a presión demócrata llega en medio de crecientes temores de que General
Motors Corp. pueda enfrentar una crisis financiera antes de que Obama asuma la
presidencia el 20 de enero. El gobierno de Bush se ha negado a extender el
rescate de Wall Street a las automotrices, alegando que no cuenta con la
autorización del Congreso para hacerlo.
En respuesta, Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes,
dijo el martes que promoverá un proyecto de ley que les daría a las automotrices
acceso limitado a los fondos del Programa del Departamento del Tesoro para
Compra de Activos Tóxicos (TARP, por sus siglas en inglés).
Al mismo tiempo, Obama, quien en principio se abstuvo de implicarse
públicamente en el asunto, está presionando para que el gobierno libere
inmediatamente fondos a través del Tesoro, el Departamento de Energía y la
Reserva Federal. Además, está estudiando opciones adicionales, desde concesiones
en las reglas laborales hasta el nombramiento de nuevos miembros en las juntas
de las automotrices que reciban ayuda.
Para Obama, la crisis en la industria automotriz de Estados Unidos se está
convirtiendo en la prueba de fuego de su liderazgo. Los sindicatos, incluyendo
el que agrupa a los trabajadores de las automotrices, invirtieron bastante en la
campaña de Obama.
La Casa Blanca no cerró totalmente las puertas a la posibilidad de usar los
fondos de rescate. "Si el Congreso se dispone a cambiar la ley, veremos cómo
planea hacerlo", dijo el vocero de la Casa Blanca, Tony Fratto.
Los colaboradores de Obama y Pelosi aclararon que ambos impondrán condiciones
significativas a cualquier ayuda federal. Las automotrices que reciban
asistencia tendrán que ofrecerle al gobierno una participación en su
reestructuración, con valores o garantías, y deberán aceptar las mismas reglas
sobre compensación ejecutiva que los bancos.
Las automotrices que reciban ayuda también tendrían que aceptar reglas
rígidas para la fabricación de autos "más ecológicos y menos contaminantes",
dijo un asesor de Obama.
Los asesores de Obama dicen que están presionando por tres ángulos: un acceso
más rápido a los US$25.000 millones en préstamos que el Departamento de Energía
ha ofrecido para convertir la flota de Detroit en vehículos de uso de
combustible más eficiente; acceso al fondo de rescate de US$700.000 millones
para Wall Street; y préstamos de emergencia de la Reserva Federal.
El presidente no quiere que su primera tarea sea barrer las cenizas de la
industria automotriz, que ha sido la columna vertebral del sector industrial del
país por más de un siglo, según sus asesores.
Los líderes demócratas del Congreso estadounidense dijeron el miércoles que la
próxima semana abogarán por una ley que autorice al gobierno a utilizar el plan
de rescate de US$700.000 millones de Wall Street para salvar a las alicaídas
automotrices de Detroit. Por su parte, el presidente electo, Barack Obama,
ordenó a su equipo de transición que encuentre formas de rescatar a la industria
incluso antes de asumir el poder.
La presión demócrata llega en medio de crecientes temores de que General
Motors Corp. pueda enfrentar una crisis financiera antes de que Obama asuma la
presidencia el 20 de enero. El gobierno de Bush se ha negado a extender el
rescate de Wall Street a las automotrices, alegando que no cuenta con la
autorización del Congreso para hacerlo.
En respuesta, Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes,
dijo que promoverá un proyecto de ley que les daría a las automotrices
acceso limitado a los fondos del Programa del Departamento del Tesoro para
Compra de Activos Tóxicos (TARP, por sus siglas en inglés).
Al mismo tiempo, Obama, quien en principio se abstuvo de implicarse
públicamente en el asunto, está presionando para que el gobierno libere
inmediatamente fondos a través del Tesoro, el Departamento de Energía y la
Reserva Federal. Además, está estudiando opciones adicionales, desde concesiones
en las reglas laborales hasta el nombramiento de nuevos miembros en las juntas
de las automotrices que reciban ayuda.
Para Obama, la crisis en la industria automotriz de Estados Unidos se está
convirtiendo en la prueba de fuego de su liderazgo. Los sindicatos, incluyendo
el que agrupa a los trabajadores de las automotrices, invirtieron bastante en la
campaña de Obama.
La Casa Blanca no cerró totalmente las puertas a la posibilidad de usar los
fondos de rescate. "Si el Congreso se dispone a cambiar la ley, veremos cómo
planea hacerlo", dijo el vocero de la Casa Blanca, Tony Fratto.
Los colaboradores de Obama y Pelosi aclararon que ambos impondrán condiciones
significativas a cualquier ayuda federal. Las automotrices que reciban
asistencia tendrán que ofrecerle al gobierno una participación en su
reestructuración, con valores o garantías, y deberán aceptar las mismas reglas
sobre compensación ejecutiva que los bancos.
Las automotrices que reciban ayuda también tendrían que aceptar reglas
rígidas para la fabricación de autos "más ecológicos y menos contaminantes",
dijo un asesor de Obama.
Los asesores de Obama dicen que están presionando por tres ángulos: un acceso
más rápido a los US$25.000 millones en préstamos que el Departamento de Energía
ha ofrecido para convertir la flota de Detroit en vehículos de uso de
combustible más eficiente; acceso al fondo de rescate de US$700.000 millones
para Wall Street; y préstamos de emergencia de la Reserva Federal.
El presidente no quiere que su primera tarea sea barrer las cenizas de la
industria automotriz, que ha sido la columna vertebral del sector industrial del
país por más de un siglo, según sus asesores.