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El día después en la Casa Blanca

Por qué gane quien gane, seguirán vigentes los ejes claves de la "doctrina Bush"

 
 

 (IAR Noticias) 04-Noviembre-08

Paralelo al proceso electoral en EEUU, se desarrolla un show mediático destinado a hacer creer a las mayorías mundiales que la primera potencia capitalista, empantanada en Irak y Afganistán, con su sistema financiero pulverizado por la crisis y al borde de una recesión económica de efectos imprevisibles, se puede recrear así misma generando nuevas expectativas y cambios de política a nivel mundial con la administración que asuma en enero de 2009.

Por Manuel Freytas (*)
manuefreytas@iarnoticias.com

 

Desde el punto de vista de la realidad estratégica que afronta la potencia regente del sistema capitalista, sólo se trata de ilusionismo fabricado para incautos.

Para entender lo que sigue a la era de Bush, hay que entender primero qué fue lo que empezó con la era de Bush en materia de política estratégica del Estado imperial USA.

El segundo punto a entender es: cuáles son los ejes claves que rigen la política estratégica del Estado norteamericano, a punto de expirar el mandato de Bush.

El tercer punto a entender es: quién controla los resortes reales de decisión del Imperio norteamericano en "crisis" y a punto de sustituir una administración por otra.

A) Que empezó con Bush

La administración Bush, tras el 11-S, no solamente instaló un nuevo sistema de control político y social por medio de la manipulación mediática con el "terrorismo", sino que además inauguró un "nuevo orden internacional" (sustitutivo de la "guerra fría" con la ex URSS) basado en la "guerra contraterrorista" que sirvió de justificación a las nuevas estrategias expansionistas del Imperio norteamericano y de las trasnacionales capitalistas.

En términos geopolíticos y militar-estratégicos, con la utilización de la leyenda mediática de Bin Laden y el peligro del "terrorismo internacional", a partir del 11-S el Imperio norteamericano (potencia locomotora unipolar del planeta desde la caída de la URSS) sustituía aspectos claves de su supervivencia como Estado imperial.

En un planeta sin guerras inter-capitalistas, ya casi sin conflictos armados (al margen de Irak, Afganistán y Medio Oriente), la leyenda de Bin Laden y el "terrorismo internacional" sirvió (y sirve) para alimentar y justificar las estrategias expansionistas del Imperio norteamericano, para crear nuevos y potenciales mercados a la trasnacionales capitalistas de EEUU y Europa, y para mantener en funcionamiento a los complejos militares industriales que han encontrado en la "guerra contraterrorista" su nueva tajada ganancial en el  negocio armamentista.

Es decir que, desde el punto de vista del dominio geopolítico militar, la leyenda de Bin Laden y el "terrorismo internacional" fue utilizada por Washington para justificar la existencia de un nuevo "enemigo estratégico" (sustitutivo de la Unión Soviética) que fundamentó una nueva doctrina de seguridad nacional ( las "guerras preventivas") que se empezó a instrumentar con las invasiones a Afganistán y a Irak.

Ese "enemigo estratégico" , venía a compensar la figura que había desaparecido con la caída de la Unión Soviética que legitimaba con su presencia (y en el marco de la Guerra Fría) las guerras de invasión y la carrera armamentista que engordaban las ganancias de las megacorporaciones del Complejo Militar Industrial y de los bancos de Wall Street que lucran con las "reconstrucciones" de los países conquistados.

Hoy el uso "multifunción" de la leyenda mediática de Bin Laden y el "terrorismo internacional", excede las fronteras de EEUU y se convierte en lógica esencial de preservación política, militar y económica del sistema capitalista en su conjunto.

De esta manera, y al imponer la "guerra contraterrorista global" nivelada como hipótesis de conflicto central para todas las naciones, EEUU reafirmó su propia doctrina de "seguridad nacional" y agenda de "guerras preventivas" en todo el planeta.

