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Ben Bernanke, presidente de la Fed.
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Los bancos centrales de todo el mundo lanzaron un nuevo ataque para frenar el
enfriamiento de la economía mundial. Estados Unidos, China y Noruega anunciaron
recortes en sus tasas de interés y otros países se disponen a seguir el ejemplo
en los próximos días.
Por
Jon Hilsenrath, Joellen Perry,
Takeshi Takeuchi
y
Liz Rappaport
-
The Wall Street Journal
La Reserva Federal de EE.UU. (Fed), que ya ha cumplido más de un año en la
campaña de estímulo monetario más agresiva del mundo, rebajó su tasa de
referencia en medio punto porcentual para dejarla en 1%. La entidad indicó que
es posible que se produzcan recortes adicionales y, por primera vez en varios
meses, no mencionó a la inflación como una preocupación.
El recorte de la Fed no calmó a los inversionistas. El Promedio Industrial
Dow Jones cerró con un descenso de 74,16 puntos, un 0,8%, luego de otra jornada
caracterizada por la volatilidad. El índice quedó en 8.990,96 unidades luego de
alcanzar su máximo y mínimo de la jornada en los últimos 15 minutos de
operación.
La Fed ha ubicado su tasa de referencia en su nivel más bajo desde 2003,
cuando un crecimiento achacoso y el riesgo de una deflación, es decir una caída
generalizada de los precios, concentraban la atención del organismo.
El regreso a una tasa de referencia de 1% presenta una serie de nuevas
interrogantes. En las próximas semanas, las autoridades estadounidenses tendrán
que decidir hasta dónde reducir las tasas de interés y cuándo empezar a subirlas
una vez que se estabilicen los mercados. Lo más importante, sin embargo, es
determinar si la reducción de tasas está surtiendo el efecto deseado.
Las tasas de interés más bajas son normalmente una herramienta efectiva para
estimular el crecimiento económico, porque reducen el costo de los préstamos
para empresas y consumidores, otorgándoles un incentivo para iniciar nuevos
proyectos o gastar dinero. Las tasas más bajas también reducen el costo del
financiamiento para los bancos, lo que, en teoría, debería estimularlos a
otorgar crédito.
La situación actual, sin embargo, podría ser harina de otro costal. La crisis
de crédito ha producido una oleada de aversión al riesgo en el sistema
financiero global, lo que ha hecho que muchos bancos se muestren reacios a
prestar, pese a acceder a capital más barato. Los criterios para extender
préstamos se han endurecido y, aunque los mercados de financiamiento a corto
plazo se han empezado a normalizar en los últimos días, aún es difícil obtener
crédito.
En un ejemplo de la gravedad de la situación, la diferencia o spread entre
los rendimientos de los bonos chatarra, emitidos por empresas que no tienen
grado de inversión, y los bonos del Tesoro con un vencimiento equivalente ha
alcanzado 16 puntos porcentuales, el nivel más alto en décadas, según los datos
de Merrill Lynch.
"El mercado de deuda chatarra parece una bomba de tiempo", dice Martin
Fridson, de Fridson Investment Advisors. "Incluso bajo las mejores
circunstancias, el estímulo fiscal y monetario actúa con un rezago en la
economía. Cuando los bancos han recibido una paliza y son reticentes a prestar,
es probable que sea incluso menos efectivo de lo normal".
Las repercusiones cada vez más amplias de la crisis financiera estadounidense
les han infundido un renovado sentido de urgencia a los bancos centrales del
mundo.
El miércoles, el banco central de China redujo las tasas de interés por
tercera vez en seis semanas, en medio del empeoramiento del panorama para una
economía dependiente de las exportaciones. Las autoridades japonesas señalaron
que también podrían bajar las tasas y el banco central de Noruega redujo su tasa
de referencia por segunda vez en dos semanas. Se espera que el Banco Central
Europeo (BCE) y el Banco de Inglaterra hagan lo propio la semana que viene.
Japón, donde las tasas de interés de 0% no reactivaron la economía hace unos
años, es un claro ejemplo del problema, uno que ha estudiado de cerca Ben
Bernanke, el presidente de la Fed. De todos modos, en una reunión prevista para
el viernes, el Banco de Japón considerará una reducción de un cuarto de punto en
la tasa de referencia, que quedaría en 0,25%, según una fuente cercana.
La posibilidad de que Japón disminuya las tasas tomó por sorpresa al mercado.
Hace apenas una semana, altos cargos del Banco de Japón habían prácticamente
descartado un recorte en las tasas a corto plazo, diciendo que ya eran lo
suficientemente bajas para estimular la economía. El cambio de parecer demuestra
cómo ha aumentado la preocupación de las autoridades sobre la salud de la
economía a la luz del deterioro de la última semana en los mercados.
Las cifras dadas a conocer el miércoles sugieren que el debilitamiento
mundial ya está pasando factura a la economía japonesa. La producción industrial
nipona, por ejemplo, registró su mayor caída en casi cuatro años entre julio y
septiembre, descendiendo 1,2% respecto al trimestre anterior.
La dirección global de las tasas ha dado un giro radical en unas pocas
semanas. A mediados de año, la principal preocupación de los bancos centrales
era el alza en los precios del petróleo. En los mercados emergentes, donde
parecía que la inflación estaba echando raíces, muchos bancos centrales estaban
empeñados en aumentar las tasas hasta que la crisis de crédito empeoró en
septiembre.
Ahora, si bien unos cuantos bancos centrales han elevado las tasas para
apuntalar sus debilitadas divisas, es probable que los intereses empiecen a
bajar en todo el mundo en los meses venideros. Economistas de J.P. Morgan Chase
estiman que, en promedio, las tasas de interés de los bancos centrales del mundo
ascendieron a un 3,4% a fines de la semana pasada. Para fines de año, el banco
estadounidense espera que caigan a un 2,8% y sigan bajando el año que viene a un
2,3%.
El BCE y el Banco de Inglaterra, los cuales redujeron sus tasas en medio
punto porcentual este mes como parte de una decisión coordinada con la Fed,
probablemente anunciarán recortes significativos la próxima semana.
Algunas autoridades del BCE temen que la zona euro, la segunda economía del
mundo detrás de EE.UU. con una producción de US$12,2 billones (millones de
millón) caerá en un prolongado período de magro crecimiento y alcanzará una
débil recuperación a fines del año que viene. Jean-Claude Trichet, presidente
del BCE, advirtió el lunes que un recorte después de la reunión del 6 de
noviembre era una "posibilidad". El mercado anticipa una reducción de medio
punto porcentual de 3,75% a 3,25%.
"Ha sido un asombroso giro de 180 grados", dice Erik Nielsen, economista de
Goldman Sachs en Londres. "Se han dado cuenta de que la inflación ya no es un
problema y ahora están tratando de salvar al mundo".