l pronunciado declive en la demanda estadounidense de petróleo —que en las
últimas semanas ha bajado cerca de 9% frente al mismo período del año previo—
ilustra la magnitud de los problemas económicos en el mundo industrializado. A
medida que sube la tasa de desempleo y caen las ventas minoristas y los pedidos
de fábrica, el mayor consumidor de petróleo del mundo necesita menos crudo para
trasladar productos, volar aviones de pasajeros y transportar a los trabajadores
a la oficina.
El sombrío diagnóstico sobre la salud de la economía mundial ha hecho
colapsar los precios del petróleo a un paso frenético desde mediados de año. El
crudo de referencia estadounidense cayó el jueves a menos de la mitad de su
máximo, alcanzado hace apenas tres meses, de $147 por barril. En la Bolsa
Mercantil de Nueva York, el crudo para entrega en noviembre cayó US$4,69, un
6,3%, para quedar en US$69,85.
Desconcertados por el declive en el precio y las señales de un derrumbe en la
demanda, los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo
acordaron apresuradamente el jueves reunirse la semana que viene en Viena para
considerar recortar la producción, en un intento de apuntalar los precios. El
organismo, proveedor de casi un 40% del petróleo mundial, había planeado
convocar una sesión de emergencia para mediados de noviembre, pero el desplome
de los precios ha causado alarma en países como Nigeria y Venezuela que se han
vuelto enormemente dependientes de los ingresos petroleros.
La caída del petróleo se ha exacerbado por fuerzas que van más allá de la
demanda. Los fondos de cobertura, responsables de gran parte de la especulación
en la cotización del crudo, han tenido que jugar a la defensiva durante la
crisis crediticia deshaciéndose de operaciones que usan mucho dinero prestado,
como las apuestas a los futuros de crudo. Los fondos de cobertura también están
siendo golpeados por grandes retiros de inversionistas reacios al riesgo. Esto
los obliga a vender en momentos inoportunos, lo que acentúa la espiral
declinante.
Los temores a una recesión han provocado que el petróleo y otras materias
primas caigan en tándem con las acciones, generando dudas sobre por cuánto
tiempo los inversionistas tolerarán poseer commodities si pierden su tradicional
capacidad de diversificar un portafolio (ver nota relacionada).
Los acontecimientos de los últimos meses han dejado atónitos a analistas,
banqueros y corredores por igual. Por primera vez desde la última recesión de
Estados Unidos, entre 1991 y 1992, la demanda mundial de petróleo podría
terminar este año básicamente sin cambios, a pesar del robusto crecimiento de
Asia y Medio Oriente.
Muchos analistas privados calculaban a principios de año que la demanda
mundial de crudo aumentaría en alrededor de 1,3 millones de barriles diarios en
2008. Cuando los precios subieron en el segundo semestre, la firma de valores
Goldman Sachs llegó a predecir que la sólida demanda y la escasez de suministro
podrían llevar los precios por encima de los US$200 el barril el año que viene.
La crisis financiera cambió todo eso. En las cuatro semanas previas al 10 de
octubre, EE.UU. consumió alrededor de 18,6 millones de barriles diarios, 1,8
millones menos, o casi 9%, comparado al mismo período del año pasado. Muchos
analistas proyectan que EE.UU. podría usar medio millón de barriles por día
menos en 2009, lo cual dejaría el consumo del país en aproximadamente el nivel
de mediados de la década de los 90. El mundo está consumiendo cerca de 86,3
millones de barriles por día este año, sólo 200.000 barriles diarios más con
respecto al año pasado.
Jeffrey Currie, jefe de investigación de commodities de Goldman Sachs, señaló
que la contracción del crédito y su impacto en la economía estadounidense —más
que los altos precios de mediados de año— explican la menor demanda. "Los
problemas de crédito han tenido un severo impacto sobre la actividad económica y
especialmente sobre la industria petrolera", observó. "Si esto fuera sólo por
los precios en las estaciones de servicio, la caída hubiera sido mucho más
severa en julio que en octubre. Pero ha sido al revés". Las bajas en los precios
del petróleo ofrecen un raro destello de luz para la economía estadounidense. El
presidente de la Reserva Federal de EE.UU., Ben Bernanke, mencionó el descenso
en los costos energéticos como una fuerza que está haciendo bajar la inflación.
Muchos analistas proyectaban hace sólo unas semanas que el petróleo
promediaría alrededor de US$105 por barril el año que viene. Si el precio, en
cambio, se estabiliza en alrededor de US$80 el barril, como muchos esperan, "eso
representará un paquete de estímulo de US$275.000 millones para la economía de
EE.UU.", dice Lawrence Goldstein, analista de la Fundación para la Investigación
de las Políticas Energéticas de ese país. Por ahora, todas las señales sugieren
que las penurias de la economía continuarán opacando la reducción en los precios
del crudo.
La gran pregunta es hasta qué punto el crecimiento de la demanda de crudo de
China y Medio Oriente podrá continuar sobrepasando el bajón en los países
industrializados.
Los analistas indican que la demanda crecerá el próximo año en hasta 500.000
barriles por día. La OPEP concuerda y probablemente recortará la producción en
al menos 1 millón de barriles diarios.