royectado en secuencia: El "lunes negro" de los mercados globales
del 15 de septiembre pasado, que registró el mayor derrumbe de Wall Street
desde el 11-S, trasformó la crisis hipotecaria en crisis crediticia e instaló
oficialmente la crisis financiera con recesión proyectada desde las economías
centrales a los países emergentes y periféricos del sistema capitalista a escala
global.
Desde entonces, y ante la impotencia
de la Casa Blanca y del establishment del poder estadounidense, la
"burbuja financiera" del capitalismo especulador sin fronteras
de Wall Street, la
reproducción del dinero por el dinero mismo, estalló y se desmorona
sobre las mismos cimientos de la red global que inventó.
Malos resultados
empresariales a nivel mundial y la noticia de que Alemania y Gran Bretaña se
enfrentan a una recesión aumentaron la presión sobre los líderes mundiales antes
de la cumbre del G20 este fin de semana en Washington.
El miércoles, Wall Street cayó en picada luego de que el secretario del Tesoro,
Henry Paulson, indicara que las autoridades están cambiando el foco de un masivo
plan de rescate financiero nacional, dejando de lado planes para comprar títulos
e hipotecas "tóxicas".
Los precios del petróleo se hundieron a menos de US$ 53 en Londres luego de
que el Banco de Inglaterra anunciara que el país ya estaría oficialmente en
recesión y expertos alemanes anticiparan que la mayor economía europea
probablemente no crezca el año próximo.
Alemania anunciaría este jueves que está oficialmente en recesión.
Un grupo de expertos independientes indicó que el crecimiento económico de
Alemania se detendrá el año próximo. Criticaron medidas para estimular la
economía como "un popurrí de proyectos aislados diseñados para dar la impresión
de que el gobierno está haciendo algo".
"La economía probablemente entró en recesión en la segunda mitad de 2008 y
posiblemente la producción se contraiga aún más", indicó el Banco de Inglaterra
(central) en su último informe trimestral.
La tasa de desempleo británica subió a su mayor nivel desde 1997, un 5,8%, en el
tercer trimestre, según otras cifras oficiales.
Las "malas noticias" llegaron de todos los rincones del mundo.
La confianza de los consumidores japoneses registró un récord a la baja, y la
producción industrial de la zona euro cayó fuertemente en septiembre.
La primera pérdida trimestral en la historia del grupo de banca y seguros ING
destacó otra vez el daño causado por la crisis financiera, y el primer banco de
Italia, Unicredit, anunció también un desplome en sus ganancias.
El secretario de Estado español de Economía, David Vegara, indicó que el
gobierno podría revisar a la baja sus previsiones de crecimiento para 2009, de
1%, debido a la crisis mundial. La economía española se contraería un 0,2% en el
tercer trimestre, en relación al trimestre anterior, señaló.
Con un escenario continuado de
"mercados nerviosos", con bolsas que suben un día y bajan el otro, con un
marco de situación "volátil", tan efímera y cambiante como el ánimo de
las autoridades mundiales del sistema que no consiguen dar en la tecla
para "normalizar" al rubro financiero colapsado, ahora Sarkozy, Merkel y
los principales líderes del centralismo europeo han llegado a la
conclusión de que tienen que empezar por el principio del problema:
Terminar con el reinado del dólar.
Una consigna temible, que comienza a
recorrer cada vez con más fuerza la espina dorsal tanto de las economías
centrales como de las periféricas de Asia, África y América Latina.
El sistema financiero internacional está
"dolarizado",
un 80% de las transacciones comerciales internacionales, un 70% de las
importaciones mundiales, y la casi totalidad del comercio petrolero se realizan
en dólares,
y las bolsas y los mercados mundiales del dinero
operan mayoritariamente con la divisa estadounidense a través de las acciones y
bonos desparramadas a escala global por los grandes bancos y fondos de inversión
que tiene su central operativa en Wall Street, EEUU.
En este escenario, la UE ya lanzó
hace varias semanas la primera piedra de una "refundación"
del sistema capitalista nacido en Bretton Woods, que implica tácitamente
terminar con la globalización del dólar como moneda patrón.
Según informó el miércoles la Casa
Blanca, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que este fin de semana
será el anfitrión de la cumbre sobre la crisis financiera mundial, instará a
"solucionar los problemas" actuales en lugar de desmantelar el sistema
existente, informó el miércoles la Casa Blanca.
