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![[Hungary economy]](http://s.wsj.net/public/resources/images/NA-AT381C_Hunga_D_20081022224816.jpg) |
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Una casa de cambios de divisas en Budapest. (Foto Reuters) |
Hungría sube las tasas en 3% para frenar el declive acelerado de su moneda.
Por Marcus Walker
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The Wall
Street Journal
La crisis financiera global está causando escalofríos en Europa del Este y
otros países del continente que dependen del endeudamiento externo para impulsar
sus economías emergentes.
Mientras Europa Occidental empieza a pensar que lo peor de la crisis bancaria
ya pasó, sus vecinos más pobres —que no pueden darse el lujo de inyectar miles
de millones de euros en sus bancos— están perdiendo el acceso al crédito
extranjero que ha propulsado su crecimiento.
Hungría es el ejemplo más reciente de una economía al borde del precipicio.
El banco central subió el miércoles las tasas de interés en tres puntos
porcentuales como un recurso de emergencia para frenar la espiral descendiente
de su moneda. Esto representa una clara señal de que la crisis financiera global
está tocando la economía real y amenaza con asestar nuevos golpes.
El primer ministro, Ferenc Gyurcsány, dijo que la moneda nacional, el florín
húngaro, "está bajo una fuerte presión especulativa". El banco central aumentó
la tasa de interés de referencia de 8,5% a 11,5% para tratar de aumentar el
atractivo del florín.
La decisión, sin embargo, no pareció ser de gran ayuda. La moneda se desplomó
a su nivel más bajo contra el euro, para cerrar en 284,50 florines, frente a los
277,63 del martes. Frente al dólar, perdió incluso más, para acabar en
221,27respecto a los 211,35 florines del día anterior.
El alza en el costo del financiamiento amenaza con asfixiar a las empresas y
consumidores y Hungría corre el riesgo de sufrir su mayor caída económica desde
principios de los años 90. "Todos estamos esperando un milagro", dijo Zsolt
Zelei, un vendedor de autos usados de Budapest, mientras inspecciona filas de
autos embargados que están en subasta en un viejo complejo industrial de la era
comunista. A medida que avanza la subasta, los compradores ofrecen 250.000
florines (US$1.172) por Volkswagens y Suzukis usados. Su temor es que no serán
capaces de pedir mucho más por ellos.
La ansiedad también está llegando a otras partes. El banco central de
Estonia, por ejemplo, advirtió que la economía está a punto de caer en una
recesión de dos años. Es una realidad muy diferente para el país báltico que
hasta 2006 registraba un crecimiento de más de dos dígitos.
Según economistas, es poco probable que el alza de las tasas de interés sea
suficiente para restaurar la confianza en Hungría. El gobierno, los bancos y las
compañías necesitan pagar o reprogramar unos 27.000 millones de euros (US$35.270
millones) en deuda externa que vence en los próximos 12 meses. Sin embargo, las
reservas de divisas extranjeras del país apenas llegan a los 17.000 millones de
euros, según un informe de Barclays Capital. Eso podría obligar a Hungría a
recurrir al Fondo Monetario Internacional o a la Unión Europea, señala el
documento.
Gyurcsány, el primer ministro, dijo que el país seguía en conversaciones con
el FMI. El organismo le ofreció ayuda a Hungría, pero el país dijo que sólo la
aceptaría si no le quedaba otro remedio. Hungría ya consiguió un préstamo de
5.000 millones de euros del Banco Central Europeo.
La cola cada vez más larga de países que tocan a la puerta del FMI está
dándole nueva vida al Fondo, que en los últimos años parecía haber perdido
relevancia debido a que el crédito barato del sector privado circulaba por todo
el mundo. La última instancia en la que el FMI jugó un papel trascendente fue en
los años 90, cuando rescató a países endeudados, desde México al Sudeste
Asiático, imponiendo duros recortes en los presupuestos de sus gobiernos.
A diferencia de Europa Occidental, la mayor amenaza en Europa del Este no es
que los bancos puedan caer como piezas de un dominó, ya que la región no tiene
muchos. La mayoría de sus instituciones financieras son filiales de grandes
grupos de Occidente que probablemente no permitirán que sus unidades del Este se
hundan. Los bancos locales que no cuentan con una matriz en Occidente, como el
húngaro OTP, podrían infligir una profunda llaga en las finanzas fiscales en
caso de necesitar un rescate, apuntan los economistas. La deuda pública de
Hungría ya es de casi un 66% de su Producto Interno Bruto, uno de los niveles
más altos de la región.