l programa de US$700.000 millones, que será sometido a votación esta semana
en ambas cámaras del Congreso, nacionaliza una amplia gama de hipotecas,
préstamos y valores hipotecarios, cuya depreciación ha impedido el normal
funcionamiento del sistema financiero del país.
Todavía faltan muchos detalles por afinar. La legislación, sin embargo, deja
la ejecución del acuerdo en manos del Departamento del Tesoro, incluyendo la
decisión de cuáles activos comprar y a qué precio. El Tesoro tendría 45 días
para emitir directrices en esta materia.
Se trata de un intento de poner coto a una crisis que amenaza con estrangular
la economía estadounidense y que pudo fraguarse sólo después de que todas las
partes involucradas hicieran importantes concesiones. Bajo el escrutinio público
y la amenaza del deterioro de los mercados de crédito, los legisladores
entablaron un fin de semana maratoniano de negociaciones recibiendo llamadas del
presidente George Bush, los candidatos presidenciales John McCain y Barack Obama
y el inversionista multi- millonario Warren Buffett.
Los ejecutivos del sistema financiero, desde las firmas de valores de Wall
Street a los bancos pequeños, han manifestado su disposición a participar en el
plan. Han advertido, sin embargo, que su grado de involucramiento dependerá de
detalles clave como si se verán obligados a asumir nuevas rebajas contables.
Las repercusiones políticas, asimismo, podrían ser significativas. Los
contribuyentes financiarán la incursión del gobierno en el mercado, aunque la
legislación los protegerá contra pérdidas. Las encuestas, en todo caso, muestran
que buena parte de la población se opone al rescate.
El núcleo de la propuesta es el concepto inicial del secretario del Tesoro,
Henry Paulson, de comprar activos en problemas. La idea es proveer a las
compañías efectivo para reemplazar la deuda tóxica. Esto las ayudaría a
apuntalar su capital y recobrar la confianza del mercado que permite a los
bancos tomar prestado y prestar a tasas razonables. El gobierno teme que sin
esta inyección de liquidez los mercados de crédito, el corazón de la economía,
se paralizarían.
El proyecto de ley autoriza al Tesoro a empezar a comprar US$700.000 millones
de hipotecas residenciales y comerciales y activos ligados a las hipotecas.
Entre los potenciales vendedores figuran bancos, cooperativas de crédito y
fondos de pensiones. Los activos deben haberse originado el 14 de marzo de 2008
o antes. El Tesoro obtendrá US$350.000 millones de los US$700.000 millones de
inmediato.
El plan, a su vez, contempla restricciones a la remuneración de los
ejecutivos de algunas empresas que vendan activos al gobierno. Entre estas,
figura una prohibición de las generosas indemnizaciones a los máximos
ejecutivos, así como la estipulación que permite al gobierno recuperar las
bonificaciones si una compañía diseminó información financiera falsa.
El Tesoro también tendrá el derecho de recibir acciones sin derecho a voto o
acciones preferentes en las instituciones financieras que se beneficien del
programa.
La marcha del plan será supervisada de cerca por un comité bipartidista del
Congreso y de la Oficina General de Cuentas, que tendrá una oficina dentro del
Tesoro.