Como ya lo viene advirtiendo, USA, el
Imperio hegemónico, prefiere seguir con el "modelo" vigente: "Controlado"
(financieramente) desde Wall Street y "garantizado" (militarmente) por el poder
nuclear y convencional de EEUU. Para Bush y la Casa Blanca, en ese terreno,
no hay "nada que innovar".
Bush viaja
este jueves a Wall
Street para ofrecer sus "puntos de vista" sobre los mercados financieros y la
economía global de cara a la reunión de los líderes del G-20 en Washington.
La cumbre se celebrará el
viernes y el sábado y se prevé que inicie una revisión de la arquitectura
financiera global.
Los gobiernos ya han inyectado
cientos de miles de millones de dólares en los mercados en un intento por
activar los mercados crediticios, calmar a los nerviosos operadores, y evitar
que la economía mundial se siga hundiendo en una recesión.
"Deberíamos solucionar los
problemas que tenemos en lugar de desmantelar un sistema que ha mejorado las
vidas de cientos de millones de personas de todo el mundo", declaró el
portavoz de la Casa Blanca Carlton Carroll, anticipando los comentarios de Bush.
Según la Casa Blanca, el
presidente imperial (seguramente sin ruborizarse) "subrayará que el capitalismo
de libre mercado, especialmente el libre intercambio, es aún el mejor sistema
para lograr crecimiento económico y sacar a la gente de la pobreza".
Los líderes del G20 (países más ricos y emergentes) se reunirán a partir el
viernes de noche en Washington para intentar restaurar la confianza y la
estabilidad en los mercados y comenzar a reformar el sistema financiero
mundial.
Funcionarios estadounidenses indicaron que la cumbre desembocará en un "plan
de acción" que incluye pasos a corto plazo para ayudar a la economía
mundial. Países como Francia presionan para que la cumbre adopte medidas
concretas.
La cumbre del G-20, a la que
acudirá España, reunirá a países emergentes claves como China, India, Brasil y
Sudáfrica con el denominado Grupo de los Siete (G-7) países industrializados
para examinar las causas de las turbulencias y proponer soluciones.
Los líderes cenarán el viernes por
la noche en la Casa Blanca y el sábado llevarán a cabo dos sesiones plenarias.
Sin embargo, hay dudas sobre si las diferencias existentes entre los
participantes del G-20 permitirán alcanzar avances tangibles.
La reunión será la primera de una
serie de encuentros, y responsables estadounidenses prevén que la próxima tenga
lugar durante el primer trimestre de 2009, probablemente después de que Bush
deje el cargo y sea reemplazado por el presidente electo, Barack Obama.
Desde que el proyecto de
"refundación" impulsado desde Francia comenzara a circular, la Casa Blanca
salió a "bajar las expectativas" de apoyo de EEUU a cambios radicales al actual
sistema globalizado de la economía que tiene al dólar como moneda patrón de las
transacciones económicas-financieras y como moneda de reserva internacional.
Previo a la cumbre,
Sarkozy y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso,se
reunieron con Bush en la residencia presidencial de Camp David, en las montañas de
Maryland (este de Estados Unidos), y el presidente USA les mostró su oposición a
la
"refundación" propuesta por los líderes del Eurogrupo.
Los líderes de la Unión Europea quieren una reforma real y completa, una suerte de nuevo
Bretton Woods, el conjunto de acuerdos que gobiernan desde 1944 (tras el
final de la Segunda Guerra Mundial) el sistema económico-financiero del
capitalismo hoy nivelado a escala planetaria.
Bush, que deja el cargo en enero,
dijo que "se necesita tiempo" para que se vean los efectos de las
intervenciones de los gobiernos para detener la crisis.
Esto es, Bush y la Casa Blanca
delimitan claramente el "rescate financiero" coordinado USA-UE de una reforma
estructural del sistema en la que las potencias del euro podrían intentar
desplazar a Washington de las decisiones centrales económicas y financieras del
sistema.
Por lo tanto Bush, sostienen analistas estadounidenses, no se compromete a una
reforma más allá del sistema estadounidense, lo cual, de todos modos, recaerá en
su sucesor desde enero de 2009, en tanto los europeos proponen una "forma de
supervisión mundial de los mercados" que implementaría el Fondo Monetario
Internacional.
Obama, que no participará en la cumbre del G20, está concentrando su
investidura, prevista para el 20 de enero, en cómo enfrentar la crisis que, según
todos los pronósticos, ya empuja a Estados Unidos y al mundo hacia una larga y profunda
recesión.