En su
dinámica histórica concentradora de riqueza en pocas manos (y como producto de
la propiedad privada explotada sin planificación) el capitalismo ha depredado
los ríos, la fauna y los bosques, produciendo las condiciones para un
"Apocalipsis natural" de la mano del calentamiento global y de la extinción
de los recursos naturales esenciales.
En un
segundo frente, las guerras intercapitalistas por la conquista de mercados y el
negocio con el armamentismo han creado las condiciones para un "Apocalipsis
nuclear" de la mano de los arsenales atómicos que las potencias centrales
acumulan como "efecto disuasivo" contra sus rivales, y cuya utilización efectiva
nadie puede prever en el futuro.
Y hay un
tercer frente que se suma: La plaga del hambre que ya se extiende como una
epidemia por las áreas empobrecidas del planeta generando las condiciones para
un "Apocalipsis social".
En este
escenario, y para tapar los efectos de "crisis financiera" en la sociedad y la
economía real, la prensa mundial y los gobiernos imponen
la "crisis bursátil" como el centro de los problemas
estratégicos que azotan a la humanidad, cuando en realidad la crisis no pasa por
ese sector sino por el impacto social y la agudización del hambre a escala
global que van a producir la recesión y la crisis crediticia producida como
emergente inmediato del colapso financiero en las economías imperialistas
centrales.
De esta manera, y mientras los
analistas y medios convencionales del sistema imponen el mito reduccionista,
propagado por el propio sistema, que deposita todo el problema en el "mal" o
"buen" funcionamiento de los bancos y el sistema financiero, continúa y se
profundizan la "crisis alimentaria" y la destrucción medio ambiental producida a
gran escala por las súper potencias económicas de EEUU, Europa y Asia.
La "crisis
alimentaria"
Según una encuesta exclusiva
comisionada por el Servicio Mundial de la BBC, que se llevó a cabo en 26
países y que entrevistó a más de 27.300 individuos, dos tercios de población
(60%) está siendo afectada por el reciente aumento en los precios de los
alimentos y los combustibles (que siguen incrementando pese a la baja del
petróleo y las materias primas en los mercados internacionales).
Según la encuesta -en la que
participaron naciones industrializadas y en vías de desarrollo- este incremento
en el costo de la electricidad, los combustibles y los alimentos, ha afectado
"seriamente" a la gente.
Muchas de las personas de los
países en desarrollo afirmaron que han debido modificar su estilo de
alimentación y que ahora comen menos. Por ejemplo, este cambio es más
marcado en Panamá (71%), Egipto (67%), Kenia (64%) y las Filipinas (63%).
La encuesta también demostró que el 70% de los participantes no está satisfecho
con la forma en que los gobiernos respondieron al aumento de los alimentos.
Los países donde el descontento fue mayor son Egipto (88%), las Filipinas (86%)
y Líbano (85%)
Para Doug Miller, director de GlobeScan, la empresa que realizó el sondeo, la
actual crisis crediticia (emergente de la crisis financiera) opaca
falsamente la gravedad de la situación creada por el incremento de los
precios de los alimentos.
"Mientras que los gobiernos alrededor del mundo se preocupan por la crisis
financiera actual, es evidente que muchos ciudadanos sienten que las autoridades
no están haciendo lo suficiente para aliviarlos del peso que representa el
alto costo de los alimentos, que recae en aquellos que menos pueden afrontarlo".
Entre los países de América Latina
que se sumaron al sondeo se encuentran Brasil, Costa Rica, México y Panamá.
Allí, los entrevistados afirmaron que el elevado costo de los alimentos tenía un
gran impacto en sus vidas y que se habían visto afectados "seriamente" por
este incremento.
México fue uno de los países donde los encuestados dijeron verse más afectados
por el aumento en los precios de los combustibles 881%).
En Brasil, la mayoría (68%) afirmó que está comiendo menos,
mientras que en Panamá dijo lo mismo un 34%.
En la región, poco más de dos tercios de los entrevistados dijo estar
descontento con los esfuerzos gubernamentales para frenar la disparada de los
precios.
A su vez (y como reflejo del
impacto en las econnomías centrales) la mayor parte de los países del continente
europeo dijeron sufrir "considerablemente" el aumento de precios en los
alimentos. Francia (53%) e Italia (50%) afirmaron que el efecto allí era
mayor.
La respuesta en Medio Oriente fue variada, siendo Egipto el país que más padeció
-según los encuestados- el aumento de loss alimentos (94%) y de los combustibles
(93%).
La depredación medio ambiental
De acuerdo con los resultados de una investigación que se presentó en el IV Foro
Mundial de la Naturaleza clausurado la semana pasada en Barcelona, España, la
economía global está perdiendo más dinero con la desaparición de los bosques
y otros recursos naturales que con la crisis financiera actual.