B) Los ejes claves de la "doctrina Bush"

En primer lugar, el nuevo "enemigo estratégico" (el "terrorismo"), vino a compensar la figura que había desaparecido con la caída de la Unión Soviética y que entonces legitimaba con su presencia (y en el marco de la Guerra Fría) las guerras de invasión y la carrera armamentista, las cuales engordaban las ganancias de las megacorporaciones del Complejo Militar Industrial y de los bancos de Wall Street, quienes desde siempre habían lucrado con las "reconstrucciones" de los países conquistados.

En segundo lugar, la leyenda mediática de Bin Laden sirvió para justificar una nueva "doctrina de seguridad nacional" estadounidense que tiene al "terrorismo internacional" y a las dictaduras del "eje del mal" que lo protegen como el justificativo esencial de las "guerras preventivas" que la maquinaria militar norteamericana lanzó después del 11-S para apoderarse de mercados y de recursos naturales, principalmente petróleo.

En tercer lugar, la leyenda mediática de Bin Laden sirvió a su vez, a la administración Bush para establecer un sistema de control político y social (realizado mediante la manipulación de conducta colectiva con el miedo al terrorismo) que fue utilizado tanto dentro de EEUU como fuera de sus fronteras cada vez que Washington necesitaba imponer su estrategia imperial o conseguir consenso internacional.

En cuarto lugar, con la leyenda mediática de Bin Laden y el "terrorismo de Al Qaeda" Washington elaboró una nueva "hipótesis de conflicto militar" con la cual funcionan no solamente los ejércitos y policías de los países dependientes (como es el caso de América Latina) sino también los de las potencias capitalistas centrales, principalmente de la Unión Europea,  socias encubiertas de las depredaciones y conquistas militares del Imperio yanqui.

En quinto lugar, y a nivel control político social (tanto en países dependientes como en las potencias centrales) la "guerra contraterrorista" sirvió de justificación y de base argumental para la elaboración de legislaciones represivas y de "criminalización" de los conflictos sociales asociándolos con "actividades terroristas".

Con la "era Bin Laden" el "terrorismo" suple a la lógica del dominio por medio de la guerra militar convencional  y sirve como justificación global de las políticas de sometimiento y control social aplicadas por el sistema capitalista trasnacional con EEUU a la cabeza.
 

De esta manera, al imponer la "guerra contraterrorista global" nivelada como hipótesis de conflicto central para todas las naciones, EEUU reafirmó su propia doctrina de "seguridad nacional" y agenda de "guerras preventivas" en todo el planeta.

 

La conformación de acuerdos militares y de "planes contraterroristas" por parte de los Estados (tanto centrales como dependientes) , aseguran, a su vez, que los complejos militares y la industria de la guerra sigan funcionando a full movilizando tecnología de punta y capital financiero con asiento en la catedral de Wall Street.

 

Las alertas de "máxima seguridad" (como las que ya rigen en Europa y EEUU) así como una revitalización y profundización de los "planes antiterroristas" (como se está haciendo en España, Francia e Italia) dan una nueva cuota de credibilidad al escenario de la "guerra contra el terrorismo" lanzada como la nueva cruzada de supervivencia de la humanidad.

En este escenario, los ocho años de gestión de Bush al frente del Imperio USA se sintetizaron en un proyecto de dominio geopolítico-económico bifronte:

A) Por un lado Washington exporta (al mundo periférico) los lineamientos del "proyecto democracia" con gobiernos, de izquierda o de derecha elegidos en las urnas, y generalmente "críticos" a Bush, que ejecutan niveladamente el programa económico dictado por las necesidades de los bancos y trasnacionales que controlan los sistemas económicos productivos de sus países, y B) por otro, exporta la "guerra contraterrorista" nivelada y aceptada planetariamente por todos los gobiernos como nueva hipótesis de conflicto mundial tras la desaparición de la URSS y el 11-S, y  mediante la cual Washington controla y mantiene subordinado al Pentágono los aparatos militares y policiales del mundo periférico.

