En sólo cuestión de horas, la
crisis financiera-recesiva en EEUU se agravó en grados notables y -como afirma
The Wall Street Journal- ya está generando un pánico generalizado que
abarca simultáneamente a los "inversores", a los mercados y las propias
autoridades del sistema que no encuentran ninguna solución para el colapso
expandido a todas las variables de la economía.
La negativa de la Casa Blanca de
"auxiliar" a las automotrices disparó un nuevo (y multiplicado) proceso de
paranoia bursátil que el miércoles se expresó en el mayor derrumbe histórico de
Wall Street en cinco años.
Según Reuters, las
perspectivas de que el Congreso de EEUU apruebe un rescate para las empresas
automovilísticas del país se redujeron un poco más el miércoles, con pocas
expectativas de que los líderes demócratas apoyen un compromiso que se está
negociando a contrarreloj.
"El gobierno no desea que los
fabricantes automovilísticos estadounidenses quiebren", señaló Dana Perino,
portavoz de la Casa Blanca. Pero abrir el paquete de rescate bancario del
gobierno a otros sectores es "un camino peligroso", estimó. "Si los
fabricantes de automóviles reciben asistencia del programa TARP (rescate
financiero), otras industrias seguirán", sostuvo.
Wall Street, la catedral
financiera del mundo globalizado registró el impacto:
De acuerdo con The Wall Street
Journal, los mercados de acciones y bonos alcanzaron el miércoles sus
niveles más bajos desde el inicio de la crisis de crédito, luego de que las
preocupaciones por el aumento de las cesaciones de pago impulsaran una ola de
ventas que atacó a las firmas financieras con particular virulencia.
Las acciones llegaron a su cotización más baja de los últimos cinco años y
medio mientras que los bonos corporativos e inmobiliarios alcanzaron sus
mínimos de los últimos 20 años.
Los bancos, las firmas de corretaje y las aseguradoras, grandes tenedores de
estos bonos, figuran entre los más damnificados. Citigroup Inc., por
ejemplo, perdió casi un cuarto de su valor bursátil, sufriendo la mayor
caída de su acción en una jornada. La acción de la aseguradora Hartford
Financial Services Group se derrumbó 29%.
El Promedio Industrial Dow Jones perdió 427,47 puntos, un 5%, para quedar en
7.997,28 puntos, su nivel más bajo desde el 31 de marzo de 2003. El índice
acumula una pérdida de 43,5% desde su récord alcanzado hace poco más de un año.
La última caída prácticamente
borra todas las ganancias generadas durante el último ciclo alcista del mercado.
Durante el apogeo bursátil, las empresas financieras fueron el principal sector
del mercado, representando una quinta parte de su valor total. Tras los
descensos del miércoles, las empresas de finanzas pasaron a ser el quinto sector
de la bolsa, detrás de las de consumo, con una discreta proporción de 12% del
valor del mercado.
Los temores relacionados a la
desaceleración de la economía y la decisión de la Casa Blanca de abandonar
su plan de compra de activos tóxicos de los bancos y la negativa a auxiliar a
las automotrices impulsó la venta masiva de acciones, coinciden Blomberg y otros
medios de Wall Street.
El daño incluso - afirma el
Journal- perturbó al mayor refugio del mundo: los bonos del Tesoro de
EE.UU., un mercado de US$4,5 billones (millones de millones).
El agravamiento de la crisis
económica -señala la agencia AFP- se hizo evidente el lunes con el anuncio de
que el gigantesco banco estadounidense Citigroup suprimía 53,000 empleos,
mientras los fabricantes de automóviles rogaban a los gobiernos que los salvaran de
la recesión que gana poco a poco al primer mundo.
Citigroup anunció que la crisis financiera mundial y cuatro
trimestres consecutivos de fuertes pérdidas le obligan a suprimir 53,000 empleos
en todo el mundo, hasta llevar la plantilla del gigante financiero a un total de
300,000 personas. El banco afirmó, no obstante, que
seguirá recortando su
plantel personal.
Japón se convirtió en el último gigante económico en confirmar que ha
caído en recesión, luego de que lo hicieran Alemania y la Eurozona la semana
pasada.
El banco de la Reserva Federal de Filadelfia publicó un informe señalando que
los economistas interrogados "piensan que la recesión comenzó en abril del
2008 y debería durar 14 meses", hasta fines del primer semestre del 2009.
El Producto Interno Bruto de Estados Unidos debería caer 2.6% en el cuarto
trimestre, en ritmo anual, y aumentaría solamente 0.7% en el conjunto del 2009,
según un sondeo de economistas de empresas de la asociación NABE publicado el
lunes.
En Washington, una batalla se cernía sobre el Congreso estadounidense, donde
desalentados
demócratas, negociando contra reloj, pedían una ayuda adicional de US$ 25,000 millones
para la industria automovilística, y la Casa Blanca advertía que los
fabricantes de coches deberían conformarse con la ayuda ya concedida.
Según la agencia Associated
Press, la crisis recesiva se agudiza en EEUU porque los "inversores"
descreen de la eficacia de las medidas anticrisis.
Los datos se revelan en los
resultados de una encuesta de Merrill Lynch realizada en la
semana del 7 al 13 de noviembre entre 180 gestores de fondos de inversión de
todo el mundo.
De los resultados se deduce que cuatro de cada cinco inversores cree que el
mundo permanecerá en recesión durante los próximos años.
Para tratar de evitarlo, las autoridades pusieron en marcha medidas que
incluyen estímulos fiscales, inyecciones masivas de capital para aumentar la
liquidez y recortes de los tipos de interés.
Sin embargo, "los inversores aún no están dispuestos a dar a estas políticas
el beneficio de la duda", asegura la entidad financiera en su informe.
