De esta manera, y
al imponer la "guerra contraterrorista global" nivelada como hipótesis de
conflicto central para todas las naciones, EEUU reafirmó su propia doctrina
de "seguridad nacional" y agenda de "guerras preventivas" en todo el planeta.
B) Los ejes claves de la "doctrina Bush"
En primer lugar, el nuevo
"enemigo estratégico" (el
"terrorismo"), vino a compensar la figura que había desaparecido con la caída
de la Unión Soviética y que entonces legitimaba con su presencia (y en el marco de la
Guerra Fría) las guerras de invasión y la carrera armamentista, las
cuales
engordaban las ganancias de las megacorporaciones del Complejo Militar
Industrial y de los bancos de Wall Street, quienes desde siempre habían lucrado con las "reconstrucciones"
de los países conquistados.
En segundo lugar, la leyenda
mediática de Bin Laden sirvió para justificar una nueva "doctrina de
seguridad nacional" estadounidense que tiene al "terrorismo internacional" y
a las dictaduras del "eje del mal" que lo protegen como el justificativo
esencial de las "guerras preventivas" que la maquinaria militar norteamericana
lanzó después del 11-S para apoderarse de mercados y de recursos naturales,
principalmente petróleo.
En tercer lugar, la leyenda mediática
de Bin Laden sirvió a su vez, a la administración Bush para establecer un sistema de
control político y social (realizado mediante la manipulación de conducta
colectiva con el miedo al terrorismo) que fue utilizado tanto dentro de EEUU
como fuera de sus fronteras cada vez que Washington necesitaba imponer su
estrategia imperial o conseguir consenso internacional.
En cuarto lugar, con la leyenda
mediática de Bin Laden y el "terrorismo de Al Qaeda" Washington elaboró una
nueva "hipótesis de conflicto militar" con la cual funcionan no solamente
los ejércitos y policías de los países dependientes (como es el caso de América
Latina) sino también los de las potencias capitalistas centrales, principalmente
de la Unión Europea, socias encubiertas de las depredaciones y conquistas
militares del Imperio yanqui.
En quinto lugar, y a nivel control
político social (tanto en países dependientes como en las potencias
centrales) la "guerra contraterrorista" sirvió de justificación y de base
argumental para la elaboración de legislaciones represivas y de
"criminalización" de los conflictos sociales asociándolos con "actividades
terroristas".
Con la "era Bin Laden" el
"terrorismo" suple a la lógica del dominio por medio de la guerra militar
convencional y sirve como justificación global de las políticas de sometimiento
y control social aplicadas por el sistema capitalista trasnacional con EEUU a la
cabeza.
De esta manera,
al imponer la "guerra contraterrorista global" nivelada como hipótesis de
conflicto central para todas las naciones, EEUU reafirmó su propia doctrina
de "seguridad nacional" y agenda de "guerras preventivas" en todo el planeta.
La conformación
de acuerdos militares y de "planes contraterroristas" por parte de los
Estados (tanto centrales como dependientes) , aseguran, a su vez, que los
complejos militares y la industria de la guerra sigan funcionando a full
movilizando tecnología de punta y capital financiero con asiento en la catedral
de Wall Street.
Las alertas de "máxima seguridad" (como las que ya rigen en Europa y EEUU)
así como una revitalización y profundización de los "planes
antiterroristas" (como se está haciendo en España, Francia e Italia) dan una
nueva cuota de credibilidad al escenario de la "guerra contra el terrorismo"
lanzada como la nueva cruzada de supervivencia de la humanidad.
En este escenario, los ocho años de
gestión de Bush al frente del Imperio USA se sintetizaron en un
proyecto de dominio geopolítico-económico bifronte:
A) Por un lado Washington
exporta (al mundo periférico) los lineamientos del "proyecto democracia"
con gobiernos, de izquierda o de derecha elegidos en las urnas, y generalmente
"críticos" a Bush, que ejecutan niveladamente el programa económico dictado por
las necesidades de los bancos y trasnacionales que controlan los sistemas
económicos productivos de sus países, y B) por otro, exporta la
"guerra contraterrorista" nivelada y aceptada planetariamente por todos los
gobiernos como nueva hipótesis de conflicto mundial tras la desaparición de la
URSS y el 11-S, y mediante la cual Washington controla y mantiene
subordinado al Pentágono los aparatos militares y policiales del mundo
periférico.