En resumen, con el "proyecto democracia" (ejecutado por gobiernos civiles) Washington mantiene la "gobernabilidad" del sistema sin golpes de Estado y casi sin represión militar, y con la "guerra contraterrorista" mantiene alineados a los ejércitos mientras las corporaciones del complejo militar industrial movilizan el negocio armamentista, sin el cual la economía estadounidense colapsaría.

C) Los resortes de decisión

¿Puede el próximo presidente de EEUU cambiar los lineamientos estratégicos de la política exterior desarrollados durante los ocho años de gestión Bush?

Los dos candidatos ya definieron la respuesta:

A) Tanto Obama como McCain, de llegar a la Casa Blanca ya ratificaron que van a continuar con la "guerra contraterrorista" iniciada por Bush.

B) Ambos, con distintos discursos, coinciden en la continuidad de las ocupaciones de Irak y Afganistán.

C) Tanto Obama como McCain, en Israel y en el foro de la AIPAC (el centro del poder sionista que controla el sistema capitalista), prometieron continuar y profundizar la estrategia para terminar con el "peligro iraní" en Medio Oriente, y con el "peligro terrorista" en el resto del mundo.

Como se puede observar, los tres ejes claves de la política exterior iniciada (y mantenida) por Bush durante ocho años van a permanecer invariables gane Obama o gane McCain.

Y esto se debe a una razón principal: Las políticas estratégicas de supervivencia imperial están por encima de la voluntad personal (o del discurso electoral) del eventual gerente que ocupe la Casa Blanca.

Primera conclusión probada en forma histórica y estadística: En EEUU, la potencia locomotora del capitalismo sionista a escala global, no gobiernan los presidentes o los partidos, sino la élite económica-financiera (el poder real) que controla la Reserva Federal, el Tesoro, Wall Street, el Complejo Militar Industrial y Silicon Valley.

Segunda conclusión probada en forma histórica y estadística: La política exterior y la política interna de EEUU (los niveles de decisión estratégica) no la dirigen los presidentes o los partidos sino el establishment económico-financiero que controla la Casa Blanca y el Congreso a través de sus "lobbyes" y operadores que actúan sobre los partidos, los legisladores, los funcionarios y condicionan las decisiones presidenciales.  

Tercera conclusión probada: Terminada las luces artificiales de la campaña electoral, demócratas y republicanos dejan de agredirse y se complementan en un diseño de política estratégica de Estado en defensa de los intereses de las grandes corporaciones económicas que marcan el accionar de las políticas internas y de la conquista de mercados encubierta en las "guerras preventivas" contra el "terrorismo".

D) La supervivencia imperial

Según la teoría y el mito oficial: los demócratas (históricamente tan militaristas e invasores como los republicanos) serían la cara "progresista" de EEUU, y los republicanos la cara "militarista e invasora" del Imperio norteamericano.

Ambos partidos, en cambio (y como está demostrado históricamente), son las versiones "alternativas" ("liberal" y "conservadora") del mismo Imperio que se turnan periódicamente para administrar la Casa Blanca y ejecutar sin miramientos las políticas de conquista imperial (militar o "democrática") que requieren los intereses del capitalismo trasnacional sionista asentado en Wall Street.

Demócratas y republicanos se turnan en la administración del Imperio: Cuando asumen la presidencia los republicanos (como ahora), los demócratas juegan de "oposición crítica", y viceversa, sin que varíen para nada las matrices funcionales del sistema capitalista estadounidense basamentado en la conquista imperial de mercados y de recursos estratégicos, ya sea por la vía militar (invasiones) o por la vía "democrática" (gobiernos sometidos).

Tomemos dos ejemplos "alternativos" inmediatos: El "malo" Bush (republicano) invadió y conquistó Irak y Afganistán, y el "bueno" Clinton (demócrata) su predecesor, bombardeó y conquistó Yugoslavia (hoy Serbia) y ejecutó los primeros bombardeos contra Irak, preparatorios de la invasión posterior.

