as acciones llegaron a su nivel más bajo de los últimos cinco años y medio
mientras que los bonos corporativos e inmobiliarios alcanzaron sus mínimos de
los últimos 20 años.
Los bancos, las firmas de corretaje y las aseguradoras, grandes tenedores de
estos bonos, figuran entre los grandes damnificados. Citigroup Inc., por
ejemplo, perdió casi un cuarto de su valor bursátil, sufriendo la mayor caída de
su acción en una jornada. La acción de la aseguradora Hartford Financial
Services Group se derrumbó 29%.
El Promedio Industrial Dow Jones perdió 427,47 puntos, un 5%, para quedar en
7.997,28 puntos, su nivel más bajo desde el 31 de marzo de 2003. El índice
acumula una pérdida de 43,5% desde su récord alcanzado hace poco más de un año.
La última caída prácticamente borra todas las ganancias generadas durante el
último ciclo alcista del mercado.
Durante el apogeo bursátil, las empresas financieras fueron el principal
sector del mercado, representando una quinta parte de su valor total. Tras los
descensos de ayer, las empresas de finanzas pasaron a ser el quinto sector de la
bolsa, detrás de las de consumo, con una discreta proporción de 12% del valor
del mercado.
"La mayor parte del mercado tiene sólo una transacción que ejecutar y es
vender. Es un cóctel tóxico cuando todos los que tomaron dinero prestado tienen
que cerrar sus posiciones y vender activos", dice Thomas Priore, presidente
ejecutivo de ICP Capital, una firma especializada en inversiones en renta fija
de Nueva York. Priore cuenta que hace poco se reunió con cerca de 80
inversionistas en Europa "y casi de lo único que hablan es de la magnitud de sus
retiros" (de fondos). Eso ha hecho que los gestores de fondos en todo el mundo
tengan que vender activos para recaudar el capital que necesitan para pagarles a
los inversionistas.
Los inversionistas han soportado varias semanas de malas noticias sobre la
economía y los últimos días no han ofrecido mucho alivio. Los máximos ejecutivos
de las automotrices estadounidenses soportaron dos días de auténticos
interrogatorios por parte de los legisladores que parecen poco proclives a
rescatar a la industria. Ayer, asimismo, las minutas de la Reserva Federal
mostraron que el banco central espera que la recesión por la que atraviesa la
economía estadounidense se prolongue hasta mediados del año próximo y tal vez
más.
Según ciertos parámetros, los bonos fueron incluso más vapuleados que las
acciones. Los temores relacionados a la desaceleración de la economía y la
decisión del gobierno de EE.UU. de desechar su plan de compra de activos tóxicos
de los bancos impulsó la venta masiva. El daño incluso perturbó al mayor refugio
del mundo: los bonos del Tesoro de EE.UU., un mercado de US$4,5 billones
(millones de millones).
Los activos más golpeados fueron los bonos de centros comerciales, edificios
de oficinas y otras propiedades. Esto arrastró las acciones de fondos de bienes
raíces, bancos y aseguradoras que poseen estos valores.
Los bonos emitidos por los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac se
debilitaron y el retorno de su deuda a dos años trepó a 1,8 puntos porcentuales
por encima del bono del Tesoro a dos años, una brecha más amplia que la que
existía cuando ambas compañías pasaron a ser controladas por el gobierno en
septiembre.
Las bajas implacables en los bonos "chatarra" han llevado los retornos de
estos valores de riesgo a más de 20% en promedio sobre los rendimientos de los
bonos del Tesoro equivalentes, lo que constituye un récord. Muchos fondos de
cobertura se han visto obligados por sus inversionistas a vender bonos chatarra
y deuda corporativa para hacer frente a demandas de cobertura suplementaria, y
no parece que vayan a tener un respiro en el futuro cercano.
En tanto, el costo de asegurar una amplia gama de deuda corporativa con grado
de inversión ahora se encuentra por encima de los niveles alcanzados en los días
después de que Lehman Brothers colapsara a mediados de septiembre. Incluso
Berkshire Hathaway, el conglomerado ligado al inversionista Warren Buffett y
considerado una de las compañías más sólidas de EE.UU., fue castigada por el
mercado debido a que el costo de proteger las obligaciones del gigante de los
seguros se fue a las nubes.
"Las ventas engendran más ventas a medida que nos acercamos a los últimos 45
sangrientos días de 2008. Cualquiera que necesite efectivo se predispone a ser
descuartizado en este mercado", dice Geoffrey Gwin, presidente de Group G
Capital Partners, un fondo de cobertura de crédito de Nueva York.
Algunas de las caídas más pronunciadas tienen su origen en la decisión de la
semana pasada del Departamento del Tesoro de cancelar sus planes para comprar
activos tóxicos de las instituciones financieras. Eso desestabilizó parte del
mercado hipotecario, dado que los inversionistas esperaban que el plan ayudara a
apuntalar los valores ligados a hipotecas comerciales y residenciales. Henry
Paulson, secretario del Tesoro, justificó el cambio de rumbo, señalando en una
entrevista que colocar capital en las instituciones financieras "tiene más
potencia, pero entonces esas instituciones aún se ven atascadas con esos
activos. Van a tener que hacer rebajas contables, venderlos con el tiempo,
asumir pérdidas".
El Tesoro de EE.UU. trabaja con la Reserva Federal para desarrollar una nueva
línea de crédito para inversionistas que quieran comprar esos valores
respaldados por tarjetas de crédito, préstamos automotrices e hipotecas.
Un programa así permitiría a los inversionistas "pedir prestado contra
hipotecas de alta calidad", y crear un mercado para los activos en problemas,
dijo. Poniéndose a tono con la más reciente caída en el mercado de bonos, el
índice de acciones Standard & Poor's 500 cayó 52,54 puntos para ubicarse en
806,58 unidades, sólo 30 puntos por encima de su nivel de octubre de 2002.