"Los inversores mantienen su mentalidad defensiva. Muchos de ellos tienen en
cuenta las políticas de respuesta internacional adoptadas en las últimas
semanas, pero quizá el miedo a la deflación les hace mantenerse al margen",
explicó Gary Baker, experto para la zona EMEA (Europa, Oriente Medio y África)
de Merrill Lynch.
En su opinión, los mercados aún tienen que hacer frente a una fuerte aversión al
riesgo por parte de los inversores y a una gran volatilidad en los mercados de
divisas.
A la hora de invertir en el mercado de valores, los gestores confían más en las
firmas norteamericanas que en las europeas o asiáticas, según el informe, ya
que, pese al sombrío escenario internacional, creen que los resultados
empresariales en los EEUU serán mejores que en otros países.
Por contra, el 85% de los encuestados que centran sus actividades en Asia está
convencido de que la economía china se va a debilitar en los próximos doce
meses, aunque de momento las inversiones en ese país predominan respecto a
otros países de la región.
Para el Wall Street Journal, los inversionistas han soportado varias
semanas de "malas noticias" sobre la economía y los últimos días no han
ofrecido mucho alivio.
Los máximos ejecutivos de las
automotrices estadounidenses soportaron dos días de auténticos interrogatorios
por parte de los legisladores que parecen poco proclives a rescatar a la
industria. El miércoles, asimismo, las minutas de la Reserva Federal mostraron
que el banco central espera que la recesión por la que atraviesa la economía
estadounidense se prolongue hasta mediados del año próximo y tal vez más,
concluye el Journal.
Pero hay otro fantasma que ya
acecha a la primera potencia imperial: La deflación.
Como producto de la caída del
consumo, los precios bajan y se deprimen la producción y las ventas con su
consecuencia inmediata: Despidos con quiebra generalizada de empresas.
El índice de precios al consumidor
registró en EEUU su mayor caída mensual en la era de la posguerra. El descenso
generalizado presenta un nuevo desafío para las autoridades: prevenir un
brote deflacionario en el cual los precios declinan por un período sostenido.
El riesgo de que EEUU. sufra una deflación -señalan especialistas-,
refuerza la presión para que el Congreso y el gobierno del presidente electo
Barack Obama emprendan cuanto antes un significativo plan de estímulo fiscal.
La amenaza de una deflación también aumenta la probabilidad de que la Reserva
Federal (Fed) adopte medidas para apuntalar el consumo y la demanda de las
empresas, ya sea a través de nuevas reducciones en las tasas de interés u
otras iniciativas.
En un discurso sobre la deflación pronunciado el miércoles en el centro de
estudios Cato Institute, el vicepresidente de la Fed, Donald Kohn, señaló que el
riesgo de una caída generalizada y sostenida de los precios ha aumentado.
Una deflación generalizada
-señalan los especialistas- aumenta los ccostos de financiamiento para las
personas y las empresas, valoriza el efectivo en mano e inicia un círculo
vicioso de cesación de pagos que impacta como un agravamiento de la recesión.
Pero hay otra señal aún más
temible del derrumbe económico: La baja de salarios para mantener el empleo,
un ejemplo que seguramente se proyectará al resto de los países, tanto centrales
como periféricos.
La primera piedra se disparó en la
Argentina, donde la filial de General Motors (la primera automotriz imperial)
acordó bajar sueldos para evitar despidos.
Luego de más de dos semanas de negociaciones, General Motors y el
Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA) quedaron a las
puertas de un acuerdo para bajar sueldos y dejar sin efecto los 435 despidos del
24 de octubre pasado en la planta que la firma posee en Alvear, al sur de
Rosario, señalan las agencias argentinas.
El acuerdo es paradigmático, y
seguramente será "imitado" por el resto de las corporaciones transnacionales que
operan en distintos rubros de la economía y de las finanzas a escala planetaria.
Y, por supuesto, estos acuerdos
para preservar el empleo (que seguramente no van a producir ningún resultado
ante el avance de la recesión y la debacle económica) pulveriza conquistas
históricas de la clase trabajadora a nivel mundial.
Mientras tanto, lo
que
aún suena como un panorama
fantástico para EEUU (las huelgas y los conflictos
sociales en su propio territorio), es un escenario de corto plazo que ya manejan entre líneas
analistas y medios norteamericanos a la luz de la crisis del sector
automotriz y de las quiebras empresariales que están desatando una ola de
despidos en EEUU.
Desde la semana pasada, el
protagonismo de la crisis financiera-bursátil fue rebalsado y cedió paso a un
nuevos personajes: Las quiebras empresariales y los despidos masivos.
El sector bancario y el automotriz
encabezan la lista de la crisis que ya se extiende por toda la geografía de la
primera economía imperial.
A los despidos en el sector bancario,
en las automotrices y en las grandes tiendas y centros de consumo, esta semana se
suman
los 50.000 despidos de Citigroup, lo que marcan una tendencia "masiva" del
proceso.
De esta manera, la desocupación
(emergente de la desaceleración económica) se ha convertido en una cuestión
clave para el establishment de poder estadounidense que teme que su propagación
convierta a EEUU, la primera potencia mundial, en un polvorín de huelgas y
conflictos sociales que terminen paralizando aún más a la economía.
Y hay algo aún peor y de naturaleza
inédita para el Imperio: El aceleramiento de la crisis, puede llevar a
que el presidente electo, Barack Obama, asuma el próximo 22 de enero en medio de
una crisis social que pondría a EEUU al nivel de cualquier país de la periferia.
Como dicen los expertos: Se quemaron
todos los libros, y nadie, salvo la propia realidad, puede predecir y determinar
el futuro (en decadencia) del Imperio más poderoso de la historia.