado y se graduó de ingeniero en 1982, cuando
el país empezaba a experimentar con el capitalismo. El Consejo Estatal Chino, el
gabinete del país, negó varias solicitudes para una entrevista con Xiao.
En la década de los 90, Xiao ascendió de un trabajo asignado por el gobierno
como maestro a gerente de una planta de aluminio cerca de la frontera con Rusia.
En 1998, el gobierno lo envió para enderezar el rumbo de una fábrica estatal que
generaba pérdidas. Su gestión fue alabada por políticos de primer rango, como el
ex premier Zhu Rongji. En 2002, la fábrica fue absorbida por Chinalco. En
cuestión de dos años fue nombrado presidente y secretario del Partido Comunista
en Chinalco.
Xiao presionó por la diversificación, según ejecutivos de Chinalco. En 2004,
la empresa superó las ofertas de 10 rivales por una mina australiana de bauxita,
una materia prima del aluminio. La inversión de US$2.200 millones fue la mayor
de China en Australia. Rio Tinto, que posee una mina adyacente, adelantó
negociaciones para compartir su infraestructura.
En noviembre de 2007, BHP Billiton Ltd., la mayor minera del mundo, lanzó una
oferta hostil por Rio Tinto. El acuerdo habría combinado al segundo y tercer
productores de mineral de hierro del mundo, el componente clave del acero que
China necesita para sus fábricas, autos y edificios.
Preocupado por la potencial influencia en los precios de una empresa
combinada, el gobierno chino citó a reuniones con varias empresas estatales,
dicen fuentes al tanto. Funcionarios de la Comisión de Desarrollo presidieron
las reuniones y pidieron ideas para bloquear la oferta de BHP. Entre los
asistentes se encontraban Chinalco, Baosteel Group Corp. Ltd., la siderúrgica
Shenhua Group Corp., la mayor minera de carbón de China y El Banco de Desarrollo
de China.
Rio Tinto estaba en busca de un "caballero blanco" que la rescatara, según un
banquero que trabajó en el asunto. Xiao, que había negociado con Rio Tinto sobre
la mina de bauxita, decidió acumular una gran cantidad de acciones de Rio Tinto,
dicen fuentes al tanto. Tal inversión tenía el potencial de cumplir el objetivo
del gobierno de bloquear el acuerdo con BHP y apoyar los esfuerzos de Chinalco
para diversificarse más allá de China y el aluminio.
Funcionarios de Rio Tinto no descartan la idea de que la participación de
Chinalco crezca si se concreta el acuerdo actual. Al preguntársele si Chinalco
planea comprar la totalidad de Rio Tinto algún día, Lu Youqing, vicepresidente
de Chinalco estalló en carcajadas,
"Nunca podríamos hacer eso", dijo. "¿Quién sabe que sucederá en 10 años?",
añadió.