En resumen, con el "proyecto
democracia" (ejecutado por gobiernos civiles) Washington mantiene la
"gobernabilidad" del sistema sin golpes de Estado y casi sin represión militar,
y con la "guerra contraterrorista" mantiene alineados a los ejércitos
mientras las corporaciones del complejo militar industrial movilizan el negocio
armamentista, sin el cual la economía estadounidense colapsaría.
C) Los resortes de decisión
¿Puede el próximo presidente de EEUU
cambiar los lineamientos estratégicos de la política exterior desarrollados
durante los ocho años de gestión Bush?
Los dos candidatos ya definieron la
respuesta:
A) Tanto Obama como McCain, de
llegar a la Casa Blanca ya ratificaron que van a continuar con la "guerra
contraterrorista" iniciada por Bush.
B) Ambos, con distintos discursos,
coinciden en la continuidad de las ocupaciones de Irak y Afganistán.
C) Tanto Obama como McCain, en
Israel y en el foro de la AIPAC (el centro del poder sionista que controla el
sistema capitalista), prometieron continuar y profundizar la estrategia para
terminar con el "peligro iraní" en Medio Oriente, y con el "peligro
terrorista" en el resto del mundo.
Como se puede observar, los
tres ejes claves de la política exterior iniciada (y mantenida) por Bush durante
ocho años van a permanecer invariables gane Obama o gane McCain.
Y esto se debe a una razón principal:
Las políticas estratégicas de supervivencia imperial están por encima de la
voluntad personal (o del discurso electoral) del eventual gerente que ocupe
la Casa Blanca.
Primera
conclusión probada en forma histórica y estadística: En EEUU, la potencia
locomotora del capitalismo sionista a escala global, no gobiernan los
presidentes o los partidos, sino la élite económica-financiera (el poder
real) que controla la Reserva Federal, el Tesoro, Wall Street, el Complejo
Militar Industrial y Silicon Valley.
Segunda conclusión probada en forma
histórica y estadística: La política exterior y la política interna de EEUU (los
niveles de decisión estratégica) no la dirigen los presidentes o los partidos sino el
establishment económico-financiero que controla la Casa Blanca y el Congreso
a través de sus "lobbyes" y operadores que actúan sobre los partidos, los
legisladores, los funcionarios y condicionan las decisiones presidenciales.
Tercera conclusión probada: Terminada
las luces artificiales de la campaña electoral, demócratas y republicanos dejan
de agredirse y se complementan en un diseño de política estratégica de Estado en
defensa de los intereses de las grandes corporaciones económicas que marcan el
accionar de las políticas internas y de la conquista de mercados encubierta en
las "guerras preventivas" contra el "terrorismo".
D)
La supervivencia imperial
Según la teoría y el
mito oficial: los demócratas (históricamente tan militaristas e
invasores como los republicanos) serían la cara "progresista"
de EEUU, y los republicanos la cara "militarista e invasora"
del Imperio norteamericano.
Ambos partidos, en
cambio (y como está demostrado históricamente), son las
versiones "alternativas" ("liberal" y "conservadora") del
mismo Imperio que se turnan periódicamente para administrar
la Casa Blanca y ejecutar sin miramientos las políticas de
conquista imperial (militar o "democrática") que requieren los
intereses del capitalismo trasnacional sionista asentado en Wall
Street.
Demócratas y
republicanos se turnan en la administración del Imperio: Cuando
asumen la presidencia los republicanos (como ahora), los
demócratas juegan de "oposición crítica", y viceversa, sin que
varíen para nada las matrices funcionales del sistema
capitalista estadounidense basamentado en la conquista
imperial de mercados y de recursos estratégicos, ya sea por la
vía militar (invasiones) o por la vía "democrática" (gobiernos
sometidos).
Tomemos dos ejemplos
"alternativos" inmediatos: El "malo" Bush (republicano)
invadió y conquistó Irak y Afganistán, y el "bueno"
Clinton (demócrata) su predecesor, bombardeó y conquistó
Yugoslavia (hoy Serbia) y ejecutó los primeros bombardeos
contra Irak, preparatorios de la invasión posterior.