Resumiendo: El show electoral-mediático para generar una expectativa de "cambio de rumbo" de la primera potencia imperial, es un entretenimiento para incautos y cerebros embrutecidos por las grandes cadenas televisivas.

Gane quien gane (sea Obama o McCain): La herencia es la "guerra contraterrorista" y la administración de la crisis económica global (que empezó con la crisis financiera y continúa con la recesión) generada por las políticas depredadoras del Imperio norteamericano y sus socios sionistas de las potencias europeas.

Gane Obama o gane McCain, el que asuma en la Casa Blanca deberá continuar la política de "salvataje financiero" emprendida por la administración Bush y pilotear (como sea) un proceso recesivo con achicamiento del consumo y despidos masivos que van a generar una reacciones sociales inédita dentro de las propias fronteras del  Imperio USA.

El que gane el 4 de noviembre (Obama o McCain) deberá mantener  las ocupaciones militares en Irak y Afganistán y el despliegue de bases y fuerzas militares, tanto en Asia,. África y Medio Oriente, dado que EEUU (por razones de supervivencia como potencia imperial) necesita controlar las rutas petroleras y gasíferas y mantener el dispositivo de dominio militar-estratégico en las regiones en disputa por áreas de influencia con Rusia, situadas en Eurasia y Europa del Este.

Al menos que se quiera suicidar como potencia regente del sistema capitalista, con Obama o con McCain en la Casa Blanca, EEUU, más allá del 22 de enero próximo, cuando asuma la nueva administración, deberá seguir aumentando su presupuesto militar (hoy de USA 1,2 billones) para seguir manteniendo sus más de 800 bases militares desplegadas en más de 150 países.

El que asuma como nuevo presidente, y más allá de las absurdas teorías de "unipolaridad" o "multipolaridad" (más allá del discurso electoral, las políticas del Imperio son siempre "unipolares") deberá administrar una nueva fase de la "guerra contraterrorista" de la cual se alimenta la rentabilidad capitalista de las corporaciones de Wall Street  y del complejo militar industrial que tienen en las guerras de ocupación su mayor cartera de "negocios".

La dinámica del Imperio USA, depende fundamentalmente de las necesidades del sistema capitalista sionista que lo controla y que tiene en la industria armamentista y en la financiación de los presupuestos militares su mayor tasa de rentabilidad a nivel planetario.

La cuestión del "presidente negro" o del "presidente blanco", las banales y ridículas categorías del "Obama progresista" o el "McCain conservador" son etiquetas irrelevantes (apenas un anecdotario electoral) para un Imperio capitalista que necesita proteger militarmente las políticas de depredación y saqueo de sus bancos y trasnacionales y generar constantemente nuevas lógicas expansivas de acumulación capitalista a través del control militar del planeta.

En resumen, y desde el punto de vista de los intereses y de la supervivencia estratégica del Imperio USA, Obama o McCain son apenas "más de lo mismo".

Como lo fue Clinton, como lo es Bush, cualquiera de los dos que asuma como presidente de EEUU será solo la pieza ejecutora de intereses estratégicos metidos en un tablero global que excede sus voluntades personales. 

El que se suba al  sillón de la Casa Blanca deberá administrar para las petroleras, las armamentistas y los bancos y trasnacionales que diseñan entre bambalinas las grandes operaciones de conquista de mercados y de apoderamiento de recursos estratégicos que no pueden detenerse en ningún momento.

Como lo determina la lógica implacable del sistema capitalista imperial norteamericano que necesita seguir invadiendo y depredando para sobrevivir como potencia regente del planeta capitalista.

Por eso tanto McCain como Obama, antes de asumir en la Casa Blanca, rezaron y "juraron fidelidad" donde debían: El AIPAC y el Muro de los Lamentos en Jerusalén.

El centro político y "espiritual" del poder sionista capitalista que controla el planeta desde Wall Street.

                           ******

(*) Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
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