Los bosques brindan servicios que los seres humanos necesitan: Regulan los
suministros de agua, generan fuentes de trabajo, absorben dióxido de carbono y
son hogar de insectos encargados de la polinización.
Si los bosques desaparecen, desaparecen estos servicios. Hace
aproximadamente un año, la Unión Europea le comisionó a Pavan Sukhdev,
economista del Deutsche Bank, evaluar el costo de esta degradación de la
naturaleza.
Su conclusión hace parecer pequeños -en comparación- los montos que se están
perdiendo en la actual crisis crediticia, señala la inverstigación.
"La realidad es que en la actualidad, a este ritmo, estamos perdiendo un capital
natural de un valor de al menos entre US$2 y US$5 billones al año",
aseguró Sukhdev.
El Índice del Planeta Viviente, que intenta medir la salud de la biodiversidad
mundial, mostró un declive promedio de alrededor del 30% desde 1970 a 2005 en
3.309 poblaciones de 1.235 especies.
Un índice para los trópicos muestra un promedio del 51% de declive en el mismo
período en 1.333 poblaciones de 585 especies.
El informe muestra también que
Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos tienen el impacto ecológico más grande
por persona, mientras que Malawi y Afganistán registran el más pequeño.
El estudio está basado en un modelo que analiza el aspecto económico del
cambio climático y concluye que cuanto más tiempo pase sin que se tomen
medidas para resolver el problema, más dinero costará resolverlo.
Si un número suficiente de árboles desaparece de la cuenca del Amazonas, por
ejemplo, habrá desaparecido uno de los principales reguladores del clima
mundial, además de un ecosistema que proporciona sombra, agua y trabajo para
miles de personas.
En este escenario, el planeta Tierra va en camino a una "crisis crediticia"
ecológica, según un reporte divulgado por grupos ambientalistas.
El documento, titulado "Reporte
Planeta Viviente" fue elaborado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF,
por sus siglas en inglés), de la Sociedad Zoológica de Londres y de la Red de
Impacto Mundial, y alega que la Tierra puede brindar sólo un tercio de nuestras
demandas de recursos naturales.
Agrega que más de tres cuartos de la población mundial vive en países donde los
niveles de consumo están superando la capacidad de renovación natural.
Así, estos países se transforman
en "deudores ecológicos", es decir, que están tomando -y a menudo abusando- de
los recursos agrícolas, marítimos y forestales, entre otros, para su sustento.
El informe concluye que el consumo negligente del "capital natural" pone en
peligro la prosperidad futura del planeta, con impactos económicos como los
elevados costos de los alimentos, del agua y de la energía.
"Si nuestras demandas al planeta
continúan aumentando a este ritmo, para mediados de 2030 necesitaremos el
equivalente a dos planetas para mantener nuestro estilo de vida", dijo el
director general de la WWF Internacional, James Leape.
Curiosamente (y como consecuencia de la depredación capitalista en búsqueda de
la mayor rentabilidad), el sistema que niveló a la humanidad en la ideología del
consumo como "pensamiento único", hoy retacea a las mayorías planetarias
la materia prima del consumo: Los alimentos esenciales para la supervivencia.
La ONU,
el Banco Mundial, la mayoría de los expertos y últimamente el G-8, vienen
advirtiendo sobre el peligro de estallidos sociales a escala global que podrían
generarse por el costo de los alimentos y la energía en los países más
pobres de Asia, África y América Latina.
Esa
posibilidad se potencia en alta escala con la señales de recesión económica
y de achicamiento del consumo que ya se proyectan desde las economías centrales
al resto del planeta globalizado por el sistema capitalista.
Las
potencias centrales con EEUU a la cabeza, que "exportan" al mundo dependiente y
globalizados las nociones de "respeto a los derechos" y de "defensa del
medio ambiente", son los principales violadores, juntos con sus bancos y
transnacionales, del derecho a la comida para las mayorías y de la
contaminación ambiental que termina con la fauna, la flora, los ríos y los
principales recursos estratégicos de supervivencia.
Según el Índice del Planeta
Viviente, los países que más abuso (depredación irracional) hacen del
planeta son Estados Unidos y China, que juntos ejercen un impacto del 40% sobre
el medio ambiente a escala mundial, seguidos por las potencias europeas.
En suma, mientras la "crisis
financiera" sigue ocupando los titulares y los comentarios de la prensa
internacional, la "crisis del hambre" y la "crisis medioambiental" continúan
produciendo genocidios sociales en masa y destrucción criminal del planeta
durante las 24 horas.
En este escenario, los US$ 700
millones mencionados por la ONU y el Banco Mundial como esenciales para
"combatir el hambre" carece de toda lógica matemática y realista.
La suma mencionada como esencial para
dar la "guerra contra el hambre" equivale a menos de 10% de la fortuna
personal de Warren Buffett, el especulador más emblemático de Wall Street, y
resulta menos que un mendrugo comparada con las fortuna de los diez "hombres más
ricos".