Tras arduas tratativas entre demócratas y republicanos, el Senado estadounidense
no logró acuerdo para otorgar un paquete de ayuda estatal a la industria
automotriz por US$ 14.000 millones tal como exigían los presidentes
saliente, George Bush, y electo, Barack Obama.
De acuerdo con la propuesta, el gobierno adquiriría acciones sin derecho a voto en General Motors, Ford y Chrysler. También se designaría un "zar automotriz"
para
supervisar el manejo de los fondos.
"Podríamos pasar toda la noche, mañana, el sábado y el domingo y no lograríamos
un acuerdo", dijo anoche el líder de la mayoría demócrata, Harry Reid, quien se
definió como "terriblemente decepcionado" por no haber logrado consenso para el
rescate de las tres gigantes automotrices, General Motors, Chrysler y Ford.
Se repite así la misma dinámica que ocurrió con el paquete de rescate financiero
de US$700.000 millones que no logró el voto positivo en la Cámara de
Representantes y generó una serie de jornadas caóticas en Wall Street, que aún
no se recupera
El proyecto de ley
preveía créditos puente por un total de US$ 14.000 millones para que los
tres gigantes de Detroit, Chrysler. Ford y General Motors puedan sobrevivir
hasta el 31 de marzo próximo, mientras preparan un programa para reestructurar
sus fábricas.
Harry Reid dijo que representantes del Sindicato de Trabajadores de la
Industria Automotriz se habían opuesto a acceder a una exigencia de los
republicanos de reducirse los sueldos desde el 2009 como una condición para aprobar
la línea de crédito, catalogada por los altos directivos de GM, Ford y Chrysler
como "vital" para seguir subsistiendo.
"No va a ser un panorama muy placentero", aseveró el líder demócrata en el
Senado. "Millones de estadounidenses (...) estarán directamente afectados",
agregó para referirse no sólo a los trabajadores de la industria, sino también a
quienes están ocupados en los puntos de venta y a las cientos de empresas que suplen de
repuestos y otros productos a las automotrices.
Al parecer el sindicato estaba dispuesto a hacer esas concesiones sólo después
del 2011, año en que vence el actual contrato colectivo.
Tanto Barack Obama como George W. Bush
habían considerado que la quiebra de estas tres
empresas agravaría la recesión ya en curso y llevaría la tase de desempleo a dos
dígitos. "En este período de grandes dificultades para nuestra economía, no
podemos permitirnos asistir al hundimiento de este sector sin hacer nada", dijo Obama durante la conferencia de prensa que dio en Chicago, mientras que el
presidente Bush llamó personalmente para convencer a los senadores republicanos
rebeldes que no bloqueen la votación del proyecto.
Todas las presiones oficiales
para la aprobación del proyecto fueron en vano.
"Este proyecto sentará un mal precedente",
dijo Mitch Mc Connell el líder de la minoría republicana en el Senado. "Incluso
si les otorgamos los créditos, nos tendremos que seguir preguntando si eso nos
permitirá lograr el objetivo que todos compartimos, a saber la viabilidad a
largo plazo de esta compañías. En mi opinión la respuesta es negativa", dijo.
Según McConnell, el mejor camino hacia la viabilidad de estos tres gigantes
automotrices puede ser difícil. Pero "la ayuda del gobierno no es la única
opción. Y quizás no sea la mejor opción", remató en un claro desafío a Bush y a
Obama.
McConnell también se adelantó a un fracaso de las gestiones al recordar el temor
de muchos republicanos de que el plan carecía de garantías para la viabilidad a
largo plazo de las tres grandes automotrices de Estados Unidos: General Motors
(GM), Ford y Chrysler.
El mayor "defecto" del plan, señaló, es que "promete dinero de los
contribuyentes a cambio de reformas que pueden o no ocurrir mañana".
La Casa Blanca dijo que está evaluando sus opciones -una decisión ejecutiva
directa puede ser una-, pero este bien puede ser otro problema para el gobierno
de Barack Obama, que asume el poder el 20 de enero de 2009.
El senador Bob Corker presentó un "proyecto alternativo" que prevé que
las tres compañías reestructuren las deudas que tienen antes de recibir más
plata, que los obreros acepten salarios iguales a los que pagan empresas como Nissan o Toyota y que los sindicatos permitan el despido de obreros sin
indemnización.
El proyecto de Corker fue bien acogido entre los "rebeldes", pero hay todavía
senadores que creen a ciegas en el libre mercado y piensan que hay que dejar que
las tres empresas quiebren porque no han sabido adaptar la oferta de autos a la
demanda.
Uno de ellos es el senador Ensign, quien explicó ayer que es para eso
que se creó el Chapter 11, es decir la disposición que regula las quiebras en
Estados Unidos.
Para que el proyecto aprobado en la Cámara de Diputados sea aprobado en el
Senado se necesitan 60 votos. Actualmente los Demócratas tiene 50 votos,
incluyendo dos independientes. Hay una vacante debido al triunfo de Obama en las
elecciones. Pero ese no es el peor obstáculo.
Los senadores "rebeldes" pueden bloquear la votación haciendo lo que llaman un
"filisbuster".
Se trata de una táctica mediante el cual los senadores toman la palabra y no
dejan de hablar hasta que el líder de la mayoría se ve obligado a postergar la
votación.
Los demócratas sólo tienen 50 escaños en el Senado y necesitarían 60 votos para
frenar las tácticas dilatorias de la minoría.
También el presidente electo, el demócrata Barack Obama, se sumó al llamado
para que el Congreso apruebe el plan de salvataje de las "tres grandes".
"No podemos simplemente asistir al colapso de esta industria como observadores,
porque eso conduciría a un efecto dominó devastador en toda nuestra economía",
advirtió Obama en una conferencia de prensa en Chicago.