Resumiendo: El show
electoral-mediático para generar una expectativa de "cambio de
rumbo" de la primera potencia imperial, es un entretenimiento
para incautos y cerebros embrutecidos por las grandes cadenas
televisivas.
Gane quien gane (sea
Obama o McCain): La herencia es la "guerra
contraterrorista" y la administración de la crisis
económica global (que empezó con la crisis financiera y
continúa con la recesión)
generada por las políticas depredadoras del Imperio
norteamericano y sus socios sionistas de las potencias europeas.
Gane Obama o gane
McCain, el que asuma en la Casa Blanca deberá continuar la
política de "salvataje financiero" emprendida por la
administración Bush y pilotear (como sea) un proceso recesivo
con achicamiento del consumo y despidos masivos que van a
generar una reacciones sociales inédita dentro de las propias
fronteras del Imperio USA.
El que gane el 4 de
noviembre (Obama o McCain) deberá mantener las
ocupaciones militares en Irak y Afganistán y el despliegue de
bases y fuerzas militares, tanto en Asia,. África y Medio
Oriente, dado que EEUU (por razones de supervivencia como
potencia imperial) necesita controlar las rutas petroleras y
gasíferas y mantener el dispositivo de dominio
militar-estratégico en las regiones en disputa por áreas de
influencia con Rusia, situadas en Eurasia y Europa del Este.
Al menos que se
quiera suicidar como potencia regente del sistema capitalista,
con Obama o con McCain en la Casa Blanca, EEUU, más allá del 22
de enero próximo, cuando asuma la nueva administración, deberá
seguir aumentando su presupuesto militar (hoy de USA 1,2
billones) para seguir manteniendo sus más de 800 bases militares
desplegadas en más de 150 países.
El que asuma como
nuevo presidente, y más allá de las absurdas teorías de
"unipolaridad" o "multipolaridad" (más allá del discurso
electoral, las políticas del Imperio son siempre "unipolares")
deberá administrar una nueva fase de la "guerra
contraterrorista" de la cual se alimenta la rentabilidad
capitalista de las corporaciones de Wall Street y del
complejo militar industrial que tienen en las guerras de
ocupación su mayor cartera de "negocios".
La dinámica del
Imperio USA, depende fundamentalmente de las necesidades del
sistema capitalista sionista que lo controla y que tiene en
la industria armamentista y en la financiación de los
presupuestos militares su mayor tasa de rentabilidad a nivel
planetario.
La cuestión del
"presidente negro" o del "presidente blanco", las banales y
ridículas categorías del "Obama progresista" o el "McCain
conservador" son etiquetas irrelevantes (apenas un anecdotario
electoral) para un Imperio capitalista que necesita proteger
militarmente las políticas de depredación y saqueo de sus bancos
y trasnacionales y generar constantemente nuevas lógicas
expansivas de acumulación capitalista a través del control
militar del planeta.
En resumen, y desde
el punto de vista de los intereses y de la supervivencia
estratégica del Imperio USA, Obama o McCain
son apenas "más de lo mismo".
Como lo fue Clinton,
como lo es Bush, cualquiera de los dos que asuma como presidente
de EEUU será solo la pieza ejecutora de intereses estratégicos
metidos en un tablero global que excede sus voluntades
personales.
El que se suba al
sillón de la Casa Blanca deberá administrar para las petroleras,
las armamentistas y los bancos y trasnacionales que diseñan
entre bambalinas las grandes operaciones de conquista de
mercados y de apoderamiento de recursos estratégicos que no
pueden detenerse en ningún momento.
Como lo determina la
lógica implacable del sistema capitalista imperial
norteamericano que necesita seguir invadiendo y depredando para
sobrevivir como potencia regente del planeta capitalista.
Por eso tanto McCain como Obama, antes de asumir en la Casa Blanca, rezaron y
"juraron fidelidad" donde debían: El AIPAC y el Muro de los
Lamentos en Jerusalén.
El centro político y
"espiritual" del poder sionista capitalista que controla el
planeta desde Wall Street.
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(*) Manuel
Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y
comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados
en la Web.
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